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Berto en serio

El cómico, nominado a un Goya, descubre al Berto que hay detrás de la nariz-gag

"Acababa el programa y me iba al hospital a velar a mi padre", recuerda el humorista

Ana Sánchez

Decir que la nominación al Goya ha sido como un sueño para Berto Romero se pasaría de literal. Sueño es desde hace 9 meses su estatus habitual. Desde que tuvo mellizos (Tomás y Paula) y se convirtió en familia numerosa (tiene otro niño, Lucas, de 3 años). El día que el humorista descubrió que estaba nominado había dormido una hora y media. Se enteró porque no dejaba de vibrarle el iPhone durante una entrevista en la guardería. “Estaba intentando prestar atención a lo que decía la chica de la guardería –recuerda–, y de repente cogí el móvil y yo mismo le dije: ‘Es que me han nominado a un Goya’. Y decirlo ahí en la guardería... Fue como un sueño”.

Berto, sin gafas y con bigotón retro, es el ex novio número 3 de Inma Cuesta en la sorprendente comedia '3 bodas de más'. Debut en cine con posible Goya a actor revelación. “Yo no voy a pensar en el Goya hasta que esté ahí y me enfoquen con la cámara”, asegura el ahora cómico/actor. No es desinterés impostado. “Intento no darle mucha importancia a las cosas porque, si no, luego te decepcionan. Y nada es muy, muy importante en realidad. Y todo es muy importante. Me gusta relativizarlo”. A Berto hasta le da vergüenza escribir los agradecimientos. No es humildad exagerada. “Siento pudor. Yo no siento falsa humildad conmigo mismo. Mis sentimientos conmigo son nobles y puros”, se ríe. “Esto es humorístico”, reconoce. Primer euro de multa.

El reto de estas páginas: entrevistar a Berto en serio. Cada vez que conteste con un chiste, 1 euro de multa; 2, si es de narices. 

Él acepta. Se sienta ante la cámara y la grabadora forzando la antisonrisa.

Este es un retrato del Berto que hay detrás de la nariz-gag. Un hombre con la visión perfecta, sin gafas de pasta con las que sacar parecidos razonables, y un aura de ternura con la que entran ganas de abrazarle nada más conocerle. Adicto a Iker Jiménez y con ramalazo punsetiano. Así justifica su currículo multifunción: hace cine (próximo rodaje: 'Anacleto'), tele ('En el aire', La Sexta), teatro ('Berto Romero sigue con nosotros'), tiene su propia compañía (El Cansancio), e incluso hace un videoblog para adolescentes.

–Es que a mí me hace ilusión todo lo que no he hecho. No sé si se lo he oído decir a Punset. El cerebro es un aparato muy vago. Cuando haces algo siempre igual, graba menos cosas de esa acción. Por eso cuando haces un viaje en coche te parece más corto cuando vuelves. En realidad el tiempo es el mismo, pero la primera vez tu cerebro lo graba todo. Porque estás alerta. Entonces, el secreto para vivir más es que hagas cosas diferentes.

“Cosas diferentes dentro del sector”, especifica Berto. “Seguramente, tirarse en paracaídas debe de ser muy estimulante. O engancharte un huevo en una silla con un clavo. Que seguro que se te pasa el tiempo súper lento”, se ríe.

Segundo euro de multa.

Cuesta hablar de su vida en serio. Está llena de situaciones-gag.

Yo no me doy cuenta, pero luego cuando lo explico parece ser que sí.

Se cae cuando está inseguro.

Tiendo al 'slapstick', al humor visual de caídas, cuando no estoy seguro de mí mismo. Pero no es una vida de “¡hala!”. Lo que pasa es que se produce el efecto halo, que es un concepto de neurología: tú atribuyes a la gente características relacionadas con las que ya conoces de esa persona. Si alguien hace comedia, tiendes a fijarte en todos los aspectos cómicos. Y atribuyes cosas que a lo mejor no existen.

Por ejemplo.

Yo estoy en la cola del pan, y a lo mejor estoy medio dormido y alguien me ve y se ríe. No estoy haciendo nada, pero mi cara de sueño a él le indica: “Qué gracioso este tío que tiene sueño”.

¿Eso le molesta?

Me molestaba al principio, pero ahora no. Porque ya me he dado cuenta de que esto ocurre. Y es mejor que ocurra esto a que transmita a la gente rabia o ganas de pegarme. Aunque a veces te pilla raro y no te acuerdas de quién eres.

¿No se acuerda de quién es?

No te acuerdas las 24 horas del día de que eres un cómico. A lo mejor te acabas de despertar a las ocho de la mañana y no has dormido, que es algo que me pasa mucho [se ríe] por la época vital en la que vivo, y bajas a la calle y no te has peinado y te sientes inseguro. Y alguien se pone a hablar contigo de lo mucho que te sigue, y tú eres un poco frío porque te quieres ir. Porque te da mucha vergüenza. Esas cosas pasan.

¿Qué queda en su vida cuando le quitas todos los gags?

Pues… [piensa 1 segundo, 2, 3] la vida. Todo el mundo tiene la vida llena de gags, pero hay gente que no los quiere ver. En la vida de todas las personas, por muy dramática que sea, hay espacios para la comedia. Voluntaria o involuntaria. En la incomodidad hay mucha comedia.

En su vida últimamente ha habido drama.

Sí, en mi vida, como en la de todo el mundo, hay dramas. Esto también es una cuestión cerebral. No quiero que sea una entrevista de 'Redes' [sonríe], pero es una cuestión cerebral. Si siempre estás buscando el chiste, las estructuras de tu cerebro, que es moldeable, se establecen para que eso sea siempre así. Y no puedes dejar de buscar chistes continuamente.

Sus neuronas tendrán callo ya.

Claro. En un entierro, esto me ha pasado a mí, un entierro de un familiar, la viuda me dice: “Qué poco me lo esperaba tan pronto”. El señor había muerto con 97 años. La señora estaba devastada, llorando, y en el velatorio nadie se rio. Se lo comenté a mi cuñada ya en frío y me dijo: “A lo mejor se refería a la hora, porque murió a las seis de la mañana”.

Ya van 3 euros de multa.

Todo esto en el momento no hacía ninguna risa. Pero lo cogí y lo metí en el espectáculo y es un gag con el que la gente se monda. Y me ha pasado de verdad. Esto le pasa a todo el mundo de verdad, pero tienes que tener el radar alerta.

¿A usted qué le corta la risa en seco?

Lo que a todo el mundo: la injusticia, los cretinos, el dolor, la enfermedad, la miseria.

¿Y ha vivido mucho de eso?

No. Afortunadamente, en mi vida no ha habido más de lo habitual. En mi familia la gente se muere y se pone enferma como en la de todo el mundo. Pero vivo en este país, y veo cosas cuando salgo a la calle, y me jode como a todo el mundo. Lo que pasa es que tengo que protegerme un poco, porque mi oficio es hacer reír. A veces me sabe mal, porque no sé yo si se vuelve uno un poco autista o un poco psicópata, pero tengo que proteger mi modo de vida. Porque lo que se espera de mí es que haga reír.

Hizo chistes en el teatro sobre su padre al poco de morir.

Sí. Es una forma de terapia también. Para mí es una forma de sacármelo de dentro.

¿Y funciona?

Sí, sí. A mí me pilló con todo el programa en marcha. 'Buenas noches y Buenafuente' para mí es la muerte de mi padre.

Su programa anterior.

El programa que hicimos en 'prime time', que nos dimos un batacazo, para mí además [sonríe] era un batacazo a todos los niveles, porque cronológicamente está la muerte de mi padre encajada en medio. Además, el 'timing' exacto hecho por un cabrón. De los 7 programas que hicimos: 3 semanas y media de agonía y las siguientes, el duelo. Y la muerte queda justo en medio. Yo acababa el programa y me iba al hospital y me pasaba la noche velando a mi padre, que se estaba muriendo de una enfermedad larga muy agónica. Pero tenía que hacer el programa.

¿Y cómo se hace eso?

Pues se hace porque… Se hace. Se convierte en una cosa mecánica. Las dos partes emocionales de ahora-hago-reír, ahora-no-hago-reír, cuando tú lo profesionalizas, no se tocan. Y esto [se empieza a reír] me lo dijo Punset. Es que hablé de este tema en 'Redes', precisamente. A mí me gusta este tema.

¿Qué tema?

El tema de la muerte de mi padre y su relación con la comedia. Me gusta hablar de él no por el morbo, sino porque yo aprendí una lección muy valiosa.

¿Cuál?

Precisamente esto: que la comedia y el drama no se tocan. Están relacionados, pero cada uno tiene su camino separado del otro. Y me dijo Elsa Punset que las emociones muy fuertes son excluyentes. Tú cuando estás muy alegre no puedes estar un poco triste. Y cuando estás muy triste, no estás para hostias. Yo cuando estoy llorando la muerte de un familiar, estoy llorando la muerte de un familiar, y no hago chistes. Pero cuando, horas después, voy al teatro y me subo a las tablas, ahí hago chistes de lo que haga falta.

¿Y es terapéutico?

Y es terapéutico. Sales, y se acaba. Se apaga el interruptor.

Pero es duro.

Sí, sí.

¿Le ha dado tiempo a hacer el duelo?

Es que no tiene nada que ver. En realidad la comedia no tiene nada que ver con lo que estás sintiendo. Yo luego a lo mejor estaba en mi casa y me ponía a llorar porque echaba de menos a mi padre. Y a lo mejor lo hago ahora cuando salga.

Su padre trabajaba en las minas de extracción de potasio de Cardona.

Sí.

Su madre, costurera.

Mi madre ha sido costurera y ha desarrollado uno de los trabajos más duros y menos reconocidos.

Ama de casa.

Ama de casa y levantarnos a nosotros [a él y a su hermano mayor].

El recuerdo más nítido de su infancia.

Tengo como una nebulosa en mi infancia. Tengo flases y una neblina de mucha felicidad.

Sus padres se querían mucho.

Ellos se querían mucho y, por extensión, todos nos queríamos. Porque lo normal para mí era querer.

Recuerde algún flas.

Los primeros momentos en los que haces cosas y te sientes importante: “Hoy vamos a llevarle la comida a papá al trabajo”. Durante la última etapa de su trabajo en las minas, después de trabajar dentro, era el encargado de llevar el ascensor que subía y bajaba a los mineros al pozo. Era un trabajo muy cómodo, pero de mucha responsabilidad, porque se jugaba las vidas de los que estaban dentro. Mi padre [engola la voz] era muy importante porque llevaba el ascensor [se ríe]. Cuando eres pequeño, esas cosas son muy importantes. Luego las dices de mayor y alguien te puede decir: “Era ascensorista tu padre” [ríe]. Pero era un ascensor muy especial.

¿La mejor herencia que le han dejado?

En mi familia hemos sido muy pobretones toda la vida. Yo no podía ir a los viajes de fin de curso normalmente, y no podía permitirme casi nada. Pero como me lo explicaron muy bien siempre... Me cogían y me decían: “Oye, es que no hay cuartos para que vayas a esto”. Y yo pensaba: “Vale, claro”. Entendí muy bien la cultura del esfuerzo. Me decían cosas que me parecían absurdas: “Hasta que no tengas todo el dinero no te compres nada” [sonríe]. “No compres nada a plazos”. Y luego viví la época en la que tenías que comprarte un piso y pensé: “Esto que me han dicho mis padres a lo mejor era una gilipollez”. Después me di cuenta de que no [se ríe].

¿Nunca se ha hipotecado?

Nunca me he hipotecado. No tengo nada mío. Soy muy feliz.

Algo suyo tendrá.

Bueno, sí, tengo la moto, pero… pfff. A mí no me gusta tener objetos. En 'El club de la lucha', Brad Pitt, Tyler Durden, dice que las cosas nos poseen. Yo pienso exactamente eso. A mí las cosas me agobian. Me poseen. Noto que tengo una responsabilidad con las cosas. Tengo un coche, claro, pero… pfff. Ya está.

Un coche y una moto.

Y el coche lo conduce mi mujer porque no tengo carné.

¿Por qué?

Porque cuando tuve tiempo para sacármelo, no tenía dinero, y cuando tenía dinero, no tuve tiempo. Y tengo casi 40 años y he ido a todos lados. Pues igual tampoco es tan necesario [sonríe].

¿Y qué piensa su mujer de eso?

Cada 6 meses me dice que me lo tengo que sacar. Lo haré, lo haré. Es una cuenta pendiente.

Alberto Romero Tomás. Suena a torero por parte de padre y madre. “Mi abuelo se llamaba José Tomás”. Y, sí, desde luego sabe coger el toro por los cuernos. Si le llama “soso” en público, seguramente él se meterá en una bañera con sal. Si lo hace en privado, le ignorará por completo. Su suegro –que le veía comer en su casa con gesto serio y luego en la televisión vestido de mujer–, un día le preguntó: “Oye, el que viene a casa, ¿quién es?”. El Berto sin cámaras es un tipo más bien callado. “No soy de mucho hablar”, suelta tras media hora de entrevista. “A mí esto me está costando ahora un dolor”. Su lado oscuro: “Puedo llegar a ser muy cruel”, reconoce. “Es el reverso tenebroso de la comedia. El aguijón de un chiste puede hacer mucho daño”. El mayor delito que ha cometido: “Robar un CD en un súper”. Música de películas bélicas. Es lo único que ha robado. “Porque me estreso mucho y se me nota en la cara. Y no sabía que tenía tanto potencial como actor en aquella época”, se ríe.

Cuándo se mira en el espejo, ¿hay algo que le gustaría no ver?

Nooo. No. Ya he dado la vuelta al marcador con todo eso.

La nariz, dice ahora, es una de sus herramientas de trabajo. Pero antes solía ser inseguro.

Sííí. Pero esto forma parte de la construcción de la personalidad. Todo el mundo es inseguro. El que tiene la nariz grande, porque la tiene grande. El que tiene el pelo rizado, porque le gustaría tenerlo liso.

Pero usted ha hecho de esto…

Yo lo he hecho bandera.

Ha convertido las burlas en comedia.

Claro. El proceso que todo el mundo lleva de una manera íntima yo se lo he enseñado a todo el mundo para hacer comedia de él.

Como un exorcismo.

Sí. Yo se lo recomiendo a todo el mundo.

¿El humor cura los complejos o solo los tapa?

En mi caso, al final lo que ha hecho es quitarle tanta importancia. Por hablado, por manido, se ha convertido en algo tan habitual que ha dejado de tener sentido.

¿Le costó aceptarse?

Sí, me costó. Lo normal. Uno tiene una idea de sí mismo que normalmente no se corresponde con la que es. Igual salías de ver 'Indiana Jones' y pensabas: “Yo podría hacer de Indiana Jones”. Y luego te veías en una foto con la porra y decías [pone voz de niño quejicoso]: “Yo no puedo ser Indiana Jones. Es que soy muy feo”. [Vuelve a su tono]. Claro, es que tu problema es que no deberías hacer de Indiana Jones. Tienes que hacer del amigo simpático de Indiana Jones. Al final es situarte. Dices: mi sitio es ese. Y en ese sitio, de repente, todo encaja. Y lo que mola es que tengas esa nariz así, ese cuerpo así, esa mirada como tristona. Entonces ya te aceptas.

¿No arrastra ningún trauma?

No. No, no, no. Nunca llegó a ser trauma. Los defectos físicos, en realidad… Es una pena, porque les damos tanta importancia en nuestra sociedad. Los llamamos “defectos”. No son defectos, son particularidades físicas. Peculiaridades físicas. Con el simple hecho de llamarlos “defectos” ya estás emitiendo un juicio. Y aquí no hay juicio ninguno. Cada uno es como es.

Si existiera en la vida el Control-Z, ¿lo habría utilizado mucho?

¿Para suprimir algo? Yo creo que no. Lo bueno de la vida es que no tiene Control-Z porque, si lo tuviera, lo estarías ejecutando todo el rato. Y lo guapo es que muchas veces varios errores te llevan a un acierto. Y si no los experimentas, no llegas ahí.

Usted trabajó en una inmobiliaria.

Yo trabajé en una inmobiliaria. El peor trabajo que he hecho nunca. Tenía que engañar a la gente. Tenía que decirles que el piso tenía muchas posibilidades y objetivamente era una mierda. Me decían: “Este piso no está muy bien”. Y yo decía: “No, la verdad es que no”.

¿No alquiló ningún piso?

No alquilé ni vendí nada.

Al fin y al cabo, usted es un producto de la crisis.

Me molesta un poco pensarlo, pero a mí me empezó a ir bien en 2007, 2008.

Cuando empezó la crisis.

Más o menos cuando Lehman Brothers [se ríe]. A mí no me había ido bien. Tampoco era infeliz, pero sí que tenía problemas económicos continuos. Y no tenía el rumbo fijado. No sabía qué quería hacer. Estudié Periodismo y no me interesaba. Pero no era dramático. Era más bien que…

Que no tenía rumbo.

Que estaba como en una niebla. Hasta que de repente identifiqué lo de hacer reír, que era algo que siempre había estado presente en mi vida. Y a partir de ahí, empecé a ser feliz, me empezó a ir bien.

Y, como es producto de la crisis, dice que nunca podrá venirse arriba.

No [se ríe]. No, no. Pero supongo que eso también me ha hecho un famoso sostenible. Yo no soy Beyoncé. No soy Iniesta. Famoso sostenible, sí.

Se puede reciclar.

Me puedo reciclar en alguien menos famoso. Puedo evolucionar a un poquito más famoso, incluso puedo llegar a no famoso sin mucho traqueteo [se ríe].

¿Ese es el secreto de la felicidad?

Yo creo que el secreto de la felicidad está en el equilibrio. Y el equilibrio es muy impopular. Porque la sociedad nos vende que lo interesante es lo extremo [pone voz de locutor]. El deporte extremo y el amor extremo. [Recupera su tono] El equilibrio es impopular porque parece tibio, pero es lo bonito.

Antes apuntaba sus sueños en un cuaderno.

Ya lo dejé. Pero el último ha sido muy guay: soñé que acosaba a Benedict Cumberbatch.

La multa ya va por 4 euros.

No es un chiste, no es un chiste. Benedict Cumberbatch estaba en la ciudad y yo iba a tomar una copa con él. Era como si quisiera rollo con él. Le decía: “Mira, me gusta estar contigo y creo que la conversación fluye guay. Y ahora tú te vas a ir, ya no nos veremos más”. Y el tío: “Venga, va, pues me voy contigo a tomar una copa”. Y en ese momento aparecieron siete coches de policía de los años 70 y le dieron una paliza de muerte [se ríe].

¿Y qué significado puede tener eso?

Yo creo que lo que aprendí del sueño es que la fama es muy guay, pero te pueden acabar pegando una paliza [carcajada].

¿Irá al cielo o al infierno?

Espero no ir a ninguno de esos dos sitios. Me parecen un peñazo los dos: uno por jodido y el otro por aburrido. Espero que no existan [se ríe]. No sé qué hay, pero tengo mucha curiosidad.

Seguro que a usted le esperará Punset.

A mí me gustaría que fuera un eterno capítulo de 'Redes'. De 'Redes' y de 'Milenio 3'. 'Redes 3'.

UN GOYA QUE NI PINTADO

Berto es el único nominado de este año que ya ha recibido su propio Goya [en la ilustración de arriba]: un Goya con el bigote 'vintage' de '3 bodas de más' con el que Berto ha pasado a ser oficialmente cómico-barra-actor. El dibujo es obra del ilustrador argentino Luis Gaspardo, fan confeso del clan humorístico de Andreu Buenafuente. Berto no lo colgará en casa. Ni siquiera ha colgado un retrato que le hizo su mujer: el Berto-Napoleón que se exhibió en el programa de Buenafuente en 2007. “Lo único que tengo colgado en casa mío es una foto que me hizo Andreu [Buenafuente] muy grande en la que firmó todo el equipo que hizo el programa de verano conmigo, la sustitución que hice de Andreu en 2008”. Dice que le da pudor tener fotos suyas por la casa. Ya se tiene que mirar mucho al espejo en el trabajo. “Es una profesión que te obliga a estar continuamente mirándote mucho. En mi vida privada yo intento estar en el extremo contrario”. Aun así, a veces se harta de sí mismo. “Sí, un poquito sí. Pero tengo mucha suerte, porque en casa me lo contrarrestan mucho”.