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Fito: "A mí me gustaba ser camarero"

El líder de Fito&Fitipaldis cambió la barra del prostíbulo que su padre tenía en Bilbao por una banda que le ha convertido en el rockero que más estadios llena en España

CARLOS MARCOS

Oiga, Fito, ¿a usted le hubiese gustado ser alto, guapo y con melena?

Eeeeeee. Ahora ya no, porque no reconocerme no me gustaría. Pero si viene alguien con una varita mágica y me dice que me va a poner un flequillo, pues le digo que sí. Aunque igual luego me lo quito. Pero por probar, pues sí… [risas].

El físico de Fito Cabrales no necesita mutaciones. ¿Cambiamos su calva cubierta por una gorrilla castiza por una melena digamos… a lo Bon Jovi? Nunca. ¿Le arreglamos esa desordenada dentadura crecida en la época en la que poner 'brackets' a los niños era de padres pudientes? No. ¿Le damos unos centímetros más y le ponemos unos ojos azules que borren esa mirada afilada en los bares? Negativo. Fito cae bien tal y como es. Incluso las preguntas incómodas las resuelve con naturalidad.

¿Cuánto le duele que en los foros de internet le acusen de haber abandonado el rock, de sonar en Los 40, de emular a Dire Straits?

Algo duele. No me gusta entrar en esos foros. Todo el mundo tiene derecho a opinar. La verdad es que la mayoría te alaba, pero hay un tanto por ciento que dice que te repites. Algunos dicen que sueno a Dire Straits, y yo pienso: "Joer, qué más quisiera yo…".

¿Cree que ha perdido algo de autenticidad por sonar en Los 40 Principales?

En absoluto. Yo no he hecho nada por sonar en Los 40. Si no me ponen me la suda y, si me ponen, pues genial. Hay una visión errónea de eso. La gente no tiene por qué saber cómo funciona la industria musical. Piensan que la radio y la prensa tienen un poder que no tienen. Actualmente, Los 40 y las demás radiofórmulas solo ponen éxitos. Las canciones no venden mucho por sonar en la radiofórmula porque ellos solo pinchan canciones que ya han sido un éxito. Te puedo contar una anécdota. Ellos [Los 40] me llamaron y yo les dije que no me pusieran. Entonces me respondieron: "Pues te vamos a poner… por gilipollas" [risas]. Es así. No necesito sonar ahí. Tengo demasiados discos, demasiadas canciones y giras para que alguien se fije solo en si suenas en Los 40.

Todo este discurso lo dice sin atisbo de enfado. La entrevista se desarrolla en la casa madrileña de Carlos Raya, su mano derecha, guitarrista y productor de sus últimas giras y discos. “Fito es tal y con lo ves, sin trampa”, nos comentará luego Raya. Entre manos tienen nuevo álbum como Fito&Fitipaldis, Huyendo conmigo de mí, con el que están llenando pabellones desde mediados de noviembre. Estos días, el músico bilbaíno de 48 años será padre por tercera vez. Con su pareja, Marisa, a la que conoció después de separarse de su exmujer, con la que tiene otros dos hijos, Guillermo, de 16 años; y Diego, de 11.

Un amigo suyo le definió así: "Lo mejor es su generosidad, y también lo peor".

Hostia, ¿quién dijo eso? Montoro [risas].

No, alguien que le conoce bastante mejor.

No sé qué querría decir ese amigo. Valoro mucho la generosidad. Me gusta la gente generosa en todos los aspectos. Y no hablo solo del aspecto económico. Me gusta la gente que se ofrece. Yo lo intento. Igual también puede ser algo negativo, porque puedes tomar decisiones solo desde en punto de vista de la generosidad e igual no es lo mejor para el fin.

Usted se metió en el rock and roll por la diversión. Ahora resulta que es el jefe de una empresa de la que dependen muchas familias.

Nunca lo pienso así, pero tampoco te voy a engañar: mola saber que algo va bien porque así le irá bien a la gente que trabaja conmigo.

¿Ha tenido que despedir a alguien alguna vez?

Pocas veces. He cambiado mil veces de banda, pero nunca por motivos personales, siempre por profesionales, musicales.

¿Fito se cansa algunas veces de ser Fito?

Sí, pero no solamente porque cante. Todo el mundo a veces se harta de lo que es. Yo, como artista, algunas veces me veo superado. La gran imagen que llega de mí, la de los conciertos y las portadas de los discos, no es la del verdadero Fito, la que tienen mi familia y mis amigos. Es la imagen. Y esa imagen a veces es tan grande que, si tú no estás a tope de ánimos, eso te hace pequeñito, porque tú no te ves así. Pero eso le puede pasar también a un camarero, que siempre debe sonreír a los clientes, pero igual no tiene muchas ganas.

Usted mismo fue camarero en un prostíbulo regentado por su padre. ¿Qué aprendió allí?

Es que a mí me gustaba ser camarero. Ya había sido camarero en bares, en cafeterías, en chiringuitos de verano… Y en La Palanca [el prostíbulo donde trabajó, ya derribado] fue el más serio. Nunca había trabajado de camarero en un sitio tan serio. Llevaba corbata, traje… Éramos superprofesionales. Dese cuenta de que allí no se vendían cafés. Las copas en La Palanca eran caras. Los camareros debíamos estar a la altura. Todo debía estar en su sitio, ordenado, impecable. En un bar, la gente va a hablar con el camarero; aquí, no. Venían a buscar un servicio. En realidad aprendí a ser un buen profesional.

Creo que también aprendió algo de un camarero compañero, que le sirvió de mucho.

Sí, Mario. ¡El gran Mario! Le he perdido la pista. Pero me dio una superlección. Consistía en hacerte una cena de puta madre en tu casa para ti solo. Con velas, buena comida y bebida. E incluso vestirte para la ocasión. Decirte: "Me lo merezco". Me parece un punto de vista extraordinario.

¿Lo sigue haciendo? No, ya no. Ahora siempre tengo compañía…

De Marisa, su pareja desde hace 10 años. Sí, sí. Yo solo he tenido dos mujeres en mi vida: las madres de mis hijos.

Padre a los 48…

La verdad es que al principio pensé: "Jaaaaaaal" [como la expresión de Chiquito de la Calzada], pero luego tuve una conversación con un tipo muy flipante, Felipe. Es algo así como un fisioterapeuta/chamán. Él me curó todos los dolores que tenía en la espalda. Y, mientras, me daba consejos. Uno de ellos lo interpreto como que viene una niña para mejorarme. Y eso me hace una ilusión de la hostia. Pienso que si puedo tener alguna oportunidad de mejorar va a ser con estas cosas. No voy a tener una situación tan buena para mejorar como persona. Es un pensamiento que me aporta mucha felicidad. Pienso en mi hija y digo: "Vienes a salvarme".

¿Cómo se va a llamar?

Coyote.

¿Cómo? [Risas]

Se llamará Marisa, como su madre, porque ella quiere llamarla así. Yo le he dicho: "Vale, como quieras tú. Pero yo siempre la llamaré Coyote". Me encanta ese nombre. No tengo una explicación, pero me encanta. Pienso que la voy a llamar Coyote y la quiero más. Yo vivo en un pueblo, en Gernika [Vizcaya]. Y vamos paseando Marisa y yo y la gente nos pregunta: "¿Y cómo se va a llamar la niña?". Yo digo: "Coyote". Entonces Marisa me riñe [risas].

Impresiones sobre su nuevo disco, ‘Huyendo conmigo de mí’: hay una querencia hacia el blues y es su primer disco con canciones nuevas en cinco años. Mucho tiempo...

Es que me cuesta mucho escribir, por eso tardo. A veces te suceden muchas cosas sin que pase nada. Y en cuanto al blues... me gusta mucho. En una canción digo: "Me gusta tanto el blues que toco rock and roll". No me siento músico de blues, pero hago guiños y me lo tomo en serio: quiero que suene profesional.

El nuevo disco tiene una letra muy social, 'Nada de nada'. No es habitual en su discografía este tipo de canciones.

He hecho muy pocas letras sociales o políticas porque caducan enseguida, pero esta vez no lo he podido evitar. Es que no encontraba el vocabulario perfecto para esta temática. Intenté hacer letras, pero nunca daba en la diana. Entonces pensé: "Si alguien me pregunta sobre lo que está pasando (Bárcenas, el paro...), sobre toda la mierda que lleva con nosotros estos años, ¿qué le respondo?". Entonces como respuesta se me ocurrió esta frase: "Dime si sonrío con la gravedad adecuada". Y a partir de ahí salió la canción. Realmente estoy diciendo que no me gusta nada lo que hay, pero con algo de disimulo. Además, musicalmente es un rock and roll festivo, que le quita gravedad al mensaje.

¿Y usted qué opina de Podemos, Fito?

Lo que me gusta es que salgan alternativas. No voté a Podemos, pero, claro que sí, hace falta gente nueva. En política me caen mal todos, pero si pienso en gente que me resulta más cercana... joder, Pablo Iglesias me resulta más cercano que Rajoy. Aunque solo sea porque lo que Iglesias dice se habla en el bar donde tomo café. Pero la política me sigue pareciendo horrible. Solo he votado una vez: a Izquierda Unida y para echar a Aznar. Así de claro. Yo ya tengo mis gurús, como Ray Charles. Yo hago rock and roll: no necesito a los políticos.

Usted estuvo en un centro de desintoxicación para tratarse. ¿Qué aprendió allí?

En realidad se trata del primer toque de atención que te dan. Que nadie se piense que por ir allí está todo el trabajo hecho. A mi sí me ayudaron un montón. De repente te plantean un problema que no reconoces que tienes. Empiezas a tener conciencia de que tienes un problema y que nadie te lo va a resolver. Tú te dices: "Ya, pero esto no es un problema, esto lo voy yo a llevar de puta madre". Y no.

¿A qué edad se empezó a drogar?

Pues tarde, ¿eh? Con unos 20 años... A beber, mucho antes.

¿Qué le diría a su hijo de 16 años si llega borracho a casa? ¿Ha ocurrido eso?

No, no. Es que no le interesa. Además, me imagino que, como ha visto en casa los resultados... [risas]. Están en otro punto. Se lo digo sinceramente: me encantan los chavales de ahora. Es que me dan mil vueltas. Yo creo que a mi hijo no le parece tan guay beber. Debe de pensar: "Si mi padre lo hacía no puede ser tan guay". Yo estaré para ayudar. Jamás le diré que se drogue.

¿Deja que sus músicos se droguen delante de usted?

Es que nadie lo hace… delante de mí. Me tienen respeto y son amigos. Yo soy drogadicto para el resto de mi vida, joder. Ellos lo saben y no quieren que vuelva a tener que luchar contra ello. No te voy a engañar. Si el médico me dijera: "Tú necesitas todos los días tres gramos de tal cosa", yo aceptaría, no me costaría. Pero no puedo. Me sienta fatal, no me deja trabajar, una resaca ahora es un mes de depresión. No podría trabajar. Pero tengo una visión liberal sobre las drogas. Y de todo en general, de las personas. No se puede vivir condenado a acertar siempre: es una condena demasiado dura. Te puedes caer un montón de veces. Hasta los 50 años te puedes caer un montón de veces. Porque te da tiempo a reordenar otra vez todo. Pero a partir de los 50 no puedes estar continuamente cayendo, porque ya es tarde, no te da tiempo a reaccionar. Todo está bien en su medida.

Entiendo que sigue sin drogarse desde hace más o menos 10 años. ¿Ni alcohol?

Puedo beber un chupito. Pero es que una cosa te lleva a la otra, así que intento no beber. No salgo mucho. ¿Por qué no salgo? Primero porque voy a cenar con dos amigos y los abandono, porque no paro de hacerme fotos y de hablar con fans. Y eso es normal y lo hago con gusto, ¿eh? Pero abandono a mis amigos. Y luego tampoco salgo porque mejor evitar al diablo.

¿Qué tal se lleva con su padre después de compartir trabajo en el prostíbulo?

Fenomenal. Tiene 92 años, pero está muy bien de salud. Solemos quedar todos los domingos, vamos a comer por ahí… Me pregunta por mi trabajo. Mi madre [están separados] es mucho más joven, setentaialgo. Tiene toda la energía del mundo. Es una gallega dinamita.

¿Por quién se cambiaría usted, Fito?

Estoy encantado con mi vida, pero alguna vez me gustaría ser más anónimo.