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Daniel Vázquez Sallés le mete un 'hat trick' al cinismo

El escritor barcelonés publica 'El intruso', una sátira futbolística sobre la ambición desmedida

IMMA MUÑOZ / Barcelona

Contemos el partido desde el principio. En el banquillo del equipo literario, Daniel Vázquez Sallés, técnico fajado en el dribbling argumental gracias a sus colaboraciones periodísticas en medios de prensa generalista y especializada en cine y cocina (los otros ámbitos que domina, y que fusionó en 2006 en el libro 'Comer con los ojos'), y a sus novelas 'Flores negras para Michael Roddick' (2003) y 'La fiesta ha terminado' (2009). Ante él, un reto: "Escribir un libro sobre fútbol para gente a la que no le gusta el fútbol".

El encuentro empezó mal para Vázquez. "Quise escribir una tragedia sobre dos hermanos futbolistas, los Whiten, que juegan en equipos rivales. Pero llevaba 150 páginas y el resultado era horroroso, un desastre", confiesa. Así que removió el banquillo y de ahí salió el revulsivo para desencallar el juego: Marcial 'Memé' Cárdenas, "un cabrón, un cabrón ambicioso al que no le gusta el fútbol pero lo utiliza para lograr lo que quiere: triunfar", define Vázquez.

Memé es un escritor fracasado con ínfulas de malditismo que un día de 2020 entra a trabajar como traductor en un Barça en el que los tiempos gloriosos de Xavi, Iniesta, Messi, Guardiola y compañía son apenas un recuerdo. Su misión es contribuir a la integración de la nueva estrella azulgrana, Jonathan Whiten, y del entrenador cuyo fichaje ha exigido: Arthur McBride. Con esa finalidad, oficialmente, lo contrata el directivo Bellpuig, que pugna con otro directivo, Dalmau, por hacerse con la presidencia del club, cargo que ocupa un octogenario llorón que ha hecho fortuna gracias al ladrillo: Muñiz. Todo está dispuesto sobre el terreno de juego para un tiki-taka no apto para espíritus cándidos que Temas de Hoy ha publicado con el título de 'El intruso'.

El fútbol como excusa

"Es una sátira en la que todo está llevado al extremo y en la que el fútbol no es más que una excusa para hablar de la ambición. Lo que me interesa es contar la metamorfosis (con sus fases de oruga, capullo y crisálida) de un tipo que va descubriendo su capacidad para enredar las cosas y sacar partido de ello; un aspirante a novelista de éxito que, gracias a sus lecturas, va aprendiendo a manipular y a encarrilar su vida hasta que él mismo se convierte en una novela. Y entonces abandona la literatura. Porque así lo vive él: ya no necesito escribir porque yo soy la novela", resume Vázquez.

La transformación del frustrado traductor en The Only One, el mejor entrenador del mundo (¿les suena?), no solo incumbe a unos directivos azulgranas que en la gira estadounidense del club se reúnen con la presidenta Sarah Palin y han convertido la Masia en un parque temático ("puestos a dibujar futuros negros..."), sino que también tienen mucho que decir una antaño dulce prostituta rusa reciclada en tiránica representante de jugadores y una (ex) esposa y un hijo que viven el éxito de Cárdenas de forma desigual. "Memé tiene esa soberbia de la gente a la que le ha costado triunfar, que, cuando por fin lo logra, se lo hace pagar a todo el mundo".

Al término del encuentro, al fin de los 90 minutos del partido o de las 350 páginas del libro, se llega con victoria del cinismo sobre la decencia. Pero los partidos literarios, por suerte, duran un rato más, ese tiempo de descuento en el que los lectores se quedan dándole vueltas al universo que se ha desplegado ante sus ojos, y ahí es donde, como si fuera boxeo más que fútbol, en 'El intruso' la literatura le gana al cinismo por puntos. Porque tal vez los personajes se perciban a sí mismos como ganadores, pero su fulgor es de oropel, nada que ver con el brillo de un auténtico ganador. Todo es falso en su triunfo de postal. "En el fondo, he hecho un fresco sobre la sociedad actual, que imagínese cómo puede ser en el 2020, hasta dónde pueden llegar la falta de valores y la hipocresía. Ninguno de los personajes es un amante del fútbol, en realidad. Todos están ahí para sacar algún tipo de provecho. Muñiz quiere una esquina; Bellpuig y Dalmau reproducen la guerra entre la burguesía tradicional de Barcelona y los advenedizos; Cárdenas, un perdedor ególatra, ve la oportunidad de destacar... Son una gente superficial y vacía, y ese ambiente es el que quería describir".

Barcelona ante el espejo

Un ambiente que abunda en una ciudad que encuentra un claro reflejo de su ciclotimia en el club de sus amores. "El Barça es una imagen exacta de Barcelona: hoy es lo más, y mañana, una porquería. Barcelona está hoy, además, en una situación complicada. No sabe qué quiere ser de mayor: una postal para tíos que bajan de barcos o un lugar donde la gente puede vivir feliz". De momento, si tomamos 'El intruso' como oráculo, en un breve espacio de tiempo sus jóvenes estudiarán en la Universidad Qatar Pompeu Fabra y el presidente azulgrana tendrá los ojos rasgados. "Es una coña, pero en absoluto inverosímil", dice Vázquez.

¿Habrá lluvia de almohadillas sobre el campo? "Bueno, igual los que sean más papistas que el Papa se enfadan por el retrato que hago del mundo del fútbol. Como la sátira que es, los comportamientos están exagerados, pero tienen una base de verdad -justifica-. En cualquier caso, mi intención no era provocar. Me he metido en la piel de un cabrón rodeado de cabrones, y esto es lo que ha salido".

Un libro acorde con su manera de disfrutar del fútbol, "como una sobremesa", la excusa que servía a sus padres, Manuel Vázquez Montalbán y Anna Sallés, para llenar la casa de las Corts en la que vivían, muy cerca del Camp Nou, de amigos como Borja de Riquer, Josep Fontana o Jorge Herralde al final de los partidos. "Estaban hasta las tantas, bebiendo, fumando y hablando de todo: de fútbol, de historia, de política...", recuerda. Practicando, al tiempo que se divertían, el compromiso. Metiéndole, como su hijo tantos años después, un 'hat trick' al cinismo.