Cuba, año 1: el principio de la nueva era

Tras más de 50 años de enfrentamiento con Estados Unidos, el restablecimiento de relaciones con la superpotencia abre una nueva etapa que los cubanos miran entre esperanzados y escépticos

Imagen del mítico Malecón.

Imagen del mítico Malecón. / BEATRIZ PORTINARI

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BEATRIZ PORTINARI

Adentrarse en Cuba, y en concreto en La Habana del año 2014, es como pasear por un decorado cinematográfico de cartón piedra, en sentido literal. Cartones, tablas de madera y chapa componen las casas multifamiliares más humildes, mientras auténticas maravillas arquitectónicas de comienzos del siglo XX sufren la mordida en la piedra de la sal marina y la contaminación.

En este escenario bello y decadente de la ciudad Patrimonio de la Humanidad se puede viajar en el tiempo y encontrar calesas tiradas por caballos, fortalezas en las que se siguen recreando tradiciones coloniales como la Ceremonia del Cañonazo, azoteas en ruinas que contempló Ernest Hemingway, un majestuoso Capitolio apuntalado y el sorprendente desfile de coches clásicos americanos de los años 50. Suena Compay Segundo en cada rincón. ¿Cómo es posible que sigan funcionando los Cadillac y Chevrolet desde hace medio siglo? Un mecánico de manos impregnadas en aceite sale debajo de un Chevy cerca del Hotel Nacional y sonríe: "¡No es fácil!" (la frase recurrente en Cuba). "Nos hemos acostumbrado a inventar lo que haga falta para arreglarlos, porque esos coches dan de comer a familias enteras". Convertidos en taxis a 20 euros la hora son uno de los atractivos para turistas, que gastan lo que haga falta por sentirse protagonistas de una película antigua.

El insólito anuncio, el pasado 17 de diciembre, de la reapertura de relaciones diplomáticas y comerciales entre Estados Unidos y Cuba supone una mínima esperanza para que el país caribeño pueda salir de las dificultades por las que atraviesa. Si, efectivamente, se permite el turismo americano y el uso de tarjetas bancarias para las transacciones en dólares, la inyección de dinero se notará en los hoteles, en los pequeños comercios y en los paladares, restaurantes típicamente cubanos. Además, las familias que tengan algún miembro en el extranjero que les ayude económicamente podrán recibir un aumento en las remesas, que pasarán de 500 a 2.000 dólares (unos 1.600 euros) cada trimestre.

Cambios en la economía

Pero ¿cómo ha recibido el cubano de a pie esta noticia? Con esperanza y escepticismo a partes iguales. Adrián Calderín, joven licenciado en Lenguas Extranjeras que se gana la vida como guía turístico, contempla el mar desde el Malecón que tantos amores, canciones y películas ha inspirado. "Realmente, el comercio con un país tan cercano como Estados Unidos abarataría mucho los costes de las mercancías que Cuba importa desde otras partes del mundo. Hablar de una elevación del nivel de vida es más difícil. Me parece que tienen oportunidad de prosperar los individuos que sean más capaces de adaptarse a estos cambios y los que ya tengan una base económica creada. Me refiero al naciente sector privado, sobre todo. Por fuerza, también debería modernizarse toda la infraestructura industrial de la isla", reflexiona con cautela. De momento, en cuanto se ha hecho público este acercamiento político, sus compañeros profesores de inglés ya han recibido varias peticiones de clases para aprender rápido el idioma de los turistas que pueden llegar en masa a la isla.

Hasta hace tres años, el sector privado cubano sencillamente no existía porque sigue vigente el modelo económico centralizado que depende del Estado, libretas de abastecimiento incluidas. Una ración de café, frijoles, leche en polvo... Todo racionado y en cantidades que a duras penas llegan a final de mes. Los aguacates, plátanos y mangos que crecen en los jardines completan la cesta de la compra y es esa cultura todavía solidaria de compartir el plato con el vecino lo que mantiene a las familias más desfavorecidas.

En las últimas décadas, las fábricas han ido cerrando porque faltaba un tornillo, por ejemplo; los autobuses soviéticos quedaron parados porque no tenían recambios; los campesinos dejaron de cultivar sus tierras porque no podían vender libremente sus frutos (si lo hacían en el mercado negro se arriesgaban a rendir cuentas por haber robado al Gobierno), y los profesionales que recibían un sueldo estatal mínimo aprovecharon la primera ocasión para salir al extranjero y no volver. Ahora se pueden ver los primeros mercados libres (no dependientes del Estado), fruto del esfuerzo del sector privado cubano: desde tiendas de artesanía hasta puestos de venta ambulante de leche de coco o reliquias de la revolución, hagiografías comunistas, monedas viejas y supuestas medallas ganadas en lejanos combates. En el 2011 el Gobierno de Raúl Castro hablaba de "desterrar la mentalidad de la inercia" (no esperar cómodamente el sueldo estatal) y fomentar el tejido empresarial cubano. Esta medida supuso el inicio del cambio.

Cambio en la mentalidad

Cuando empezó a entrar más dinero en las casas sucedió lo inevitable: un giro en la mentalidad de la población. Aunque los murales revolucionarios siguen decorando carreteras y plazas con los mensajes Hasta la victoria siempre, de puertas para adentro ya no se habla del "enemigo yanqui", sino de ahorrar para comprar unos vaqueros o un teléfono móvil. Si finalmente EEUU apoya la entrada de equipamiento tecnológico para mejorar las telecomunicaciones y las conexiones a Internet, el acceso a la información (aunque de algún modo siga controlada) podría aumentar la libertad de pensamiento. Y lo más difícil de controlar son las ideas.

Boris Canto Bravo es un "cubañol", como él dice, que vive con su madre en Madrid y dejó a sus hermanos, padre y abuelos en Cuba. Cada vez que les visita observa los cambios meteóricos que está experimentando la población. "Los últimos cuatro años no tienen nada que ver con lo que era la Cuba de los ochenta o noventa. Se nota en la capitalización de la economía, en la forma de enfocar el futuro, en la pérdida de compromiso con la revolución. Ahora los jóvenes ya no compiten por estudiar una carrera, sino por entrar a trabajar en una empresa extranjera o montar un negocio privado. Si te haces ingeniero, lo máximo que vas a cobrar son 40 dólares al mes. En cambio, si entras en el sector privado pueden ser 100 o 120. El dinero cambia la perspectiva", afirma.

Otro de los motivos por los que la población está cambiando su forma de pensar es el testimonio de los que emigran y vuelven con mayor nivel adquisitivo. Aunque en los años sesenta salir de Cuba era desertar y convertirse en "gusano", perder todas las propiedades y ser rechazado para siempre, ahora el Gobierno cubano permite una estancia de dos años en el extranjero con posibilidad de volver a Cuba sin reproches. Si a esto añadimos la Ley de Ajuste Cubano de 1965 por la que EEUU acogía y mantenía a los refugiados cubanos durante un año, la picaresca estaba servida. En el 2013, cerca de 60.000 cubanos salieron rumbo al gigante americano para ampararse en esta ley, disfrutar de un año y un día de casa y manutención, conseguir la residencia y después regresar a Cuba con el dinero ahorrado. No se trata de un flujo migratorio disidente, sino de emigrantes económicos. Con el anuncio de las relaciones entre ambos países, lo más probable es que se revise esta ley o incluso que sea derogada, porque ya no tendría sentido.

Alberto Vila, periodista y músico cubano afincado en España, considera que la reapertura de relaciones diplomáticas entre EEUU y Cuba era inevitable, como lo es "que se acabe el embargo algún día o que fallezcan los hermanos Castro: le pese a quien le pese, eso va a suceder". El contexto internacional ha influido para que el acercamiento (con aquel sorprendente primer saludo entre Obama y Castro en el funeral de Nelson Mandela en el 2013) fuera posible después de medio siglo. "En mi opinión, esto ha sido una jugada calculada. El Gobierno cubano es consciente del problema que tiene después de perder el sostén económico de la Unión Soviética y posiblemente de Venezuela, que atraviesa una terrible crisis a la que se suma la caída del precio del carburante. Si deja de recibir petróleo gratis y ayuda de este país, Cuba colapsa porque está económicamente arruinada. Y Florida no se puede permitir otro medio millón de cubanos en balsas como sucedió en los años noventa, así que, antes de que eso suceda, EEUU tiende la mano", reflexiona Vila.

Fin de la guerra fría

Uno de los paseos más carismáticos de La Habana que bordea el casco histórico lleva al puerto marítimo, donde se espera a partir de ahora la llegada masiva de cruceristas, muchos de ellos norteamericanos que se encuentran apenas a 90 millas (145 kilómetros) de distancia. Las obras de remodelación de la zona se hacen a contrarreloj, teniendo en cuenta el pausado ritmo vital de la isla. Mientras tanto, el puerto de Mariel, símbolo del éxodo masivo cubano de 1980, lleva varios meses preparándose para ser un puerto franco de gran calado y recibir contenedores internacionales, inversiones extranjeras y movimientos de importación y exportación. Hasta ahora, Estados Unidos prohibía la entrada en sus aguas a todo aquel barco que hubiera pasado por Cuba en los últimos seis meses, pero el anuncio de la reapertura de relaciones supone cambiar las reglas del juego.

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¿Y el final del bloqueo económico? Irónicamente, EEUU es desde el 2008 uno de los mayores socios comerciales de Cuba y su principal fuente de productos, aunque no le conceda crédito y todo se pague al contado. Por muy bienintencionado o interesado que haya sido el gesto de Obama, todos saben que la Ley Helms-Burton depende del Congreso, que Obama está acabando su mandato y que el exilio cubano en Florida con representación en la Cámara hará lo posible para evitar el final del embargo. Pero también es verdad que la "vieja guardia" de ese exilio en Miami tiene una edad avanzada y las nuevas generaciones de cubano-americanos no se preocupan por viejas rencillas, sino por visitar sus raíces en Cuba y por que mejoren las condiciones de su pueblo, no solo económicas, sino también sociales y en materia de derechos humanos.

A sus 70 años, Berta Azcuy contempla con la sabiduría que da el tiempo los cambios por los que ha pasado su país. Vivió pocos años de capitalismo, el fin de la Coca-Cola en el bar que regentaba su padre, la revolución, las expropiaciones, el hambre. Y ahora se emociona en su Habana natal al pensar en el futuro. "El cubano de a pie no piensa en la maquinaria agrícola que va a entrar, que también, sino en ver a sus familiares exiliados y poder comprar unas zapatillas al hijo para que no vaya al colegio en chancletas. Siempre se dijo que nuestros problemas económicos se debían al bloqueo. ¿De verdad? Si se abriera el comercio libre nadie nos va a regalar nada. ¿Tendríamos dinero para pagar lo que necesitemos? Aún queda mucho por hacer", añade. En su caso, su preocupación inmediata era una bomba de agua estropeada en su casa de la Habana. El fontanero ha conseguido arreglarla inventando un apaño con la goma de un viejo Lada soviético. Eso es el día a día y "no es fácil".

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