Ir a contenido

Conchita Wurst: "No pido que me quieran, pero sí que me respeten"

La mujer barbuda y mejor embajadora por la tolerancia de Viena reaparecerá en Eurovisión

La 'drag queen' será la reina del Life Ball, la mayor gala benéfica de la lucha contra el sida

LUIS MIGUEL MARCO

Es toda una profesional. Una 'drag queen' que, a diferencia de la mayoría de 'drag queens', canta. Quedó patente el año pasado en Copenhague, cuando ganó el festival de Eurovisión, para desespero de Putin y del representante armenio, con una canción de grandes vuelos, 'Rise like a phoenix' ('Levántate como un ave fénix'). La mujer barbuda devolvió así a Austria al podio televisivo 48 años después de su última victoria.

Pero más allá de su papel como cantante con una determinada estética capilar, Conchita Wurst se ha convertido en una auténtica luchadora contra la homofobia en los foros más variopintos, desde su Austria natal hasta la madrileña plaza de Chueca o las Naciones Unidas junto al secretario general Ban Ki-moon. "Eurovisión es un gran altavoz, qué duda cabe. Y es una fiesta de la tolerancia. Lo ha sido siempre, no hay más que repasar su historia. Y, aunque yo soy cantante y no pretendo ser una figura política ni me defino como alguien de derechas o de izquierdas, sí defiendo el respeto a los derechos humanos, porque eso es de sentido común. Yo no pido que me quieran, pero sí que me respeten", proclama.

Esta conversación tuvo lugar a mediados de marzo en una suite del Hotel W de Barcelona. Conchita se pasó allí toda una tarde atendiendo, disciplinada, a los medios. Con todos tuvo una sonrisa cómplice, un cruce de piernas estudiado y respuestas cargadas de ironía, en un inglés cristalino y con una entonación inequívocamente femenina. Advertencia desde ya: su fuerza no radica en su barba recortada, que es suya, ni en la melena negra, que es postiza. Está en su cabeza y en sus cuerdas vocales. Conchita tiene muy claras esas armas.

Cintura de avispa

"Estoy difrutando mucho de esta nube, así que, si estoy cansada, me aguanto, sonrío y no me quejo. Porque una oportunidad como esta no se presenta todos los días y sería imbécil no aprovecharla. Es verdad que no he parado en todo este tiempo y que trabajo mucho, que he tenido que renunciar a cosas como esquiar las pasadas navidades, pero es que me encanta lo que hago", explica. De hecho, después de charlar con nosotros fue a echarse unas risas al programa de Andreu Buenafuente, taconeando con soltura y envuelta en un abrigo blanco con un cinturón ciñendo un talle increíblemente delgado.

Conchita wurst se levanta como Thomas cada mañana. Como Thomas Neuwirth, nacido en Gmunden, en la Alta Austria, en 1988. En noviembre cumplirá 27 años. "Yo me miro en el espejo y me veo bien como Tom. No hay ningún conflicto con él. Es solo que Tom es un chico delgado y reservado que en público se convierte en Conchita, que es una cantante fuerte y decidida. Es así de sencillo. Me gusta reservar esa parte privada y sacar a pasear a mi personaje ¿Hasta cuándo? No sé. Pero creo que va para largo".

La transformación le lleva una hora. Ella misma se recorta la barba, se maquilla, se coloca las pestañas y las uñas postizas, se pone la peluca, los pendientes (hoy de un azul turquesa a juego con una sortija), y los tacones. "Estoy muy acostumbrada a llevarlos desde que se los cogía a mi madre. Podría hasta salir corriendo con ellos", bromea.

Conchita se ríe de sí misma. Ya desde su nombre –"me lo puse por un amigo cubano. Luego me enteré del significado que tiene en algunos países de Latinoamérica [risas]"–. Y de su apellido, que en alemán significa "salchicha" y se sobreentiende como algo "insignificante". Pero no siempre fue así de feliz. Su historia es un tratado de superación del que ha dejado constancia en su autobiografía, 'Ich, Conchita' (Yo, Conchita).

Viaje de descubrimiento personal

"El libro, que espero que se publique también en español –tras la edición alemana acaba de salir en francés e inglés–, es un viaje de descubrimiento personal desde una ciudad austriaca envuelta en prejuicios hasta una Viena 'gayfriendly'". Escrito por el periodista Daniel Bachman, en él Conchita explica que creció en Bad Mitterndorf y que en el colegio estaba siempre estresado, que sus compañeros le veían como el rarito de la clase y que cada mañana se le removía el estómago con solo pensar en lo que le esperaba. "Sufrir amenazas de muerte cuando eres un crío es algo que te marca", explica alguien que encontraba refugio en las canciones de Céline Dion, Cher, Tina Turner y Barbra Streisand. "Todas divas gais, claro".

Tom salió del armario a los 17 años –en su casa se enteraron por una entrevista– y, en lugar de una liberación, la noticia fue mal recibida por los suyos, al menos al principio. "Ahora, mi familia son mis primeros fans", dice. En el texto explica también que ese segundo en el que decicidió reivindicarse –ser "yo mismo"– fue uno de los más importantes de su vida. Junto con el triunfo eurovisivo, claro está. El prólogo, por cierto, se lo ha escrito Jean Paul Gaultier. Conchita ha desfilado con sus propuestas de alta costura. Y ha actuado unas noches en el Crazy Horse de París en parte gracias a él.

Siempre tuvo claro que el escenario era su territorio, aunque como cantante de una banda de chicos no tuvo mucha fortuna. "Pero de los fracasos también se aprende, así que también estoy agradecido de mi etapa en la boy band", recuerda. Fue entonces, y tras su paso por una escuela de moda, cuando decidió que estaba preparado para vivir su momento mariposa. "Y encontar un valor en ser diferente. Pensé que melena, barba y voz femenina es una buena combinación. Yo me veo muy sexi".

Ahora se ríe cuando le comentamos que, después de Sissi, ella es la mejor embajadora de Viena. De hecho, ella está en Barcelona contratada por la Oficina de Turismo de Viena para promociar Eurovisión y el 150º aniversario de la Ringstrasse. "Es la primera vez que estoy en Barcelona y la verdad es que no he podido salir mucho. Hacía mucho viento y se me volaba la peluca todo el rato".

Imparable

Conchita aprovechará esta ocasión también para presentar su nuevo trabajo discográfico, en el que, arropada por toda una orquesta, canta: 'You are unstoppable' (Eres imparable). Otra canción terapia. "¿Le gusta a usted? –pregunta–. No está obligado a decir que sí. Puede decirme que le gusta más el disco de Madonna", sonríe.

En unos días será la musa y cantará en el Life Ball de Viena, uno de esos acontecimientos que hacen única a la capital austriaca. ¿Dónde se ha visto un ayuntamiento transformado en una pasarela y en una macrofiesta arcoíris, en la más importante gala benéfica en la lucha contra el sida, a la que acude cada año Bill Clinton? "Yo he crecido con el Life Ball, así que imagine lo que significa para mí estar ahí. Otro sueño cumplido".

Al final será cierto que es imparable. "Mire, no es una cuestión de valentía, sino de dignidad. De quererse uno mismo. Lo importante en esta vida es que seas quien quieras pero sin traicionarte. Y los insultos, vengan de donde vengan, hace tiempo que me resbalan. He dejado atrás toda la negatividad. Si hasta pienso ir a Rusia, donde tengo montones de fans".

Nos despedimos preguntándole por Edurne. "Este año vuelve a haber muchas buenas canciones, pero a mí me gustan las mujeres fuertes y poderosas, y Edurne lo es. El vídeo me encanta. Ojalá tenga suerte".