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Lole Montoya y Alba Molina, en memoria del añorado Manuel

Las voces más queridas del añorado Manuel Molina actúan este jueves en la sala Apolo

NÚRIA MARTORELL/ SEVILLA

Lole Montoya y Alba Molina, en el Parque de los Príncipes de Sevilla, en una sesión de fotos que rememora la que Alba hizo con su padre Manuel.

Lole Montoya y Alba Molina, en el Parque de los Príncipes de Sevilla, en una sesión de fotos que rememora la que Alba hizo con su padre Manuel. / SERGIO CARO

Arregladitas como pa' ir de boda llegan Lole y Alba al barrio de Los Remedios. Son las doce del mediodía y en Sevilla el calor se agiganta. El encuentro es en el local Piano blanco, donde Lole reaparece por primera vez tras la muerte de su mitad, de Manuel. El dolor está demasiado latente. Hace apenas unas semanas que despidieron al poeta-hechicero Manuel Molina, uno de los gurús del nuevo flamenco. Y también de sus vidas. No están a gusto. A Lole le duele la pierna y se levanta continuamente. Alba, nada más sentarse, suelta que en cinco minutos debe estar en otro sitio. Lole Montoya y Alba Molina, madre e hija, ofrecerán el jueves un concierto en la sala Apolo de Barcelona. El mismo lugar que acogió el imborrable recital que dieron padre e hija en el 2012. Como entonces, también les unimos para una entrevista y una emotiva sesión de fotos que ahora Alba revive. "¿Hacemos como con papá?". Dicho y hecho. Se pone tras ella y, como en este juego del escondite infantil, le tapa los ojos con las manos y las abre diciendo "cucú-traaas". Unas risas fugaces logran, solo por un momento, que sus miradas no parezcan tristes.

-En el concierto de Barcelona el recuerdo de Manuel estará muy presente, más allá del repertorio. ¿Cómo se sienten?

Lole: No queremos regocijarnos en eso. Alba: Déjame que conteste yo, mamá. Es normal que pregunte por papá. Lole: Es que es muy fuerte. A mí no se me ocurre preguntarle algo así a alguien que ha perdido a un ser querido. Lo que hago es darle un beso de ánimo. Yo quiero hablar de arte, de cosas bonitas. Alba: A mí las emociones no me hacen daño. Cantar no me cuesta trabajo. Me emociono demasiado, eso sí. Me entran ganas de llorar. Pero la música me cura. No tengo sensación de angustia cuando canto. La tengo cuando no canto. Lole: Ella ha podido contestarte. Yo no. Soy más débil. alba Es diferente. La relación padre-hija es lógicamente diferente. Lole: No entiendo esto del morbo. Nunca entenderé que alguien lo utilice para hacer publicidad de algo. Alba [Baja el tono de voz mientras Lole abandona su asiento]: Está cansada. Estamos pasando por un momento muy duro.

-No quería parecer agresiva. Hablemos de cosas bonitas pues. ¿Qué tienen preparado para el recital?

Lole: [Vuelve a sentarse y explica que los analgésicos no le calman el dolor] Cantaré algunos tangos, alguna canción lenta, un poco por alegrías, góspel, algo en árabe y temas que hacía con Manuel como 'Romero verde', 'La mariposilla'... Y seguro que Alba acabará bailando, que le gusta mucho. Alba: Será un recital en dos partes: la mía, a mi rollo, y luego el protagonismo será para mi madre y la familia Montoya, con un fin de fiesta conjunto.

-¿Y en qué fase están sus próximos discos?

Alba: Estoy a punto de sacar un elepé de cinco temas. Yo, directamente. No me interesan las discográficas. Ni yo a ellas. Lo colgaré en internet. Es un trabajo hermoso que llevo tiempo preparando y que merece ser escuchado, no estar en un cajón. Y también quiero hacer un disco en directo. Y otro de versiones de Lole y Manuel. A modo de regalo. De homenaje. Lole: Yo sí tengo un disco que saldrá a la calle, pero aún me falta por grabar alguna cosita.

-Lole, su hija Alba se ha ido por derroteros extra-flamencos, pero usted fue la primera cantaora que figuró en las listas de las mejores cantantes ¡pop! Corría el año 1976.

Lole: Sí, me pusieron como parte de este gremio. Cuando me vi colocada ahí en esa revista junto a gente como Massiel... creo que no sabían muy bien qué es lo que hacíamos Lole y Manuel. De pronto, cantábamos otro estilo e íbamos por lugares a los que normalmente no actuaban los flamencos. Nadie tenía muy claro qué éramos. Alba: Y todavía es así. La prueba es que nadie os imita. Qué flamenco más poético, romántico, tan poco ortodoxo... Lole: Pero luego también cantábamos una soleá, una bulería... y desconcertábamos a todos.

-¿Cuál fue la mayor aportación de Lole y Manuel?

Lole: Introducir la poesía –entonces el que más cantaba a la poesía era Serrat–, y también la música clásica. Antes era todo lamento. Ah, y mis aportaciones árabes. ¡Y la frescura! Todos ponían gestos muy duros al cantar.

-¿El flamenco pedía un 'Nuevo día', parafraseando el título del primer disco de Lole y Manuel?

Lole: Sí, aunque a algunos les gustara más que a otros lo que hacíamos. Y los que han venido después, el flamenco de ahora, qué quiere que le diga, no siempre me convence lo que hacen: no está claro cuándo terminan los tiempos, los compases... Al flamenco le hace falta una revolución muy grande. Alba: La revolución la necesitamos todos los humanos, directamente.

-Lole, en 1995 usted sacó un primer disco en solitario, 'Liberado', dejando clara la impronta de su religiosidad.

Lole: No tengo ninguna religión ni quiero hablar de la Iglesia. Me gusta el góspel, como le gustaba a Whitney Houston y a Ella Fitzgerald. Es una música que alimenta el alma, a las emociones. Nos hemos olvidado del espíritu. Hemos hecho que la vida sea monótona, que gire alrededor de cosas superficiales. Y cuando te acostumbras a vivir así... La costumbre es solo para los animales. El hombre es más especial.

-Alba, su padre siempre alababa su afinación. ¿Es consciente de tener este don?

Alba: No es algo que piense. Sé que tengo una cosa bonita, que es verdad que afino, pero no tengo la voz de mi madre. Eso sí, tengo su escuela. Y la de mi padre. Y eso sí que me parece importante.

-La comparación de Manuel no tiene desperdicio: decía que afina "con la precisión de un Longines".

Lole: Es que tienes un quejío gitano que muchas veces te sale sin darte cuenta. Y, sí, Alba, tienes muchas cosas de los dos.

-Pero físicamente es clavada a usted. ¡Preciosos genes!

Lole: Gracias. Las madres sabemos muy bien a quién se parecen los hijos. Tiene cierto parecido a mí, pero sobre todo cuando era más joven. Con los años le voy viendo más cosas de su padre.

-¿Cuál es el mayor aprendizaje que les ha dado la vida?

Alba: ¡Te da tantos...! No tener prisa; no correr, que después te arrepientes. Aunque, ¿sabe qué?, otro aprendizaje importante es dejar de arrepentirse. ¡Hay que sacarle lo bueno a todo! Cuanto mayor eres, cuanta más consciencia tomas de las cosas, todo se vuelve más feo. En realidad, me gustaría volver a ser una niña. Si existiera la opción, me lanzaba de cabeza. Y con la misma inocencia de entonces, ¿eh? Lole: Hay que ser muy consciente ¡de todo! Alba: Pues yo no creo que la conciencia sea tan buena amiga. Te hace ser más infeliz. Lole: Ella tiene las ideas así de claras. Desde luego, los problemas, las cosas, las vivencias... te vuelven más agria. Alba: Yo quiero ser, quiero sentirme libre. Y no hablo de libertinaje. Creo que la libertad es muy importante. E insisto: ojalá pudiera volver a ser una niña y borrar con goma ciertas cosas... Lole: Ay, hija. Está claro que el ser humano es muy complejo. Hay que tener sabiduría para no abrir siempre el corazón. Creo que el mayor aprendizaje es saber escuchar. No es fácil. La gente habla mucho y escucha muy poco. Estás hablando e incluso hablan encima de ti. Yo necesito mis espacios. Mis silencios. El silencio es muy bueno. Alba: Si es obligado, ya es distinto. Lole: No. Puedes obligarte a estar en silencio para meditar. Alba: Depende de lo que tengas que meditar. Porque la mente va sola. Lole: Puedes intentar controlarla. Eso es meditar. Puedes lograr no dar rienda suelta a los pensamientos. Aunque es un ejercicio que a veces cuesta.

Lole y Manuel se separaron oficialmente como artistas y como pareja en 1993 (él se volvió a casar y tuvo otro hijo). El último recital que ofrecieron juntos, de forma puntual, fue en Barcelona (en 1997, en el teatro Tívoli), "adonde planeaban volver", explica Jesús Molina, el hermano de Manuel y mánager del dúo (ahora lo es de Lole). El germen de este esperadísimo nuevo retorno surgió el 22 de marzo, dos meses antes de que Manuel falleciera. Lole y Manuel volvieron a unirse de la forma más espontánea en la bar Botellita’s de Mairena (Sevilla), durante un homenaje a Chiquetete en el que el hijo de este, Fran Cortés, le tocaba la guitarra a Lole hasta que... "Manuel se la pidió y empezó a tocarla él –relata Lole–. Alba no paraba de llorar, criatura... Manuel estaba muy emocionado. No habíamos preparado este reencuentro. Nosotros mismos nos sorprendimos de que surgiera de forma tan bonita, tan pura... Aún tiemblo cuando lo recuerdo volviéndome a tocar 'Hojas de menta', la canción que me regaló siendo novios y que nosotros llamábamos 'El pajarillo' [Sentao en el río, sobre un viejo tronco/ vi que un pajarillo quería cantar/ pero estaba ronco./ Lloraba de pena, lloraba de pena]".

-¿Y por qué no quisieron recuperar antes a Lole y Manuel?

Lole: Por motivos que no tienen que ver con nuestros sentimientos. Nunca nada nos robó lo que sentíamos. Ni siquiera el tiempo.

Ni siquiera la muerte.