25 sep 2020

Ir a contenido

ENTREVISTA CON LA FOTÓGRAFA

Colita: "He tenido mucha suerte. Nací con una flor en el culo"

La Pedrera expone la primera retrospectiva del trabajo de la fotógrafa

MÒNICA TUDELA

Entrevista con la fotógrafa Colita para ’Dominical’. / MÒNICA TUDELA

Colita vive en una casa de una calle tranquila del barrio de Sants, en Barcelona. En la puerta metálica gris, una pequeña placa anuncia a qué se dedica. “Colita. Fotografía”. Otros cartelitos, cerca del timbre, son de otro estilo: “Chien gentil. Maître lunatique” (perro bueno. Dueño lunático). Pese a este aviso, uno puede atreverse a llamar sin problemas. Isabel Steva (Barcelona, 1940), que así se llama esta mujer, probablemente le reciba de buen grado. “Pasa, pasa. Y cierra la puerta, que no se me escapen los gatos”, saluda.


Se acomoda tras la mesa del despacho, se arregla un poco el pelo y desconecta el teléfono para que nadie llame durante la charla. Admite que las entrevistas le dan “una gran pereza”, pero añade: “Vamos allá. Que cuando empiezo a hablar no paro”. La excusa para hablar con ella es la retrospectiva Colita. ¡Porque sí!, que el próximo martes se inaugura en La Pedrera de Barcelona (hasta el 13 de julio) y que, por primera vez, repasa toda su carrera.

Hay dos tópicos sobre Colita. El primero dice que es usted una señora que siempre hace lo que quiere y que, además, es muy malhablada. 

[Risas] ¡Qué tópico tan simplón y primario! Me parece que no. Soy malhablada, pero no ordinaria. No tengo por qué justificarme, me sale así. Es una forma de expresarme. Intentaré no decir ningún taco para que la gente no se ría.

Pero sí que hace usted lo que quiere. 

No es verdad. ¡Ojalá pudiera! Soy una persona muy trabajadora. He intentado toda mi vida ser libre, hacer lo que creía correcto y vivir de forma sencilla y de mi trabajo. He intentado relacionarme con gente que me divierte y me interesa. Vivo feliz, sí, porque he conseguido vivir de lo que me gusta. Además, he nacido en un siglo y en un país que me han ayudado. Si llego a nacer en la India, como puedes comprender, en este momento estaría pasando muchas desgracias.

El segundo tópico asegura que Colita es la fotógrafa de la Gauche Divine.

¡Buaaaa! [Risas].

¿Es ese un peso muy grande?

No, ni mucho menos. Es divertido, pero, mira, empecé a hacer fotos en 1962, con flamenco, baile, cante. De ahí salió el libro Luces y sombras del flamenco. Fui la fotógrafa de la Escuela de Barcelona de cine, luego de la Nova Cançó. Me he ido adaptando a todos los tiempos. He tenido olfato. Hice mucha foto editorial, retrato, entrevistas con Ana María Moix, trabajé en prensa, en Tele/eXpres, Fotogramas, Interviú... No soy solo la fotógrafa de la Gauche Divine. Cuando me preguntan: “¿Tú qué eres?”, yo digo: “Soy fotógrafa periodista”. Lo que me ha interesado siempre es el periodismo y lo he practicado muchos años.

Quizá después de su retrospectiva en La Pedrera la gente la verá de otro modo.

Depende de la prensa. Como siempre os agarráis a lo mismo, para no trabajar... Decís: “Esto me suena, pues venga”. Si consigo que la prensa vaya a la exposición y haga funcionar la neurona, quizá me suban un poco de categoría y dejen de verme como la fotógrafa de la Gauche Divine. ¡Yo qué sé! ¿A mí qué me cuentas? Yo ya sé lo que he hecho.

También es habitual relacionarla con nombres como los del cantautor Joan Manuel Serrat, o la bailaora Carmen Amaya, a quien retrató en repetidas ocasiones. ¿Quién más ha marcado su carrera, además de esos personajes más conocidos? 

Mi maestro, quien me introdujo en la fotografía, fue Paco Revés, el descubridor de La Chunga. Todo el mundo cree que fueron los fotógrafos Oriol Maspons o Xavier Miserachs, con los que trabajé y compartí amistad, pero no. Paco Revés fue un gran descubridor de talentos y a mí me dio el primer trabajo remunerado: hacer los gitanos que salían de figuración en Los Tarantos. Me pagaba 50 pesetas la foto. La segunda persona que me pagó por hacer fotos fue Carmen Amaya. Entonces pensé: “Con lo que me gusta hacer fotos y encima me pagan. ¡Esto es lo mío!”. He tenido mucha suerte, de verdad. Lo mío es nacer con una flor en el culo. Cuantos más años pasan, más me doy cuenta de que la flor que tengo en el culo es cada vez más y más grande. ¡Enorme!

La muestra de la Fundació Catalunya La Pedrera incluye un centenar de imágenes, revistas, carteles y discos que repasan las distintas facetas de su carrera como retratista y periodista, pero también buscan reconstruir su universo más personal, con su mirada y su sentido del humor. La idea de recopilar los 50 años de trabajo de Colita la tuvo Laura Terré, hija del fotógrafo Ricard Terré. Ella es la comisaria de la muestra y amiga de Colita de toda la vida.

¿Qué veremos en la exposición? 

Algunos de mis trabajos más conocidos, pero también cosas nuevas. Hay fotos que se publicaron en su tiempo, pero que no se han vuelto a ver. No voy a desvelar mucho porque así hago que la gente vaya y lo vea. Lo único que he exigido, he pedido y he llorado para que lo pongan son sillas para sentarse.

¿Perdón?

Sí, sí, sillas. Estoy cansada de ir a exposiciones en las que acabo muerta. Los últimos metros los galopo para irme al bar a tomar un café. En una exposición la gente se tiene que sentar. Como en el Museo del Prado, que hay asientos.

¿Le han hecho caso? 

Sí. Como ya estoy en eso que llaman la tercera edad, agradezco mucho que me dejen sentar de vez en cuando, porque si no se me parten las rodillas. ¿Comprendes? Después de llevar tanto peso encima toda la vida, todos los fotógrafos tenemos la espalda y las rodillas hechas polvo.

Mobiliario aparte, explíquenos algo de sus trabajos menos conocidos.

Me encasillan con la Gauche Divine y el flamenco, pero he hecho muchas más cosas. Entre lo nuevo habrá muchos temas de prensa, algún reportaje glamuroso y también fotos de mi última época, de cuando aprendí cómo funcionaba Photoshop e hice algunos fotomontajes. Se trata de Bestiario, un trabajo que incluye fotos que tienen hasta 12 y 14 horas de retoque. También se verán Las confesiones de una diva, de Ángel Pavlovsky.

¿Se vería usted ahora colaborando en un diario?

¡No! [responde rápido]. No tengo edad para luchar por el trabajo de la forma en que se hace hoy en los periódicos. Con Internet la prensa ha cambiado a velocidad de vértigo. Quizá en un diario digital, sí. Ahora no tengo ganas de hacer fotos. Tengo ganas de repasar y ordenar mi archivo. Después de 50 años de fotógrafa, me merezco que me dejen en casa con mis gatos, tranquila y en paz.

Repasar su archivo ya debe de ser un trabajo en sí mismo.

Es un trabajo diario, porque tengo mi archivo aquí, con una selección de temas y personajes, pero también tengo mucho material en otros archivos: el Nacional de Catalunya, el Arxiu Municipal, la Filmoteca de Catalunya, el Institut del Teatre. Para la exposición de La Pedrera hemos tenido que ir a muchos de estos sitios a pedir fotos que necesitábamos. Un archivo como el mío da mucho trabajo, porque he tocado muchos temas. Además, hay cosas que no las tengo y no me acuerdo de dónde están.

¿Cómo se le queda el cuerpo cuando se pone a mirar su trabajo de tantos años? 

El cuerpo se te queda a veces bien y a veces mal, porque tienes que repasar personajes que ya no están contigo, que han sido amigos tuyos, importantes en tu vida. Y eso duele, duele cada día y duele todo el rato. Y después tienes la gran satisfacción de haber retratado a tus amigos, tu país y tu historia. Me refiero a la historia sencilla, del día a día. No he ido nunca a la guerra del Vietnam, ni pienso irme a ninguna guerra. Yo la guerra la hago aquí, cada día. ¿Comprendes? Hice alguna incursión en el extranjero, en Colombia, Cuba, Checoslovaquia, pero de forma puntual. Mi trabajo es Barcelona y Catalunya, por supuesto.

No dice usted España. 

No. Tengo la sensación de que esta España me rechaza. Añoro la España de los 70, cuando la gente venía de excursión desde Madrid para ver Catalunya y la Costa Brava y comprarse un libro en Perpinyà. Ahora podrían hacer lo mismo, porque hay un Gobierno de derechas tan espantoso que podrían repetir. ¡Que vengan para acá! Hablando en serio, he hecho fotos muy bonitas en España y me gustaría continuar haciéndolas sin tener que enseñar el pasaporte. ¿Comprendes? Espero que todo este asunto se solucione por la vía civilizada, como somos los catalanes: gente civilizada. Para mí, que Catalunya sea o no independiente es secundario. Se hará lo que decida la mayoría.

Siempre dice que se siente barcelonesa y, después, catalana. 

Barcelonesa, desde luego. No concibo vivir en otra ciudad que no sea Barcelona. Amo esta ciudad desde que nací. Mi padre era ingeniero, jefe de agua y luz del Ayuntamiento de Barcelona. De pequeña salía con él a visitar los monumentos iluminados por la noche. Él me enseñó a amar Barcelona porque era el primer enamorado de la ciudad. Además, me regaló una cámara fotográfica.

¿Su amor por la ciudad sigue intacto con el paso de los años?

La quiero igual, pero han pasado muchas cosas. Gente muy desagradable, con muy mal gusto, que ha arrasado la ciudad. Pero, a pesar de todo, esta es una ciudad que no puedes comparar con nada. Sigo amando a esta ciudad, aunque a veces la lloro, claro. Cuando quieres a alguien a veces te toca llorar.

Echando la vista atrás, tengo la sensación de que algunas de las fotos que usted hizo hace algunos años serían imposibles de hacer ahora. Pienso, por ejemplo, en la imagen en la que aparece el editor Jorge Herralde en su despacho junto a dos de sus secretarias enseñando el trasero a cámara.

Es verdad. Esa foto de Herralde ahora no podría hacerse ni publicarse. Ni esa, ni muchas otras que verás en La Pedrera. No por motivos feministas, sino porque ahora hay una moralina nacional-católica pepera que es la coña. Lo que hacíamos durante la Gauche Divine es hoy impensable. Pero lo mejor es que no le dábamos ninguna importancia. Pasarlo bien nos parecía lo más normal del mundo.

¿Hemos ido atrás, entonces?

¡Ya lo creo! Este es el país de los cangrejos. Es tremendo. Vivimos un momento siniestro, sórdido, de mal gusto, que huele mal, con caspa, injusto, feo. Todo es feo. Esta gente que lleva el país es fea. Los que nos gobiernan son una auténtica vergüenza. No me gustan nada.

En ese momento llaman a la puerta. Colita abre a distancia y asoma la cabeza hacia la entrada. Es un mensajero. “Pasa, pasa. Y cierra la puerta, que no se me escapen los gatos”, le dice al chico. La Colita más combativa aparece cuando se habla de política y del recorte de libertades que asegura que vive la sociedad actual. “Hay cosas que solo se arreglan echando a la gente que está en el poder. Quitando a estos y poniendo a otros”, repite con frecuencia. Por eso aboga por “ir a votar” y, si hace falta, “salir a la calle”. “Hay que hacer la revolución. La crisis actual no es de dinero, es una crisis a todos los niveles. Los gobernantes, que deberían ser un ejemplo, en este momento son una banda de sátrapas y sinvergüenzas”. El mensajero se marcha. La interrupción dura apenas un minuto. “¡Uf! Me estaba calentando y no me tengo que calentar tanto, que ya tengo bastante fama de loca. Aunque me importa una mierda”.

Estaba excitada.

Estoy decepcionada y furiosa. Nos están coartando las libertades cada vez más. Nos hemos pasado toda la vida intentando que eso no pasara, y ha pasado. Y, además, de manera escalofriante. La única solución es que la gente salga a la calle. En este momento, la única solución es enfrentarse.

¿Qué hay que hacer para que todos nos relajemos un poco y se puedan volver a hacer fotos como aquella que usted le hizo a Herralde?

Ese clima no se recuperará nunca más. Crear ese ambiente es un trabajo de los fotógrafos. Hay fotógrafos que tienen ese don, de tener a la gente relajada y simpática, y hay otros que no lo tienen. Forma parte del gancho del fotógrafo.

¿Conserva usted ese gancho?

Lo he tenido, sí. He sido una domadora de serpientes. El retrato es mucho esto: que se entreguen a ti. Que te enseñen el trasero, que se pongan un libro sobre la cabeza, como Gabriel García Márquez. Que confíen en ti, que se diviertan contigo y estén tranquilos sabiendo que lo que estás haciendo va a salir bien. Que están jugando en su terreno, no en el tuyo. A mí me parece lo correcto, a no ser que odies al personaje y entonces esperes a que se meta el dedo en la nariz, ¿comprendes?

Es habitual verla en exposiciones y presentaciones fotográficas. 

Soy ya un viejo diplodocus. Como soy historia y todavía estoy viva, la gente echa mano de mí, es normal. Aparte, que tampoco lo he hecho tan mal en la vida y supongo que mi obra tiene cierto valor. Si no, no me llamarían.

¿Qué hace en su tiempo libre en su querida Barcelona? 

Repaso mi archivo, leo, salgo con mis amigos. Me gusta pasear por mi barrio o coger el metro e ir a plaza de Catalunya y de allí, a Ciutat Vella. Y soy muy activa en Facebook porque me divierto mucho. ¡Me río como loca! De vez en cuando hago alguna foto que me interese y, por último, hago casitas para pájaros.

¿Casitas para pájaros? 

Sí, mira, ahí tengo dos, que se están secando. Son para mi jardín. Ahora voy a hacer una isla para pájaros, voy a dedicar un trocito de mi jardín a los pájaros y lo voy a llenar de casitas. Será el paraíso de los pajaritos. Me apetece mucho hacerlo.

Dejamos a Colita no sin antes escuchar su última advertencia. “Pero ahora no publiques que Colita se dedica a la pintura, ¿eh? Esto de las casitas de pájaros es solo para mí”, cuenta. Su promesa de no soltar tacos durante la entrevista no se ha cumplido, finalmente. Pero el objetivo primero de la charla, sí. Así es y así habla la fotógrafa.