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David Trueba, gente que conversa

El articulista, guionista y director de cine hace un nuevo ejercicio de talento y sensibilidad en la novela 'Blitz'

PAU ARENÓS/ BARCELONA

No tiene importancia. Solo es una excusa para comenzar a contar. Las gafas de David Trueba (septiembre de 1969, Madrid) son contundentes en una cara filosa, que los años han rellenado un poco. Sin querer, Franco Battiato.

En un momento de la conversación, explicará que lleva las mismas gafas desde el 2008: "Las compré en Nueva York". Fue, dice, en un viaje con Ariadna Gil, su exmujer. Por qué en este punto de la comida la charla se posa sobre las gafas es un misterio que no aclaran las notas. En el restaurante Caldeni acaban de servir fricandó sobre tortilla de maíz, un taco mexicano con corazón catalán. Es un platazo, tanto de idea como de ejecución.

David disfruta con la comida: ser el menor de ocho hermanos da un hambre latente -muchas personas, poca chicha- o un desinterés por el arte culinario por falta de ejercicio. A David le agrada comer sin fanatismos ni mitificaciones. La elección del bistronómic Caldeni, en Barcelona, a cuatro pasos de la Sagrada Família y de las hordas turísticas armadas con móviles satánicos, es de su gusto.

"Tengo dos pares de gafas, unas para el invierno y otras para el verano. Las de verano son más ligeras, dan menos calor". ¿Cada cuánto hay que cambiar de modelo? Si se le pregunta a un óptico, recomendará prontitud. Asimismo, el especialista de moda exigirá variaciones de montura. A David le da igual qué se lleva. Ni su cine ni su literatura ni sus gafas están sujetos a la caducidad. Podrían ser del 2005 y las portaría con la misma convicción.

El motivo de compartir mesa es la novela 'Blitz', aunque cualquier otra excusa sería buena. De ser noviembre, el argumento habría sido el viaje a los Oscar de la película 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', desestimada por el comité norteamericano. Es un conversador ameno: habría que comer con David una vez al mes. Sería un tertuliano de primera en una tertulia que no se pareciera a ninguna otra. Gente que conversaría, sin gritos, rebuznos, desgarros. Gente que conversa, como en esta comida.

Una gran pequeña obra 

'Blitz' es una gran pequeña obra: 166 páginas en la que el protagonista, Beto, se pierde y se encuentra. Viaja a Múnich con su novia a un congreso de paisajismo. Después se extraviará, no en Múnich, sino en la vida. Una mujer mayor, una sexagenaria… Tratar la relación entre una sexagenaria y un treintañero es delicado. Puede ser envuelta en seda o en papel de estraza.

La anterior novela 'Saber perder' (Premio Nacional de la Crítica) se extendía por 520 páginas. En vez de un jamón, ¿está vendiendo lonchas? "A veces piensas que el lector se enfadará, 'este no tenía ganas de trabajar'". Después de ocurrírsele eso, le dieron el Nobel a Patrick Modiano, campeón de lo breve: "Nada que ver conmigo, ¿eh?, pero me quedé más tranquilo al ver la aceptación de lo corto". Otros plusmarquistas de los 100 metros son Amélie Nothomb, César Aira o Jean Echenoz. Novelas intensas, que cargan los pulmones.

Cada historia necesita un tamaño. David está por lo pequeño, por la artesanía. Ni en su literatura ni en sus filmes hay efectos especiales. Una forma de contar concisa y evocadora. Las frases, algunas frases, son como la punta del látigo durante la vibración final, ese chasquido que rompe el aire.

"Me atraía la sencillez. Aparentemente". Una historia ligera. Aparentemente. Una película española cuesta unos tres millones de euros. Una de David, 1,7. "Y estoy bien ahí porque lo que quiero es llevar adelante mi historia sin renunciar a nada". Saber perder. Y saber ganar. Lo más importante es saber perder.

Desapego de uno mismo

En lo superficial, 'Blitz' -relámpago en alemán- sería la síntesis de una sensación: la que tiene David cuando se marcha fuera, se aparta de casa. "Durante la promoción de una película viajas, te invitan a sitios. Estás en un hotel estupendo, la gente te lleva, te trae. Hay algo falso en todo eso". El viaje permite el desapego. Principalmente de uno mismo. Ese hombre que se afeita en Múnich no es el mismo tipo que se afeita en Madrid o Barcelona.

Múnich es la excusa, una ciudad que le agrada, también donde entrena un amigo, Pep Guardiola. La novela esconde un chiste privado. Los personajes se sientan en el estadio Allianz Arena, campo del Bayern, más interesados en la arquitectura que en el balón.

Si Múnich es el paisaje exterior, el recuerdo del que nace 'Blitz' es interior y profundo, antiguo. Está relacionado con la vergüenza. Sucedió cuando David tenía 21 años.

"Paseaba por la calle con una mujer mayor, a la que admiraba profesionalmente. Me cogió del brazo. No fue un gesto romántico. Apoyó su cabeza en mi hombro. Cruzó un coche con compañeros de clase, de la universidad. Reaccioné apartando la cabeza y el brazo. Ese gesto se quedó dentro de mí durante años".

Por lo que dirían, por el apuro de haber intimado con alguien que le triplicaba la edad. Hay que imaginar la escena: David apreciaba el talento de aquella mujer, y que ella compartiera esos instantes de intimidad podría haber sido un honor. Durante unos minutos tuvieron algo muy próximo. Y la traicionó. La mirada de los semejantes tras los vidrios de un coche al pasar, juzgándolo. O no. Porque pudieran no haberlo visto.

Sirven el canelón de rabo de vacuno. Un luto de trufa negra por encima. Jugo de rustido por debajo. Un canelón de rabo es una redundancia. Es el plato que más le ha gustado entre los cuatro primeros. Moja pan, se relame, no es un hombre de excesos. Comedido y elegante. Se le aconseja ser prudente con la hogaza, horneada en el obrador de Panes Creativos. Aún quedan tres platos y dos postres.

"Me gusta mucho el pan, mi padre es de Tierra de Campos, lugar de cereal". Con una barra de pan puedes darte un homenaje, dice. Fernando Fernán Gómez cenaba poco. Fueron con él a un restaurante habitual. "Apenas tomó nada. Pero mojaba el pan en el vino". El pan, para aquella generación, era la única bandera a la que seguir.

Encuentros en la Tercera Edad

David siempre se ha llevado bien con las personas mayores, ha buscado su amistad y sabiduría. Ser el pequeño de ocho obliga a escuchar. Fernán Gómez y Rafael Azcona. Un cascarrabias y un humorista: ambos eran una y otra cosa. "La clave del humor es que no sea la razón final. Cuando haces reír contando otra cosa es más interesante".

Por esa admiración hacia la experiencia, en las obras de David hay roce entre generaciones, un Encuentros en la Tercera Edad sin ruiditos extraterrestres. En la película Madrid, 1987, un hombre mayor y una joven; en la novela 'Blitz', una mujer mayor y un joven. Amor y desamor. Además de los artículos diarios y el semanal -el de esta revista-, lo siguiente que saldrá de sus manos será una serie de televisión para Movistar sobre las relaciones de pareja, sobre el amor y el desamor. Quiere profundizar.

"Hay preocupación por el paso del tiempo. No me atraen las mujeres mayores, pero siento curiosidad". En uno de sus oficios -el colectivo, el de la cámara-, el reloj es el enemigo; envejecer, un castigo. La comida sucede el día en el que Uma Thurman fue operada por los medios de comunicación, una cirugía que a la jornada siguiente desapareció bajo un tupido y extravagante maquillaje.

En el viaje en tren entre Madrid y Barcelona, dos mujeres -"de mi edad"- compartían sobre las mutaciones de ese rostro. David se refiere a la crueldad con la que hablaban: "El problema de este asunto es que no vamos a las razones, al por qué. El mensaje que manda la industria es: 'De las 70, quedaréis dos'". El mensaje de Hollywood es : ¡descorchemos la juventud! "La mujer española cuando se hace mayor se hace paisaje". Es una frase de 'Blitz', centella en la oscuridad.

El escritor es muy reservado ("eso dicen mis amigos"), su tema preferido no es él. Puede conversar durante horas sin contar nada de sí mismo. De ahí que llame la atención que haya hablado de unas gafas compradas en Nueva York en el 2008. O de que han celebrado los 18 años de su hija Violeta, o de que Ariadna y él viven cerca para facilitar el tránsito de los hijos de una vivienda a la otra, o de que la separación fue "amistosa y civilizada", o de que Natalia Verbeke regaló a Violeta una barbie, que dejó a los pies de la cama de la niña y que, al despertar, la sorpresa fue mayúscula, pues aquella ficción femenina nunca había tenido espacio en la casa.

"Nada tiene más éxito que el éxito". Éxito atrae éxito. Él lo tiene, pero lo trata como si fuera un perro al que hay que sacar a pasear. El éxito tiene sus necesidades y nunca es completamente tuyo.

Temas: David Trueba