Tom Waits: "El arte avanza con los errores"

Leonor Watling se convierte en periodista por unas horas para entrevistar al músico californiano

El músico, que ha hecho sus pinitos en el cine, en una imagen de ’Coffee and cigarettes’, de Jim Jarmush (2003).

El músico, que ha hecho sus pinitos en el cine, en una imagen de ’Coffee and cigarettes’, de Jim Jarmush (2003).

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LEONOR WATLING / Madrid

Piense con qué personaje, real o imaginario, le gustaría tomar un café. Yo elegiría a Tom Waits (real e imaginario) y quizá a Hobbes (de Calvin y Hobbes). Y resulta que me llaman de 'Dominical' para hacer una entrevista a Tom Waits (californiano de 63 años) con motivo de la edición de un lujoso libro de fotografías, 'Waits/Corbijn 77-11'. Son las fotografías tomadas, durante tres décadas, por Anton Corbijn (fotógrafo holandés de 58 años) a Waits, más algunas instantáneas del propio músico. Benditos insensatos los de la redacción de 'Dominical', gracias. El estruendo de sueños y miedos que poblaron mi cabeza desde el encargo hasta que hablé con él daría para un manual de psicología (como poco, unas cuantas sesiones) y para aplacar cualquier inclinación que tuviera por dedicarme al periodismo (mis más sinceros respetos).

La cita telefónica con Tom Waits fue a las 19.30 de un frío martes de primavera, 11.30 de una soleada mañana californiana para él. Una hora de deliciosa conversación, tranquila, divertida y, en apariencia, sincera. Waits no tenía respuestas automáticas: escuchaba las preguntas, rumiaba las respuestas y volvía más tarde a cerrar alguna idea que se le había quedado abierta en esa creativa y extraña cabeza. Si tuviera que destacar algo, sería el sentido del humor y la sencillez de sus planteamientos. No pude evitar preguntarle por Marlango, el nombre (inspirado por él) de la banda a la que pertenezco. Al final de la entrevista pueden decidir si reírse conmigo o de mí, a su gusto.

Tom Waits: Hola, Leonor [con la voz exacta que uno cree que va a tener Tom Waits].

Buenos días, Tom. Primero, gracias por su tiempo. Es un libro precioso, enhorabuena.

Si yo tuviera que ver un libro de 200 fotografías de alguien, preferiría que fueran de Gina Lollobrigida o Sophia Loren. Dios no me hizo un Paul Newman o un James Dean. Parezco una nuez sin cascara: yo creo que soy una experiencia audiovisual, me dieron una voz y un magnetismo especial que lleva bien el paso del tiempo y de la mirada.

¿Cómo le hace sentir tener esta obra de gran formato con fotos de usted mismo a lo largo de 20 años?

Como cualquier cosa que muestras, que pones en circulación: enseña tanto como esconde, es otra cortina... Esconderse a plena luz del día.

El personaje o los personajes que aparecen en el libro ¿qué muestran? ¿Escogió usted ese personaje? ¿Lo diseñó, o apareció y decidió adoptarlo?

En la escuela te enseñan a encajar. Luego te das cuenta de que tu único valor en las artes es ser peculiar, tener una voz única. O sea, lo contrario de lo que te contaban. Y hace falta un cierto tipo de valor para enseñarlo. Una vez que te acostumbras a que te golpeen como a un boxeador se vuelve normal, se vuelve tu trabajo. Miras y aprendes: si eres para todos no eres para nadie.

En su carrera nunca ha tenido un momento confesional. ¿Huye de estas situaciones?

La tensión es interesante, el secreto. Lo que ocultas y lo que enseñas, no en la vida, pero sí en el trabajo. Sé que hay actores que desaparecen en el personaje, no sé si yo lo he sentido. En los personajes de las canciones, sí. Los escribo para interpretarlos yo... Encuentro una frase, una línea, y tiro del hilo. Eso me arrastra hacia el agua, me sumerjo y soy capaz de respirar ahí. Veo cosas pasar flotando por encima de mí y las describo. Una canción es como un sueño.

El director español de cine Bigas Luna decía que hay personajes en los que uno deja algo propio que caducó y personajes de los que aprendes algo tuyo. En el libro se ve la transformación de su personaje público: del Romeo torturado y autodestructivo, pasando por el bufón duro y desapegado, hasta que aparece el que muestra ahora, más parecido a un 'clown', más divertido... ¿Influyó la mirada de Anton Corbijn en ese proceso? ¿Le proponía ideas, le dirigía?

Siempre he vivido al revés: de niño quería ser viejo cuanto antes, quería un bastón, un sombrero y una joroba. No veía el momento de afeitarme, de tener una voz grave. Me fijaba en las características superficiales de la edad. Con el tiempo he querido volver y encontrar las cosas que olvidé traer conmigo. Trabajar con Anton es como tocar con otro músico: si estás relajado, te das permiso para ser absurdo y no pretencioso, abierto, para cometer errores, el porcentaje de aciertos en las fotos es de 1 a 50. Estás intentando capturar algo vivo. Nos gustan las cámaras en la misma medida que las neveras: nos gusta cosechar la vida y guardarla para usarla más tarde... Como si fuera posible. Las máquinas -cualquiera... una cámara...- matan, como cuando recoges una araña preciosa y solo con tocarla le has roto tres patas -ups, mejor te mato-. Las fotografías son divertidas de hacer, incluso en ocasiones aparece algo profundo. A la vez te preguntas si es digno que un adulto se dedique a esto para ganarse la vida.

¿Alguna vez siente vergüenza? ¿Qué hace cuando no se quiere mostrar?

Esos días en que no apetece salir de casa... ¡Claro! Es cuando uno se da cuenta de que es un trabajo. Por eso lo llaman trabajo. Vivimos en el negocio de la fantasía: tienes una imagen hacia fuera en la que algunas veces se filtra la vida real en la misma medida en la que a veces el sueño se filtra en tu vida cotidiana. Te acostumbras a esta mezcla, una bebida al 50% de fantasía y realidad. Con Anton resulta muy fácil trabajar. Viene solo, con una bolsa y su cámara, mide más de dos metros... parece un médico. Somos muy distintos, por eso hay una tensión entre las dos personalidades. Si estás con alguien que es como tú, uno de los dos no hace falta.

Es conocido por no trabajar con 'sponsors' ni hacer anuncios. ¿Es una postura ética? ¿Cómo se siente cuando rechaza las ofertas millonarias de una marca?

He cometido errores por el camino y cuando haces algo que no resulta cómodo o natural... Hice un anuncio de comida para perros cuando era más joven y me sentí fatal; estaba recién casado y esperando un hijo, pero me sentí terriblemente mal. No era en absoluto lo que yo estaba intentando hacer, no tenía relación conmigo. Luego, cuando te ofrecen dinero, sabes que no te va a hacer bien, que va a tener un precio.

Así que no es una postura ética...

No. No soy el único que no hace anuncios. Mucha gente va a Japón a hacerlo, con la condición de que no salga de ahí. Es como un contenedor de las partes que no te gustan de ti mismo, es como la basura espacial. Hay una gran familia viviendo dentro de cada uno de nosotros. Yo no he conocido a todos los miembros de la mía, a lo mejor tengo dentro a un tío que haría un anuncio de vinos, como Orson Welles. No sé, es una familia grande y no nos juntamos mucho, así que no los conozco a todos.

¿Cómo es Tom Waits en un contexto más cotidiano?

No sé... Creo que hay que diferenciar entre la vida real y tu familia. Algunas cosas son para tu familia. Y luego está tu trabajo, que es este extraño 'show' de títeres. Tiene que haber diferencia entre estar arriba y abajo del escenario. Si muestras demasiado de ti en tu trabajo es insostenible. Te tienes que proteger... ¡o vender acciones de ti mismo! Si haces eso, cuando te mueres es un espectáculo grande en las noticias y los bichos te comen antes de estar bajo tierra. Por ejemplo, un mago: quieres que te enseñe el truco y cuando lo hace desearías que no lo hubiera hecho. Puedes preguntar lo que quieras, pero si te lo cuentan desearías no haber hecho la pregunta. Siempre pasa. Porque el truco de magia y la mecánica de ese truco no tienen nada que ver entre sí. Juegan con tu percepción y lo que saben de ti. Hablan más de tu ceguera que de su habilidad para ver. Este truco lo han hecho seis millones de veces y ahora lo están haciendo solo para ti. Es lo mismo con una canción. Cuando escuchas a los Rolling o a Muddy Waters piensas: "¡Uau!". Pero hay una carretera que ellos han construido que tú nunca has visto antes, pero por la que ellos van conduciendo desde hace tiempo. Por eso todo el mundo ama a una audiencia nueva. Odiaba cuando en un club me obligaban a hacer tres funciones en una noche: la primera va bien, en la segunda hay gente que se queda y para la tercera todo el mundo ya la ha visto. Sientes que deberías estar cantando canciones nuevas... por ellos y por ti.

¿Comparte música con Anton cuando salen en coche para hacer fotos? Su música está llena de imágenes ¿Qué música tiene este libro?

¿Una banda sonora del libro? No. Con Anton a veces sí... En general vamos conduciendo buscando lugares que se parezcan a Cumbres borrascosas o Larga es la noche, un callejón donde parezca que te puedes encontrar a Jack El Destripador. Creo que esto son canciones para los ojos... Anton escucha mucha música, pero juntos buscamos algo que tenga una imagen musical más que escuchar música...

¿Qué cámara utiliza usted: digital o carrete?

Uso carrete, aunque tengo las dos. El digital es más fácil: ves lo que haces en el momento. Las cámaras asustan a la gente, así que pensé que no era lo mío. Tienes que pedir perdón, es como mirar por una cerradura... Me sentía demasiado como un mirón. La música es más social. Hago fotos, pero no de gente. Me gustan las manchas en el asfalto; a los dos días ya no están allí, me parece que son cosas que intentan contarme algo. Lo que yo hago son fotos de cosas que no saben que están siendo fotografiadas: las manchas de aceite, moscas muertas, sombras o huellas dactilares. Se van en un par de días... hay que cazarlas. Tengo cientos de ellas. Lo que es basura para un hombre es un tesoro para otro. Cuando salgo con mi familia, al final del día empiezo a hacer fotos de sombras o manchas. Y me dicen: "¡Venga, hombre! Se va el sol: deja de mirar los chicles de la acera". Pero colecciono muchas cosas. No se por qué lo hago, pero siento la necesidad de hacerlo. Tengo heces petrificadas de perro, un botón de una chaqueta de Frank Sinatra, la dirección de una fiesta en casa de Dean Martin, en Beverly Hills... No hay mucha gente que quiera estas cosas. Tengo la suerte de tener paladar para la cerveza con un presupuesto para champán.

Tenemos una banda que se llama Marlango por una canción suya... ¿Cómo se llama?

Marlango. En un directo de los setenta en Australia hablaba de una chica que se llamaba Suzie Marlango... ¡Ah! ¡Montelongo! Suzie Montelongo. Estaba enamorado de ella cuando tenía 14 años. Era una familia mexicana a la que quería mucho. Tenía un hermano que era un tipo enorme y llevaba un coche increíble.

Ja... Pues tengo una banda en su honor con el nombre distorsionado.

Es bueno interpretar mal las cosas: convierte tus defectos en ventajas. El arte avanza con los errores. Bluenote es una nota errada. Y creo que uno necesita que alguien que tenga ese "polvo mágico" se lo transfiera. Como cuando ibas al cine y Faye Dunaway te miraba desde la pantalla y te guiñaba el ojo y te decía a ti, sentado en el patio de butacas: "Nos vemos". No hace falta que sea real, trabajamos con la imaginación y tiene sentido que ese traspaso de "polvo mágico" ocurra también en la imaginación.

Y a usted, ¿quién siente que le dio esa bendición, ese "polvo mágico"?

No lo sé... Quizá ver 'El prestamista' en una sesión continua... junto a Mary Poppins. Un cartel muy equivocado. Los errores son buenos. De niño uno se inventa canciones que le duran un día, no piensa en grabarlas. Sirven para aprender o contarse algo ese día, para entretenerse. Pero ahora estamos demasiado entretenidos con muchos 'gadgets', con los titulares de las noticias (no por las noticias en sí, por el espectáculo de la información; las noticias no importan si no entretienen). Somos como conejos devorando un jardín: tenemos adicción por la distracción constante. Bueno, yo me dedico al negocio de la distracción, pero... no sé... No tenemos tiempo de aburrirnos. De aburrirnos, exacto. Hay que vaciarse para llenarse de nuevo... ¿no?

[El tiempo se nos acaba]. Intentaré transcribir bien esta conversación.

Una rata corre más rápido que un caballo de carreras, una ballena pesa como 20 elefantes... Ah, y no puedes poner una guitarra en el escaparate de una tienda en Irak.

[Comentamos lo de las guitarras]. Sí, eso es terrible...

Bueno... Creo que fijarse en las diferencias es muy fácil y si uno mira su vida puede encontrar formas de relacionarse con la de los demás. Creemos que la gente que vive en otros países vive en otro planeta, cuando en realidad deberíamos estar intentando ver lo que tenemos en común. Al final, se trata de eso.

¿Está trabajando en un nuevo disco?

Aún no. Pronto empezaré un nuevo disco, pero estoy buscando temas, cosas que no tengan aún su canción. Si escuchas “dime algo bonito” sabes que es un potencial título de canción, pero yo estoy buscando cosas peculiares. No sé lo que será, pero estoy buscando. Todo empieza por mirar.

Muchas gracias otra vez.

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Leeré la entrevista cuando salga.

Seguramente no, pero yo me imaginaré que sí y que le ha gustado.

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