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Romain Puértolas: el embrujo del faquir

El escritor francés de origen español se ha convertido en un fenómeno de ventas en su país con 'El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea'

IMMA MUÑOZ

Romain Puértolas: el embrujo del faquir

JOAN CORTADELLAS

La novela revelación del otoño literario francés no se escribió en ningún café parisino, ni en ninguna buhardilla a lo Verlaine, ni en un escritorio macizo estilo Luis XVI. La novela revelación del otoño literario francés se escribió entre los traqueteos de un cercanías atestado en hora punta, en mensajes de móvil que su autor, Romain Puértolas (Montpellier, 1975), se enviaba a su correo personal para revisarlos y ordenarlos al final del día, cuando acababan sus obligaciones laborales y familiares. Así, a cachos en una pantalla de 'smartphone', en post-its pegados aquí y allá y hasta en envoltorios de caramelos, se gestó 'El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea' (Grijalbo), el libro que ha catapultado a este autor hasta entonces desconocido a lo más alto de las listas de ventas en Francia.

"La novela salió en agosto, se encaramó al número 1 dos o tres semanas y ha permanecido siete meses entre las diez primeras", cuenta Puértolas con la edición española del libro, aparecida el pasado mes de marzo, aún calentita entre las manos. Lo hace en un castellano perfecto, porque sus vínculos con España son múltiples, como ya permite aventurar su apellido. Es nieto de maños, está casado con una granadina, consiguió su primer empleo serio en Barcelona y sus primeras cartas de rechazo editorial llevan matasellos de Madrid. "Vivía allí cuando me lancé a escribir las primeras novelas de verdad, en 2005. Siempre había escrito, desde que tenía apenas 5 años, pero hasta entonces no había pasado de historias de dos páginas", explica.

De esa vocación tan temprana responsabiliza a su padre, militar, que le leía muchísimas historias que cabalgaban entre la realidad y la ficción y le inculcaba el espíritu aventurero. "Me compraba libros de Julio Verne que estimulaban mi deseo de salir de casa y ver mundo. Y eso es lo que hice en cuanto tuve edad: vivir en varios países, aprender idiomas, conocer otras culturas y ejercer muchas profesiones". Profesor de idiomas en Barcelona ("mi primer trabajo de adulto: hasta entonces malvivía como 'discjockey' en Francia, para desesperación de mis padres"), auxiliar y coordinador de vuelo en el aeropuerto de El Prat, trabajador de Aena en Madrid, encargado del mantenimiento de máquinas tragaperras en Brighton, policía de fronteras cuando volvió a su país. Y, tras haber vendido 300.000 ejemplares de su libro en Francia y los derechos a 36 idiomas, ahora, por fin, escritor.

Un cuento de hadas

"Esa palabra igual es un poco grande, pero sí soy autor. Escribo historias y puedo vivir de ello. Tengo lectores. En toda mi vida había tenido tres: mi mujer y dos amigos. Ahora tengo unos pocos más en varios países –sonríe–. Ha sido una historia extraordinaria, como si yo mismo estuviera viviendo lo que he escrito en mi novela".

Lo que ha escrito es, en sus propias palabras, "un cuento de hadas": la historia de Dhjamal Mekhan Dooyeghas, un faquir que se desplaza desde su humilde pueblo de la India hasta París para comprarse una cama de clavos en Ikea con la que seguir estafando a sus vecinos y que, tras quedar encerrado en un armario expuesto en el establecimiento, pasará por Londres, Barcelona, Roma, Trípoli y de nuevo París en un viaje que tiene tanto de disparatado como de iniciático. Por el camino, el faquir se convertirá en escritor y conocerá el amor verdadero. ¿La literatura como redención? "Bueno, la literatura tenía que estar, porque forma parte de mí, es mi pasión desde que soy niño... Pero lo que yo quería era que el personaje evolucionara, que pasara de ser alguien que ve en los demás solo un billete de banco a ser una persona bondadosa, porque es un ser humano y yo sé que todos los humanos, hasta el peor monstruo, tienen una parte buena", responde Puértolas.

A encontrar ese camino le ayudan los distintos personajes con los que se va cruzando, especialmente el grupo de inmigrantes clandestinos que intentan colarse ilegalmente en Londres, tras un infernal viaje desde Sudán. Esos hombres a los que ni el cansancio ni el miedo han arrebatado el empuje y la esperanza son los que le permiten hablar del drama que subyace tras tanta carcajada: la falta de humanidad de un sistema que trata infinitamente mejor a las mascotas del primer mundo que a las personas del tercero.

Altas dosis de crítica

"Yo he vivido la parte bonita y fácil de la inmigración, la del europeo que es bien recibido en todos los países a los que va. En Francia trabajé en Extranjería, fui analista de flujos de inmigración ilegal: estudiaba por dónde pasaban, cuánto pagaban a las mafias... Hacía análisis objetivos de todo eso. Aquí me he ido al otro lado, a la subjetividad: me he metido en la piel y en la cabeza de los clandestinos. Y, si yo hubiera nacido en Sudán, haría lo mismo que ellos”, dice poniéndose muy serio. Aventurero como es, considera que estas personas son los verdaderos aventureros del siglo XXI. "Ahora, con los satélites, conocemos cada centímetro cuadrado del planeta. Nada que ver con los mapas antiguos, en los que se ve la mitad del mundo que conocemos y la otra mitad aparece como 'tierra incógnita'. Ahí había aventura. Ahora ya no la hay más que para estas personas que van a pasar las fronteras de forma ilegal, sintiendo en la tripa la angustia de que les puedan pillar y devolver a sus países", reflexiona.

Así que sí, tras las hilarantes situaciones que se plantean en la novela hay elevadas dosis de crítica. Al simulacro de libertad en el que vivimos, ejemplificado a la perfección por la imagen de las rayas amarillas en el suelo de Ikea indicando el camino a seguir y los francotiradores apostados en lo alto de los armarios. A la fiebre por el consumo. "Nos manipulan para que compremos. Eso he querido decir. Sin criticarlo mucho, solo exponiendo mi vivencia, lo mucho que me sorprende que lugares que no han conocido la dictadura, como Suecia, tengan la actitud dictatorial de marcarnos un itinerario del que no podemos salir. Vivimos en una dictadura del consumo y las marcas en la que si no tienes el último iPhone, eres un pringado. Quería evidenciarlo con simpatía. No denuncio nada nuevo: solo le doy otro envoltorio. No soy ningún revolucionario: yo también me anclo a esta realidad y sucumbo al consumismo. Pero soy muy consciente de ello", concluye.

Escrito en una camisa

Pero decíamos que 'El increíble viaje del faquir...' es un cuento de hadas, y hay un momento en el que la imaginación de Puértolas se eleva un par de kilómetros por encima del suelo: la cita con el editor al que Dhjamal logra vender su primera (y única) novela. 100.000 euros por un relato a medio terminar escrito en una camisa. ¿Algo que ver con su experiencia con el mundo editorial? "Nada. Ese episodio, en realidad, fue una recompensa para mi personaje. Y para mí. Pensé: 'Voy a vivir a través de él el éxito que no tendré'. Al fin y al cabo, yo soy Dios en mi relato, así que yo hago que las cosas sean como yo creo que tendrían que ser. Total, si no lo iba a leer nadie...", dice. Pero el éxito saltó del papel a su vida, y lo han acabado leyendo varios cientos de miles de personas.

Como homenaje a ese sueño hecho realidad, que era a su vez un homenaje a su forma de escribir –ese a salto de mata creativo que le lleva a decir que él no escribe "en el ordenador" sino "en la vida: en la calle, de viaje..."–, Puértolas se ha hecho confeccionar una camisa en la que está escrito, palabra por palabra, el texto de la novela de Dhjamal. Fíjense en la foto: la lleva puesta. Y, pese a lo que significa para él, sería capaz de emborronarla si no encontrara otra superficie sobre la que plasmar sus ideas.

"Yo no paro de escribir. De hecho, ya he acabado la próxima novela, que saldrá en Francia a principios de 2015, con el mismo editor [Le Dilettante], y ahora estoy escribiendo cinco a la vez, y luego elegiré la mejor. Porque yo escribo un libro en un mes, aproximadamente, así que ¿qué hago con el tiempo que me sobra? Pues escribir", dice. Novelas y un guion, pues el faquir llegará al cine y él es uno de los encargados de la adaptación. "Uf, pero tardará. El cine es muy lento". Tiene prisa. ¿Y vértigo? "Bueno, siempre da un poco de vértigo pensar qué pasará con la próxima, después de tanto éxito. Pero yo voy a hacer lo que siempre he hecho: escribir lo que me gusta y no adaptarme a los demás. Si lo hubiera hecho, el faquir nunca habría existido. Mi novela es un ovni en la literatura francesa", asegura. Bienvenidos sean, entonces, los marcianos.