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LUCHADORES EN ESCENA

El teatro de batalla saca la cabeza

Patrícia Mendoza, Raimon Molins y Mireia Trias, fundadores y responsables de la Sala Atrium. / JOAN CORTADELLAS

Patrícia Mendoza, Raimon Molins y Mireia Trias, fundadores y responsables de la Sala Atrium.
Xavi Àlvarez y Anna Prats, de Sota Mínims Teatre y La Niña Bonita.
Berta Errando y Raquel Izaguirre, de Melanina Teatre.

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Se abre el telón. Aparecen las nueve personas que van a ver a continuación. ¿Qué tienen en común? Una pasión: el teatro. Y muchos problemas para vivir de ella: un IVA desbocado, unas condiciones laborales pésimas, acuerdos de taquillaje con algunas salas que obligan a asumir todo el riesgo a las compañías, un gran desconocimiento social de la profesión, una formación que no ha sabido prever que un día los actores tendrían que ser mucho más que quienes dicen los textos. Hoy son quienes los dicen, quienes los escriben y quienes los producen. Para conmemorar el Día Mundial del Teatro, el 27 de marzo, el teatro de batalla, el que está lejos de los oropeles y lucha cada día por la supervivencia, saca la cabeza para proclamar que no se rinde y que sigue encontrando la manera de vivir (y de ayudarnos a vivir) de su arte.

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PATRICIA MENDOZA, RAIMON MOLINS Y MIREIA TRIAS

Fundadores y responsables de la Sala Atrium

"A los actores nos cuesta entender que hemos de convertirnos en empresarios de nosotros mismos"

Si hay algo que sin duda comparten los actores que aparecen en este reportaje es que tienen clarísimo que en un momento como el que vive hoy la profesión no se pueden quedar en casa junto al teléfono. Todos se han liado la manta a la cabeza y han escrito sus textos, producido sus montajes y llamado a mil puertas. Pero Patrícia MendozaRaimon Molins Mireia Trias han ido un paso más allá: han creado su teatro.

La Sala Atrium se inauguró en enero del 2011, y nació de la necesidad de estos tres actores (y directores, gestores, profesores de interpretación, taquilleros "y hasta limpiadores, aquí somos multitarea", dicen) de disponer de un espacio en el que subir a escena sus propuestas. "Teníamos montada la compañía y veíamos que costaba que nos programaran. Parecía que lo que nosotros queríamos hacer no se ajustaba a las leyes del mercado. Así que asumimos que si queríamos llevar nuestra aventura a buen puerto tendríamos que construir nosotros el barco", explica Molins, director artístico de la sala.

Corría el 2009 y la economía ya presagiaba tormenta, pero aun así se lanzaron a convertir en teatro un local con vivienda de la Dreta de l’Eixample que les pareció perfecto. Casi dos años estuvieron inmersos en unas obras faraónicas sufragadas con un crédito ICO. "Aún lo estamos pagando. Nos queda un año y medio –apunta Molins–. Es muy difícil montar algo así en Barcelona. Hay pocas ayudas. De hecho, puedes empezar a optar a las interesantes cuando llevas tres años funcionando, pero en el arranque estás dejado de la mano de Dios". ¿Y cómo han logrado sobrevivir a esos tres críticos años? "Pues pagando deudas a base de no cobrar nosotros. ¿Qué hace todo el que abre un negocio? Jugarse los ahorros, cobrar cuando va bien, y cuando no, no. ¿Por qué esto iba a ser diferente?", plantea.

El trío responsable de Atrium tiene muy clara la dimensión empresarial de su proyecto. "Somos empresarios, y eso es algo que nos cuesta entender a los actores. Ya no vale esperar a que te llamen. Tenemos que convertirnos en vendedores de nosotros mismos. Estamos aquí para disfrutar de nuestra pasión, pero también para levantar un proyecto y ganarnos la vida con él. Y si para eso tenemos que hacer mil cosas, las hacemos, como todo emprendedor que empieza", dice Mendoza, responsable de comunicación del teatro del Eixample.

Tres áreas

En el caso de Atrium, esas mil cosas están estructuradas en tres áreas: la sala, los cursos que imparten en ella (Atrium Estudio) y la labor de producción, de sus propios espectáculos y de otros para terceros. Además, si llegan propuestas laborales (clases en otros centros, proyectos de interpretación) interesantes y combinables con esas tareas que les ocupan ya buena parte del día, las aceptan. Mendoza, por ejemplo, forma parte de la compañía La Peleona, que estrenó su último espectáculo, 'Sota Zero', en Atrium, el pasado enero, y llevó el anterior, 'L'efecte perfecte', hasta Berlín.

Así entienden ellos la diversificación, lejos de la idea que tienen otras salas alternativas que convierten su parrilla en un puzle de espectáculos. "Nosotros programamos cinco obras por temporada, dos de producción propia y tres invitadas. Todas se ajustan a lo que queremos, y estamos consiguiendo, que se identifique como nuestro sello: contenidos que tengan que ver con la sociedad en la que vivimos contados con lenguajes de hoy", define Molins. Cierran la temporada con Atrium Lab, que acoge propuestas más arriesgadas, de tres compañías, durante un mes y medio. Y completan la oferta con matinales de domingo infantiles y un concierto una vez al mes. "Lo acabamos de poner en marcha –dice Mendoza–. A ver qué tal funciona".

Ganas y trabajo, a raudales. ¿Problemas? "El IVA al 21%, que es, directamente, una humillación pública", denuncia Molins. "Lograr que la gente valore el producto. Que entiendan que una entrada de 19 euros –que al final, con promociones, queda en una media de 12– no es cara para el trabajo que hay detrás", añade Mendoza. "El miedo a la oferta de las salas alternativas. La gente aún no sabe qué va a encontrar, falta educación teatral", tercia Trias, que se ha pasado la conversación con la cabeza hundida en los números. Lo dicho: multitarea.

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GABRIEL CÓRBOBA

Monologuista y profesor de 'stand up'

"Escribir, ensayar y actuar no es trabajo. Trabajo es transformar eso en dinero"

La de Gabriel Córdoba es una historia de ilusión y arrojo, inusual para quienes jamás han pisado el escenario pero del todo habitual para quienes no pueden vivir lejos de él. Este murciano de 36 años debutó en el teatro a los 14, en el instituto, y combinó los estudios de Biblioteconomía con la formación como actor. Ganar un concurso de monólogos en su ciudad le dio la oportunidad de salir de ella. "Era inevitable dejar Murcia un día. Todos mis compañeros se iban a Madrid o a Barcelona". Entre el jurado que le premió había un monologuista catalán, y a través de él empezó a multiplicar su presencia en Catalunya. Tanto, que un día recibió una oferta para hacer un musical en Barcelona. Y ni se lo pensó.

"Me vine como los locos –se ríe–. Era joven e inexperto, y ya me veía en el Capitol". Así que agarró la maleta y, sin casa y, como comprobaría después, sin un trabajo con cara y ojos, dejó su ciudad natal y se plantó en el Paral·lel. "Y la obra nunca se hizo, algo que ahora sé que ocurre a menudo. Pero, ya que estaba aquí, me quedé". Diez años han pasado desde entonces, y en este tiempo ha sido su facilidad para el monólogo lo que le ha permitido ganarse la vida sin bajar de las tablas.

"Yo soy actor de teatro y esa es mi vocación, pero gracias al 'stand up' he podido hacer obras como 'Esperanto-te' (2012) y, ahora, 'Vidas prestadas", explica. Está empezando a girar con esta última, y tiene una función al mes en la sala Almazén. "Con eso es imposible vivir, pero lo utilizo de escaparate. Con 'Esperanto-te' estuve siete meses así, y luego tres en el Teatreneu, de viernes a domingo, que es lo que debe ser", asegura. Pero que sea lo que debe ser no implica que permita ganarse la vida con holgura. "Me quedaron mil y pocos euros al mes, y eso que solo éramos dos actores y un técnico. Una compañía de cinco ya no habría podido subsistir con esos ingresos".

Así las cosas, no puede renunciar a ninguna de sus tres patas profesionales: hacer monólogosdar clases de esta disciplina (lleva siete años haciéndolo en una academia, y en abril debutará por su cuenta) y escribir e interpretar teatro, esas "tragedias envueltas en chocolate", como define sus obras, comedias que esconden dramas. Atrás quedan épocas en las que como monologuista podía ganar 4.000 euros al mes con tres bolos semanales. "Eso sí, estaba todo el día arriba y abajo". Hoy todo cuesta mucho más esfuerzo. "Aunque, para mí, escribir teatro, ensayar y actuar no es trabajo. El trabajo es convertir eso en dinero: vender la obra a la sala, promocionarla... Yo soy actor, no productor, pero también tengo que serlo. Ahora es obligado".

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XAVI ÀLVAREZ Y ANNA PRATS

Fundadores de Sota Mínims Teatre, Ergo y La Niña Bonita

"Con la crisis, las estrellas coparon el trabajo del que se nutrían los debutantes"

Iban derechitos al triunfo. Tenían muy clara la vocación. Tanto, que habían abandonado trabajos seguros y bien remunerados para apostar por la interpretación. Ella, como ejecutiva de cuentas; él, pedagogo, en una casa de acogida. Iban dando pasos firmes y seguros (capítulos en series de televisión de gran audiencia, cortometrajes, papeles en obras de éxito como 'Quina vida') hacia una campanada que les permitiera afianzar su carrera de actores. Y entonces se les cruzó la crisis.

"Y lo mató todo", dice Xavi Àlvarez, el 50% de Sota Mínims Teatre, el 33% de Ergo y un porcentaje inferior de La Niña Bonita, los tres proyectos que comparte con Anna Prats, compañera en el trabajo y la vida. "Íbamos bien encaminados, pero perdimos el ritmo –continúa él–. Los actores que estaban en la cima vieron que tenían menos trabajo, y empezaron a querer hacer cosas en el circuito 'off', las que nutrían a quienes comenzábamos, o a aceptar apariciones puntuales en series, o incluso en publicidad". "Y nosotros empezamos a no tener espacio", concluye ella. Y un mundo que ya es de por sí cerrado se cerró aún más.

Pequeña empresa

Así que respiraron hondo y revisaron sus sueños. Uno era ser actores. El otro, ser padres, y serlo jóvenes. "Y decidimos aprovechar el parón para hacerlos realidad: tener un hijo y montar nuestra propia compañía, pequeñita, como si fuera una pastelería familiar en la que se cuecen con amor, con la máxima calidad y a fuego lento productos en los que uno cree", explica Àlvarez. El resultado fue Sota Mínims Teatre, en la que, mano a mano, crean espectáculos poéticos de pequeño formato que llevan allá donde les reclaman: escuelas, fiestas, domicilios. Y también audiocuentos y videocuentos personalizados, que les proporcionan algunos ingresos fijos y muchas satisfacciones. "La gente nos llama emocionada cuando los recibe", explica Prats.

Su reinvención para poder vivir de su pasión por el teatro no acaba aquí. Con un tercer socio han creado Ergo, que pone los recursos teatrales al servicio de la empresa (con técnicas de 'role playing' –los trabajadores adoptan los distintos papeles de la relación laboral– u organizando simulacros), y se han implicado en el proyecto que más chiribitas les arranca de los ojos: La Niña Bonita, una compañía de teatro para adultos. "Vamos a empezar a ensayar un Martin Crimp'El camp' –anuncia Prats, radiante–. Tenemos residencia en el centro cívico Parc-Sandaru, en el barrio barcelonés de Sant Martí, y eso nos permite disponer de un local de ensayo sin pagar por él y tener garantizado estrenar allí". A cambio, les asesoran en materia teatral.

Al final del día, todas las horas de esta pareja están dedicadas al teatro. "No es un esfuerzo hacerlo. El esfuerzo es que esté tan mal pagado y que tengas que vivir con tanta incertidumbre. Y que haya salas que se aprovechen de la ilusión de los actores para rellenar su programación con gente que actúa gratis, o sin contrato, o por porcentajes de taquilla bajísimos, asumiendo todo el riesgo", denuncia Àlvarez. Por eso celebra la aparición de plataformas como la creada en torno a la revista teatral digital 'El virus', dispuestas a trabajar por los derechos de compañías como las de ellos.

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BERTA ERRANDO Y RAQUEL IZAGUIRRE

Actriz del Súper 3. Entrenadora de la voz. Juntas son Melanina Teatre

"Los actores tenemos parte de la culpa de nuestra falta de derechos por no haberlos reivindicado"

La reivindicación continúa con este par de actrices que, a la lista de hándicaps apuntados, añaden otro: la dificultad de combinar maternidad e interpretación. "Tú sabes qué día tienes ensayo, y que será entre las tres y las diez. Pero ¿cuándo, en esa franja? Pues te lo dirán el día antes, y ya te apañarás tú con los canguros, los abuelos, tu pareja...", expone muy gráficamente Berta Errando, tal vez la cara más conocida de estas páginas gracias a su papel de Àlex en el Club Súper 3. "Es un sector con pocas mujeres, en torno del 30%, sobre todo en lugares de decisión, y se nota", continúa. Con ese discurso, no es extraño que el proyecto teatral que centra sus desvelos, al 50% con Raquel IzaguirreMelanina Teatre, ande luchando ahora por llevar a tantos escenarios como sea posible una obra que reivindica la autoría femenina a través de poetas, escritoras y mujeres silenciadas por la historia: 'Constança'.

"No lo hacemos por militancia, sino porque son las cosas de las que hablamos cuando estamos juntas", explica Izaguirre, que tiene mucha responsabilidad en que se hayan decidido a recuperar este texto que ya estrenaron en el 2011 y que, asegura, no exprimieron lo suficiente. "Berta se quedó embarazada, después yo, después la directora [Anna Ponces], y lo dejamos".

Lo han retomado a toda mecha: con dos bolos ya hechos, dos cerrados para julio (en un centro cívico de Barcelona y en la Universitat de les Dones, en Cornellà) y varios por concretar. "Que el día que lo aparquemos sea porque ya lo hayamos exprimido al máximo", concluye Raquel.

Normal, ¡con lo que cuesta sacar adelante un proyecto! Melanina Teatre nació en el 2006 y tiene, además de 'Constança', tres obras en el currículo: 'Deliris' (2006), 'Préssecs blaus' (2007) y 'Xàndal' (2009). Todos autoproducidos. "Siempre –dice Errando–. Con 'Xàndal' ganamos un concurso de textos y con el dinero que nos dieron pudimos asumir la producción. Aunque si le digo la cantidad... 500 euros. Imagínese para lo que dan. Pero al menos no tuvimos que adelantar nada. Lo que sacamos en taquilla no llegaba al salario mínimo".

Ingresos estables

Ambas tienen la suerte de tener trabajos relacionados con su profesión pero con ingresos más estables. Errando lleva nueve años en el Club Súper 3 ("lo más parecido a que te contrate una compañía estable, que aquí apenas hay", dice) e Izaguirre tiene una empresa, Laveulavoz, en la que enseña a conocer la voz, tomar conciencia de cómo se utiliza y sacarle el máximo partido para comunicar la esencia. "Llevo una docena de años ayudando a profesionales", explica. Ahora tiene a políticos en cartera. "Me gustaría llevar hasta ellos mi filosofía de que si estás conectado con lo que dices, eres feliz. Si los que gobiernan supieran comunicarse mejor, todo sería más fácil", asegura.

Le gusta lo que hace. "Tiene que ver con el teatro, pero me obliga a aprender otras cosas. Hoy, el 80% de mis ingresos vienen de aquí, y el 20% de trabajar como actriz". Ese es su plan B, la alternativa que Errando descubrió que había que tener cuando pasó dos años de sequía. "Fue muy duro, y vi que tenía que encontrar algo que me gustara y que casara con actuar", explica. Lo halló en el pilates: se formó como instructora y ahí tiene el título. "Por si se acaba el Súper 3 y no sale nada". Porque ¿serían opciones la publicidad o el doblaje? "Los cachés en publicidad han caído un 70%, y el doblaje es inaccesible", responde.

La crisis ha degradado aún más las condiciones laborales de un sector que ya iba justo de derechos y donde trabajar sin cobrar no era infrecuente. Errando e Izaguirre lo condenan, pero no evitan la autocrítica: "Parte del drama del teatro pequeño es que se ha sostenido del concepto 'amor al arte'. Y los actores tenemos responsabilidad en ello por no haber reivindicado nuestros derechos, por no luchar por cambiar las cosas. Estamos ahí porque nosotros mismos nos hemos valorado poco".

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LAURA TOBÍAS

Monitora escolar. Miembro de Ten-Teatr y La Plurifarándula

"Es difícil acceder a los cástings si no tienes mánager"

A Laura Tobías, un "es ahora o nunca" le hizo dejar, hace cuatro años, un empleo fijo como enfermera para lanzarse en pos del sueño de ser actriz. Ella demuestra que las nuevas generaciones, pese a saber lo crudo que lo tienen, mantienen la ilusión intacta. Colgó la bata, se matriculó en varios cursos, se armó de valor y dejó su Barcelona natal para probar suerte en Madrid. Estuvo allí ocho meses, formándose y llamando a puertas, sin éxito. "En Madrid hay trabajo, pero también demasiados actores, y es difícil acceder a los cástings si no tienes mánager. Se puede consultar la oferta en webs como Yatecasting o Soloactores, pero a los grandes se llega vía representante. Yo tenía uno, pero apenas me movió", lamenta.

De vuelta a casa, en el AVE, se puso a escribir. "Un guion de microteatro. Cuando se lo enseñé a mi padre, me animó a producirlo. Elaboré un dosier, lo presenté en varias salas y me lo cogieron en Minitea3 [hoy cerrada]. Desde entonces, no he parado de trabajar", explica.

El guion era 'Yo le vi', una disparatada historia de dos monjas en la que comparte cartel con María de la Torre. La obra ha cumplido un año y sigue en forma: es una de las tres elegidas para el festival Bartes, que puebla de microteatro los bares de Gràcia; se ha incorporado al repertorio de 'sketches' de la compañía La Plurifarándula, de la que Tobías es integrante, y se otea segunda parte, más larga y ambiciosa que el teatro en píldoras con el que se ha abierto camino. Y autoproducida también, claro. "No te queda otra: hacer tu propio proyecto y luchar por él".

Pluriempleo

Lograr vivir de las tablas es el objetivo y el combate. Ella aún no puede hacerlo, pese a que a los dos espectáculos en los que participa suma un tercero, 'La maledicció Frankenstein', dedicado al público infantil, con la compañía Ten-Teatr. Llegaron a estrenar en El Molino, dando un nuevo rumbo a este icónico teatro, pero solo pudieron hacer dos funciones. "Era inviable abrir la sala los domingos por la mañana, pero ahora nos han salido otros bolos", dice.

Para pagar el alquiler del piso que comparte, pues, trabaja de monitora y da clases de teatro, escribe 'sketches', ensaya y, en el poco tiempo que le queda, se plantea apuntarse a algún curso de producción. "La formación que recibes en esa área es nula, y cada día es más necesaria". Todo para mantener el sueño: "Lo que siento cuando estoy en un escenario, pequeño o grande, es adrenalina en estado puro, y eso me mantiene viva". Sus ocho compañeros de pasión lo suscribirían.