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Lidia Guevara: un viaje hacia la luz

La cantautora ha salido de la oscuridad en la que la sumió la muerte de su hermano, hace dos años, con un disco luminoso, 'Héroe del universo', que es a la vez terapia y homenaje

IMMA MUÑOZ

Lidia Guevara: un viaje hacia la luz

ALBERT BERTRAN

El nuevo disco de Lidia Guevara'Héroe del universo', logra un pequeño milagro: condensar en menos de una hora el largo proceso de duelo que llevó a esta cantautora barcelonesa de la desolación a la esperanza. De la más terrible de las oscuridades a la luz. La muerte de su hermano mayor, Gabriel, su referente, su héroe, hundió los cimientos de su vida, y solo las ganas de cumplir la promesa que le había hecho años atrás, cuando el cáncer pisoteó los planes de ambos, le dio fuerza para levantarlos de nuevo. "No es solo un disco de homenaje: también es un disco terapéutico. Ha sido una ayuda en un momento en el que quería dejar la música, en el que no quería vivir. Cuando mi hermano luchaba contra la enfermedad, le dije que me estaba demostrando que era un héroe, y que mi próximo disco sería para él. Así que me aferré a su legado, a la motivación que él siempre ha sido para mí", explica.

El resultado es un disco sentido, llorado, sufrido, pero no triste. "Él era una persona muy positiva, así que no podía serlo. Las primeras canciones que escribí eran muy duras ('Hueca', 'Aprender a levitar', 'Naufragio en el sofá'), pero cuando puse en marcha el 'crowdfunding' y vi cómo iba avanzando, el apoyo de la gente, empezaron a llegar canciones más optimistas, como el single, 'No voy a llorar", continúa.

Libertad creativa

El 'crowdfunding' es un concepto clave en la carrera de esta cantautora. Es, de hecho, lo que le ha permitido considerarse cantautora y artista. Lidia Guevara había hecho de todo para poder dedicarse a la música: mandar montones de maquetas que acababan en el fondo de un cajón, poner voz a temas de baile, hacer coros a triunfitos... Por eso aceptó la oferta, en 2007, de entrar a formar parte de Banghra, un grupo español que pretendía aprovechar la moda de la danza del vientre. "Creí que podría escribir canciones para el grupo, y me lo tomé como un reto: aprendería a bailar, que no se me da muy bien, haría contactos... Pero acabé con una crisis existencial. Entendí lo fácil que es que te manipulen, y en el arte eso es lo último que puedes permitir. El arte es algo intrínseco, sale de ti. Y si te dicen cómo tiene que ser, ya no es arte", proclama. Así que consiguió la carta de libertad y decidió empezar de cero.

"Colgué mis canciones en Internet y me inscribí en el proyecto de crowdfunding Apadrina a un artista. Allí conseguí los 12.000 euros que necesitaba para el disco. Ni yo me lo creía". Con ese álbum, 'Memoria de elefante' (2011), sonó en las radiofórmulas, ganó premios y una multinacional llamó a su puerta. "Iba a editar este disco con ellos, pero empezaron a opinar demasiado sobre mis canciones, y para mí eran intocables. Rompí el contrato. 'Si estoy escribiendo sobre un héroe, me toca ser una heroína', pensé. Y me la jugué de nuevo con el 'crowdfunding'. Necesitaba 15.000 euros, y no era fácil, con la competencia que hay hoy. Pero lo logré y en marzo salió el disco".

Público comprometido

La clave estuvo en la fidelidad de su público. Lidia Guevara hace muy buenas migas, en lo artístico y en lo personal, con cantautores como Dani FlacoRafa PonsMarwan y Rozalén, artistas que, pese a lo universal de su propuesta, se mueven aún en un circuito minoritario. "Hacemos canción de autor, que busca muy adentro y no quiere maquillajes. La tendencia actual es la música de consumo rápido. De baile, de desinhibición, de evasión. A mucha gente no le gusta enfrentarse con lo que de verdad siente, que es lo que abordamos nosotros. Tal vez por eso nuestro público es menor. Eso sí, está mucho más comprometido con nuestros proyectos", argumenta Guevara.

A ella, el suyo no ha dejado de darle las gracias por este disco. "Creo que es un trabajo que llega a todo el que ha sufrido una pérdida. Yo quería mandar un mensaje de superación y fortaleza, lo que a mí me inculcó mi hermano, a la gente que está viviendo lo que yo viví. Y también a la que ha perdido otras cosas: un amor, un trabajo... Hay que vivir buscando la felicidad. Y, si te ponen obstáculos, tómatelos como trampolines: te impulsan, te hacen más fuerte".

En uno de esos saltos, su hermano se calzó unas alas de colibrí, como canta Guevara con Marwan en la canción que lleva el nombre del ave. "Colibrí', como 'Payaso supersónico', vienen con historia: cuando mi hermano estaba enfermo, jugábamos con las palabras para entretenernos. Un día le planteé: 'A la de tres, dime lo primero que se te pase por la cabeza'. '¡Colibrí!', exclamó él. '¿Colibrí?'. '¡Payaso supersónico!' Nos reímos mucho, porque no tenía ningún sentido, y le dije que serían títulos de canciones del disco. Después pensé que él, aunque siguiera haciéndonos reír a todos, como el payaso, debía de llorar por dentro. Gabriel sigue hoy aquí, y es supersónico porque viaja más deprisa que la luz. Él mismo es ahora luz".

Prueba de madurez

Entre su debut, 'Memoria de elefante', y este 'Héroe del universo', hay un abismo de madurez. Y no solo porque bordear los 32 y la experiencia vivida han hecho crecer sus letras, sino porque el sonido, gracias a la producción de Jordi Bastida ("mi guitarrista y amigo") es mucho más intenso y definido. "Es el sonido del alma —dice ella—. Aunque no he inventado nada: pop con influencia anglosajona y mucha guitarra. Lo único que quiero es emocionar a la gente, que creo que es lo que mejor sé hacer".