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María Rozalén: la exquisitez se hace visible

La publicación de su disco 'Con derecho a...' ha permitido a esta joven cantautora manchega dar el salto del circuito minoritario a la popularidad

EL PERIÓDICO

"Tengo hasta junio para morir como los grandes. Como Amy Winehouse, como Janis Joplin, como Jim Morrison... Ya veré cómo lo hago, porque tiene que ser espectacular". 27 años tiene María Rozalén, "la edad maldita", aunque en su caso a los 27 le han llegado todas las bendiciones. A los 27 ha dado el salto. Aún no hacia la inmortalidad, pero sí del reducido circuito para cantautores en el que se movía al gran escaparate de la música. "Del circuito exquisito a estar expuesta", resume ella.

En ese "circuito exquisito", en el que están también artistas como Carlos Chaouen, Patricia Lázaro, Road Ramos, Carmen BozaEl Kanka, los Antílopez o Paco Cifuentes, que es, además, su pareja, Rozalén se ha ido haciendo un nombre y un público desde hace casi una década. Primero en Murcia, adonde se trasladó desde su Albacete natal para estudiar Psicología; después en Madrid, mientras cursaba un máster en Musicoterapia que le permitió aunar sus dos pasiones, además de trasladarse a la capital para dar un impulso a su carrera musical. Sin ambicionar mucho más que poderse ganar la vida con su dúctil voz –que lo mismo brilla en un chotis que en una ranchera– y con su guitarra, algo que lleva tiempo haciendo. Básicamente, porque no necesita demasiado."No tengo ni coche, así que voy tirando, porque, en este país, en todo lo que tenga que ver con la cultura no se vive, se malvive. Y eso que a mí me va bien. Es para salir pitando", denuncia.

Que le va bien quiere decir que se ha hecho visible para el gran público. Lo prueban el millón y cuarto de visitas que tiene en Youtube el primer sencillo, '80 veces', de su primer álbum, 'Con derecho a...', que reeditó en primavera Sony, después de que ella hubiera optado por tirarse de cabeza con la autoedición. "Tenía un montón de canciones y grabarlas era la manera de conservarlas para siempre. Así que pedí un crédito y lo hice. Pero ni de coña pensé que se desencadenaría esto", dice.

"Esto" es que en la presentación, en la sala Galileo de Madrid, colgara el cartel de "completo" y que una semana más tarde la llamaran de Universal y de Sony para ofrecerle un contrato. "Flipé. Tener que elegir un novio entre estas dos grandes...", explica, con la ilusión aún brillando en sus expresivos ojos. "Yo es que siento que me he colado en este territorio. Y me gustaría que de mi mano conocieran a otra gente que es valiosísima. Además, me veo con la responsabilidad de hacerlo: ya que me ha tocado la lotería de que se fijaran en mí, lo que tengo que hacer es arrastrar a este lado a los buenos".

Ese lado en el que uno puede incluso compartir escenario con mitos de infancia. Como ella, que el 25 de noviembre cantó con Miguel Bosé en la gala contra el sida que se celebró en Barcelona. No pudo ser 'Comiéndote a besos', una canción de su disco que aborda (y borda) que la enfermedad no es incompatible con el amor, mucho más apropiada para la ocasión que el 'Morena mía' que interpretaron a dúo, pero demostró que sí, que Rozalén ha cambiado de liga.

El año que empieza viene para ella cargadito de conciertos. "Voy a entrar en festivales chulos, y me muero de la ilusión", dice. Espera que la junten con gente a la que admira, de la que ha bebido su mezcla de raíces manchegas, copla, rock y canción de autor, con base de compromiso y aderezo de humor. "A Jorge Drexler y a Kevin Johansen, que son mi locura, los he conocido ya". También a Benjamín Prado y Felipe Benítez Reyes, de cuya poesía quiere empaparse para enriquecer las letras de sus canciones. "Me halaga que me digan 'qué letrazas', pero me sorprende, porque yo considero que es donde flojeo. Hombre, si me comparas con según qué que suena en la radio... Pero, poéticamente, estoy en el nivel 1".

UN ÉXITO CON SUBTÍTULOS

En el vídeo de '80 veces', María Rozalén aparece junto a Beatriz Romero, que traduce al lenguaje de signos la letra de su desgarrada, aunque divertida, canción. Lo hace Romero con tal comicidad que acaba siendo tan protagonista como Rozalén. Y la colaboración no acaba ahí: la cantautora se la lleva, siempre que lo permiten los deberes profesionales de la intérprete, que trabaja en un instituto, a los conciertos, que acaban convertidos en una fiesta en la que nadie, nadie, queda excluido.