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Conozca a Joaquín Cortés como la palma de su mano

Le leemos la mano al bailaor 'celebrity', que el próximo 29 de mayo vuelve al Teatre Tívoli con una nueva superproducción flamenca con ramalazos de jazz: 'Gitano'

ANA SÁNCHEZ / Barcelona

DE ANTEMANO

Arrastra desde hace 20 años el adjetivo de ególatra. Quizá porque tira de currículo sin la modestia de cortesía. “Con 22 años me codeaba con las 'top models', los grandes de la música, como los Rolling, U2, Madonna –dice de carrerilla–, porque revolucioné la danza en el mundo entero”. Puede sonar a fanfarria, pero no. En él, suena más a justificación. “He sudado lo que no está escrito y sigo sudando”, dice acto seguido.

Joaquín Pedraja Reyes Cortés. 45 años. Empezó a bailar con 12. Pasó a ser 'celebrity' oficial a los 22. Ha levantado polvareda mediática tanto por sus taconeos de fusión como por su rastro de víctimas como 'latin lover'. Ha bailado en los Oscar, los Grammy, la Casa Blanca, con Pavarotti, Jennifer Lopez. Michael Jackson le pidió que le enseñara unos pasos. Y sigue sin hablar inglés. En persona, da impresión de antidivo. Híper sonrisa y amabilidad abrumadora. La misma cercanía que supura en su nuevo espectáculo. Es su octava “historia”, que dice él: 'Gitano', flamenco clásico-jazz que arranca todos los oles que uno lleva dentro. Superproducción marca Cortés: bien arropada (atención a los músicos y a las dos bailaoras). Tras elegir Barcelona para su estreno mundial, el pasado 2 de mayo, vuelve al Teatre Tívoli del 29 de mayo al 1 de junio.

Cortés desmiente que se crea Dios, aunque en su compañía dicen que es omnisciente. Perfeccionista. “Yo creo mucho en la disciplina”, confiesa. Da fe su anecdotario: ha bailado 35 minutos con un clavo en el talón. Hombre familiar con querencia a llenar la casa de gente. Cortés no reniega de vanidad. “No hay ningún artista que no sea vanidoso”. Cabezota, pasional. Coqueto. “Soy cortés, como mi apellido”. ¿Que a qué tiene miedo? “Yo tengo mucho respeto a la muerte”, confiesa.

VIDA

¿Es otro que tal baila?

Siempre digo: “Que me quiten lo bailao”. Por lo que he dejado ya: mi obra fue nombrada Patrimonio Universal de la Unesco.

Cortés. Se da por hecho que no quita lo valiente. 

Cortés y valiente. Soy de todo o nada.

Tiene que hacer muchas piruetas para llegar a fin de mes. 

Uf. No se puede ni imaginar [se ríe].

¿No es millonario? 

Qué va. Ya me gustaría ser millonario y tener un yate ahí aparcado.

Yate no, pero sí varias casas. 

Tampoco se crea.

Y algún deportivo. 

No. Me lo prestan todo.

¿Tiene el ego tan descomunal como dicen? 

La gente que me conoce sabe que soy una persona muy llana. Pero los medios en España siempre me han querido poner de divo. Yo no soy así. 

Le entrecomillaban frases del tipo: “Dios solo hay uno y me apoya”. 

Pero yo no soy argentino. 

¿Eso qué significa? 

Que los argentinos son amigos de Dios, es su colega. Yo no me considero así. Yo siempre he peleado por lo mío. Tengo una carrera... No sé... El primer español que bailó en los Oscar, en los Nobel de la Paz...

¿Nunca se le ha ido la cabeza? 

No. Te cuesta digerir lo que te pasa. Evidentemente, no es lo mismo una persona con 22 años que con 40.

Uno se puede endiosar. 

Sí, pero si fuese así, no seguiría donde estoy. Llevo 23 años a ese nivel.

¿Cuántas veces se mira al día al espejo?

Aunque le suene a coña, cuando me afeito, porque no tengo más remedio. Y mire qué barba llevo.

Casi se muere. 

Varias veces. Una vez estuve en coma cinco horas. [Es alérgico a la penicilina].

¿Vio un túnel con luz? 

Sí, sí. Vi un túnel. Vi la luz blanca esa, que yo me la tomaba a coña. Tenía 22 años. No entré en el túnel. Volví.

No es la única vez que ha estado a punto de morir. 

La última fue de la forma más absurda: en casa de un amigo. Me dio un café y empecé a deformarme como el hombre elefante. La cápsula tenía algún derivado de la penicilina.

¿Alguna cicatriz visible, aparte de los callos de los pies? 

[Enseña el codo]. Pegué un salto a lo bestia y me comí la caja de un extintor. En otro teatro me caí al foso: cuatro metros de altura.

¿Cicatrices de las que no se ven? 

No lo sé... No. 

¿Ha llorado? 

No sé exteriorizar las lágrimas. He llorado contadas veces y en ocasiones muy dramáticas. Familiares. Pero no me ha visto nadie.

¿Nadie? 

No. Soy un poco raro.

Una vez contada: la muerte de su madre. 

Mi madre y mi abuela materna, que también me crio. Se murió mi abuela y al año se murió mi madre. Fue una etapa muy oscura en mi vida. 

Se recluyó tres meses. 

Sí. Me encerré en su cuarto. Lo pasé muy mal. Pero eso pasó hace cinco años. Aunque no lo voy a superar nunca.

¿Duerme del tirón? 

No. No duermo mucho. 

¿No tiene la conciencia tranquila? 

Que yo sepa, sí. A día de hoy [sonríe]. No he robado, no he matado a nadie.

Cristiano ejemplar.¿Tampoco miente? 

No lo sé. 

A alguna mujer habrá mentido. 

[Se ríe] Mentiras piadosas siempre. Eso lo hacemos todos.

¿Qué le falta? 

¿En la vida? Me levanto todos los días dando gracias a Dios.

TRABAJO

Dijo que se retiraría a los 33, como Jesucristo. 

Y llevo 33. Es una premonición [se ríe].

Usted fue crucificado mucho antes. 

Fui crucificado y me han tentado con películas rollo Biblia. Han querido que montara 'Jesucristo Superstar' 200 millones de veces.

Murió de éxito y resucitó. 

Soy como el ave fénix, resurjo de mis cenizas. 

¿No sabe lo que es el fracaso? 

Yo noto la presión de “ay, a ver si tropieza ya”. Si mañana tengo un problema, se va a alegrar muchísima gente.

¿Sí?

No ha pasado, pero me puede pasar. Estoy preparado para un fracaso. No creo que sea el declive de tu vida. Si has tenido siete éxitos y tienes un fracaso, luego quizá venga otro éxito.

¿Se considera un genio? 

Nooooo. Me siento un afortunado. La vida me ha ido bien. Evidentemente, no voy a ir con la falsa modestia de “no he hecho nada”. Porque es mentira. 

Tiene una calle. 

Plaza [en Estepona]. Y tengo el día de Joaquín Cortés en Miami Beach.

¿Qué día? 

El 9 de noviembre. 

¿Y qué hace Joaquín Cortés en su día? 

Pues no lo sé, donde me pille. Algún día haré un concierto en Miami en medio de la calle.

AMOR

Dicen que ama mejor que baila. 

No he sido yo el que lo ha dicho [se ríe]. 

¿Es verdad? 

No sé. 

Elle Macpherson le llama “sexo con patas”. ¿Algo que añadir? 

[Se ríe] No tengo nada que añadir.

Está seguro de que en otra vida fue un caballero. 

Caballero de época.

Con armadura. 

No sé, porque pesa mucho. 

En el amor sí lleva armadura. 

De las buenas [se ríe]. Todos tenemos momentos en los que abrimos el corazón y nos dejamos llevar.

¿Se ha dejado llevar muchas veces? 

Me he dejado llevar. Lo importante es amar, no ser amado. 

¿Ahora tiene la armadura abierta o cerrada? 

Mi pijama ya es una armadura de por sí [se ríe].

¿Lo más loco que ha hecho por amor? 

Uf. No le voy a decir lo típico de “cierro un restaurante entero para ti y una playa para luego bañarnos”.

¿Ha cerrado un restaurante? 

Hombre, alguna vez. Cuando era joven [se ríe]. 

Usted es muy intenso, dicen. 

Sí. 

¿Fiel? 

Lo intento. Es difícil, pero lo intento. 

Su lista de ex novias es modélica. 

Modélica [repite sonriendo]. Márketing.

¿Qué les da? 

No lo sé, de verdad. Siempre me he considerado un patito feo. Desde niño. 

¿Aún le preguntan por Naomi Campbell? 

Ya no tanto. Al principio, sí. Acabé muy cansado. Estabas en la cama, te asomabas y veías un paparazi. ¡Dejadme hacer el amor tranquilo!

¿En el amor sigue teniendo la negra? 

No. He vivido historias muy bonitas.

Dijo hace 20 años: “Espero tener un día una familia numerosa”. 

Siempre lo he dicho. Me encantan los niños.

¿Cómo lo lleva? 

Fatal [se ríe]. Estoy en ello, en la búsqueda.

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