Eric Bana: "Mi hijo lo sabe todo sobre el terror"

El actor australiado se enfrenta al terror en 'Líbramos del mal'

El actor australiano Eric Bana. Foto: BRIAN BOWEN SMITH

El actor australiano Eric Bana. Foto: BRIAN BOWEN SMITH
Eric Bana, en un fotograma de ’Líbranos del mal’.

/

Se lee en minutos

IRENE CRESPO

Con un brazo apoyado en la ventana y la mirada fija en lo que pasa al otro lado de ella, Eric Bana grita: “¡Mira, mira!” y se vuelve para llamar a su publicista, que acababa de abrir la puerta de la suite de un popular hotel en Beverly Hills para que comenzara la entrevista. El actor australiano saluda amablemente a la periodista, sigue alucinado, con su brazo en alto, y extiende la invitación para que todos los allí presentes observemos el espectáculo de la calle. “Es Justin Bieber”, exclama. Justin Bieber saliendo de ese hotel y docenas de fans enloquecidas. Sus gritos, aún en un piso 11 y con la ventana cerrada, irán interrumpiendo la charla.

En la fama, como en todo, hay clases. Y Eric Bana se podía reír a gusto y hasta sorprenderse de una situación así, porque jamás la ha vivido. “Tengo un nivel cómodo de fama”, dirá más adelante en la entrevista. Hubo un momento en que casi se convirtió en el nuevo Tom Cruise o el nuevo Brad Pitt; pero no.

Fue a principios de la década pasada, cuando Ridley Scott le descubrió en una pequeña película australiana, la primera de un director neozelandés hoy muy apreciado en Hollywood (Andrew Dominik), sobre un criminal, rapero y escritor australiano, 'Chopper'. Un filme que tenía que haberse quedado dentro de las fronteras de las antípodas, pero que recorrió los pasillos de la meca del cine porque su protagonista, entonces “un tal Eric Bana”, se comía la cámara. Scott le conoció gracias a otro australiano, Russell Crowe, y le ofreció un papel en 'Black Hawk derribado' (2001), al que pronto siguieron 'Hulk' (2003), que no recuerda con especial cariño por las 140 tomas que Ang Lee le exigía a veces; y 'Troya' (2004), otro papel que consiguió gracias a 'Chopper'.

Ambas fueron probablemente sus movimientos más comerciales, que compensó con, probablemente hasta la fecha su mejor película: 'Munich' (2005), de Steven Spielberg. Los artículos que se escribieron sobre Eric Bana tras aquellos estrenos le colocaban en lo más alto del Olimpo de Hollywood. Pero él se negó a subir. Se quedó en su Melbourne natal, con su mujer y sus dos hijos, donde no ve el circo de fans y paparazis desde ninguna ventana.

El actor estrena 'Líbranos del mal', un thriller de terror en el que interpreta a un policía del Bronx, “en un viaje por liberarse de su pasado”.

¿Cómo se ve en esta película? Porque el terror es algo nuevo en su carrera.

Bueno, básicamente es un thriller con elementos sobrenaturales, así que aunque camina sobre esas claves del género de terror, no lo sentía muy extraño. En cualquier caso, soy un gran admirador del trabajo de Scott [Derrickson]. Me sentía en buenas manos.

Scott asegura que tuvo que convencerle.

No tanto [se ríe]. El guion me gustó desde el principio. Además, antes de leerlo, mi agente me hizo ver sus anteriores películas ('Sinister' y 'El exorcismo de Emily Rose'), una jugada inteligente, porque me daba el contexto. Me aseguró que un guión tan especial estaba en buenas manos. Porque en cuanto lo leí, pensé que no podría hacer esta película con un director primerizo. No me habría sentido cómodo. Por el género. Mi hijo ama este tipo de películas, las respeta mucho, sabe muchísimo.

¿Fue su hijo entonces quien le convenció para que hiciera la peli?

[Risas] Lo sabe todo sobre el terror. Es un gran fan de Guillermo del Toro, dibuja, pinta y escribe. Me ayudó a ver que los seguidores del terror se lo toman muy en serio. Por eso era fundamental que Scott supiera dónde nos metíamos. Cuando nos vimos por primera vez, tuvimos una conversación muy larga sobre el miedo, el cine... Cuando lees un guion siempre hay al menos cinco interpretaciones posibles de una película y quieres saber cuál es la del director. Cuando te das cuenta de que su interpretación es la más interesante posible, es lo mejor que te puede pasar. Y eso lo que sucedió con Scott: por su conocimiento y pasión por el género, me sentí muy seguro y confiado de lo que hacíamos.

¿Se considera muy selectivo? Porque es raro que haga más de una o dos películas al año.

Es cierto. No sé… Realmente me gusta mi trabajo, lo disfruto y estoy agradecido por todo lo que he tenido y tengo. Pero prefiero esperar hasta encontrar algo que realmente me gusta que hacer algo solo por dinero o por figurar. Además, vivo en Australia, está un poco lejos de esta ciudad. Es un viaje largo que hay que pensarse mucho [risas].

¿Nunca pensó en mudarse a Los Ángeles?

Vivo en Melbourne. Nunca se me ha pasado por la cabeza, no. Y tampoco es un problema para seguir trabajando.

Eric Bana interrumpe para preguntar. “¿Te importa si subo el aire acondicionado? Tengo comprobado que cuando hablo de esta película, sube la temperatura”, dice entre risas. Es una de las pocas bromas que se permitirá durante este encuentro. Extremadamente agradable y educado, Bana, que empezó como monologuista, es un cómico serio que solo pierde un poco los papeles cuando se le pregunta por su pasión real: los coches y las motos, la velocidad y las carreras. ¿Quizá por eso Hollywood no encuentre comedias para él y solo películas adrenalínicas ('El único superviviente', 'Star Trek'?

¿En el ‘set’ también subía la temperatura? ¿Es tenso rodar películas sobre exorcismos?

Fue tenso por el poco tiempo que tuvimos para hacer esta película. Y al mismo tiempo éramos un equipo al que le gustaba bromear. Fue una montaña rusa.

¿Cree en los exorcismos?

Creo que no puedes decir sí o no. Toda la investigación que hice antes del rodaje me abrió los ojos. Pasé mucho tiempo trabajando con Ralph, el policía en el que se basa mi personaje y que escribió un libro con todas sus historias, y también con Scott, que sabe mucho de estos temas. Lo que creía o no creía está mucho más desdibujado que antes de la película.

A la hora de interpretar a un personaje real, ¿ayuda conocer a esa persona?

A veces, como actor, dices: “Qué bien tratar con la persona que lo ha vivido, así le puedo lanzar mil preguntas y que me enseñe mil cosas”. Pero en este caso al segundo día me di cuenta de que no quería preguntarle nada a Ralph. Solo absorberle, conocerle, ver cómo le admiraban sus excompañeros policías del Bronx. Me gustó su compañía, teníamos cosas en común, a los dos nos gustan las motos… Pero casi nunca le hice preguntas específicas sobre el trabajo o las experiencias sobrenaturales que vivió: no me parecía apropiado.

¿Investigó entonces por su cuenta sobre exorcismos?

Sí, desgraciadamente. Vi vídeos que me horrorizaron y me cabrearon… Ojalá no los hubiera visto. No quiero entrar en detalles porque eran privados, pero estaba claro que esas personas estaban sufriendo. No pienso recomendar a nadie que los vea. Nadie debería verlos nunca. Durante una semana me asustaba cualquier ruido extraño que oía [risas].

¿Rodar esas escenas entonces tampoco debió de ser fácil, no?

La preproducción me asustó mucho más que el rodaje [risas]. De hecho, fue un alivio llegar al rodaje, con toda esa gente grabando lo que iba a pasar. Y Scott es genial, siempre abierto a ideas, muy bueno comunicando lo que quiere de los actores. Es mi tipo de director favorito.

¿Y qué tipo de actor es usted?

Soy bastante instintivo. Pero voy cambiando. A veces soy muy intuitivo y otras analizo mucho lo que tengo que hacer, pienso mucho hacia dónde tiene que ir el personaje.

Empezó como cómico, pero desde que trabaja en Hollywood la única comedia que ha hecho fue ‘'Hazme reir’, en 2009. ¿Por qué?

Así es como me ven, supongo. Me mandan más papeles dramáticos que cómicos. De vez en cuando recibo alguna oferta, pero no porque sea comedia y tenga ganas de volver a hacer una la voy a aceptar. Se trata de encontrar el proyecto adecuado.

¿Entonces está buscando una comedia?

Estoy abierto, por supuesto. Me encantaría. Pero la pila de proyectos dramáticos encima de mi escritorio es mucho más alta que la de comedia. Tendré que esperar.

De alguna forma, comedia y terror se parecen, ¿no cree?

En ambos es fundamental controlar el tiempo y el ritmo para que funcionen, sí.

¿Tal vez por eso se sintió a gusto en esta película?

No lo había pensado. pero es cierto. Muchas comedias se basan en liberar tensión y con el terror es parecido. Crear tensión para provocar miedo, luego soltarla y entonces asustarles. Es muy rítmico y lo importante es el tempo. Justo lo que pasa en la comedia.

Hace poco dirigió un documental, ‘Love the beast’, sobre su pasión por los coches. ¿Cómo se sintió tras la cámara? ¿Le ha entrado el gusanillo?

Fue una locura, pero muy satisfactorio. Me gustaría hacerlo otra vez pero sin prisa. No voy leyendo guiones de otra gente y diciendo: “Debería dirigir esto”. Creo que si vuelvo a hacerlo tiene que ser una historia mía. Me gustaría escribir algo algún día.

¿Le dejan tiempo las carreras?

[Risas] Sí, a eso me dedico cuando no trabajo. Participé en una el mes pasado en Australia y fue muy bien. No tuve ningún accidente y acabé.

Gustándole tanto, ¿por qué nunca ha hecho una película de carreras? ¿Un ‘Fast & Furious’, por ejemplo?

Me volvería loco. [Risas] No tendría control. Sería muy frustrante. Porque si lo haces realmente como yo lo hago, lo último que querrías es fingir delante de una cámara, los movimientos, trabajar con un especialista… Me volvería loco.

¿Cuántos coches tiene?

Unos pocos [risas]. No tantos, no tantos.

Última pregunta, anuncian. Mientras, por los gritos que llegan de fuera, parece que Justin Bieber ha regresado al hotel.

Te puede interesar

El hecho de que haga pocas películas al año y que no se haya mudado a Hollywood se ha llegado a interpretar como que nunca terminó de ser la estrella que se esperaba, tras protagonizar ‘Hulk’, ‘Troya’ y ‘Munich’. ¿Usted lo ha sentido así?

No, nunca lo he pensado en esos términos. Por el contrario, me siento muy afortunado y creo que la gente que piensa eso no sabe lo milagroso que es estar trabajando como actor, lo increíble que es estar aquí. Es muy difícil para cualquier persona simplemente trabajar como actor a tiempo completo. Me sentiría ridículo diciendo: “¡Oh, no lo conseguí!”. Sería propio de alguien muy ignorante. Soy muy feliz con lo que hago y lo que tengo. No envidio a nadie. Tengo un nivel cómodo de fama.

Temas

Dominical