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Depeche Mode: "Todo depende de nosotros y nadie vendrá a salvarnos"

La mítica banda vuelve a la carga con un disco nuevo, 'Delta machine', y una gira mundial

La revista de EL PERIÓDICO viaja a Berlín para conocer todos los detalles en exclusiva

Los autores de hitos como 'Just can't get enough', 'People are people' y 'Enjoy the silence' han viajado a los orígenes del blues rural para reforzar las raíces de su música electrónica. Su nuevo disco, 'Delta machine', aspira a reflejar los tiempos que corren. “Estamos en un momento de cambio en el mundo, todo depende de nosotros y nadie vendrá a salvarnos”, anuncia el cantante del grupo, Dave Gahan.

Electrónica con rostro humano, techno-pop con alma, máquinas para expresar emociones... Depeche Mode lleva más de tres décadas invitando a conjugar este tipo de ecuaciones sintácticas. Aunque son un fruto de la ola del pop sintetizado de los años 80, su ascenso al olimpo solo se explica por su asunción de posiciones rockeras muy emocionales: épica, sudor e incidencias clínicas derivadas del consumo de drogas (como el paro cardiaco que Gahan sufrió en 1995).

Berlín evoca imágenes sugerentes en el relato de la música moderna, y es allí, en un elegante hotel cercano a la céntrica Friedrichstrasse, donde Depeche Mode ha convocado a la prensa internacional para hablar de su nueva obra: 'Delta machine'. Un disco que sorprende por su desnudez y esencialismo, que toma distancias con la inmediatez pop y busca inspiración en un universo estético tan extemporáneo como el del blues. El título lo resume con nitidez: la alta tecnología se funde con la crudeza afroamericana del delta del Misisipí. O algo así.

Sí, Berlín es la ciudad en la que Depeche Mode mezcló su tercer disco, 'Construction time again', hace exactamente 30 años. En los estudios Hansa, junto al viejo muro, donde David Bowie se inspiró para componer 'Heroes' y concibió audaces álbumes de rock vanguardista con Brian Eno e Iggy Pop; instalaciones frecuentadas más tarde por Nick Cave y U2. Su aura y su mística son irresistibles para todo explorador, historiador o fisgón de la historia del rock, pero hoy a Dave Gahan no le apetece mirar atrás y ventila la primera pregunta del periodista con modos dispersos. Hay que recordar aquella máxima: el ídolo pop es antinostálgico por naturaleza. "La verdad, no hay ningún mensaje especial en el hecho de que hayamos elegido Berlín para promocionar este disco. Aunque es cierto que hace años pasamos mucho tiempo aquí, y Alemania siempre ha sido un buen país para nosotros".

Estrella carismática

Dave Gahan ejerce de estrella carismática. Amable pero distante. Se acomoda en un amplio sillón mayestático que domina el salón e induce al periodista, por tanto, a tomar asiento en una de las dos butacas más modestas que quedan vacantes. Habla sin apenas mirar a los ojos del interlocutor; solo se cruza con ellos tres o cuatro veces en media hora. Luce modos aristocráticos y resulta más bien inquietante, si bien salpica la entrevista con un par de súbitas carcajadas, siempre útiles para destensar el ambiente. Puede ser un método de protección: demasiadas entrevistas llenas de preguntas sobre su antigua y dilatada drogadicción. Es el 'self made man' redimido de sus orígenes turbulentos: en su adolescencia, Gahan acabó tres veces en el tribunal de menores por robar coches y otros actos de vandalismo. Le excitaba conducir automóviles del prójimo y burlar a la policía, según confesaría al biógrafo Steve Malins.

Fue a Gahan a quien se le ocurrió el título del disco, ya que sus compañeros, Martin Gore (teclados y guitarra; compositor principal) y Andy Fletcher (guitarra), habían arrojado la toalla tras someterse a infructuosas tormentas de ideas. "La influencia del blues es muy fuerte en este disco. No es una obra de blues, pero sí que contiene ingredientes del género, tanto musicales como líricos. Y usamos máquinas para grabarlo. Me gusta la coincidencia de las siglas, D. M. A Anton Corbijn también le encantó".

Se refiere al fotógrafo y realizador de videoclips que viene trabajando con el grupo desde 'A question of time' (1986); cómplice estético, en otros tiempos, de U2, Metallica y Nirvana. Viajaron con él a Nueva Orleans para grabar imágenes para la campaña promocional y los vídeos que acompañarán a sus canciones en los espectáculos de la nueva gira. "Anton nos sugirió ir y visitar juntos plantaciones, pantanos... Con él hemos trabajado codo con codo".

Los pioneros del blues rural no suelen ser tema de conversación de una estrella pop, pero Gahan los enarbola para dotar de raíces a un discurso genuinamente posmoderno, cruzando referentes distantes entre sí y buscando, en el camino, ese mito, la autenticidad. "Muddy Waters, John Lee Hooker... De ahí viene el buen rock'n'roll. A lo largo de los años muchos grupos de rock han conseguido llevar esa pasión del blues a su terreno: los Rolling Stones, Led Zeppelin, Pink Floyd... Nosotros nos hemos nutrido también de Kraftwerk, pero sus máquinas evocan sentimientos", explica Gahan con la mirada perdida en las cornisas neoclásicas del salón. El tema le motiva. "Cuando escucho a John Lee Hooker aún me suena fresco. Es minimalista y es directo, a veces de una manera un poco humorística. Esas sensaciones también me las produce Johnny Cash, cuya voz es grande por sí sola, y también Nick Cave, Mark Lanegan... y Billie Holiday". Remata con una declaración de desprecio por el 'mainstream' musical actual. "No escucho mucho pop. Sí, estoy al corriente del nuevo disco de Sigur Rós y cosas así, y lo disfruto, pero hay mucha música mala que no quiero escuchar. Sé lo que me gusta".

En contacto con la realidad

Pero escuchando este disco tortuoso y espartano, de tempos microscópicos y estribillos extremos, transmisor de cierta angustia filosófica, cabe pensar que Depeche Mode ha rehusado, quizá instintivamente, facturar una obra despegada del 'zeitgeist', el espíritu de los tiempos. ¿Se hubieran sentido frívolos si hubieran entregado un disco de pop reluciente en estos días en que casi todo parece tambalearse en Occidente? Conviene formular la pregunta sin parecer rematadamente ingenuo. "Tu entorno siempre te afecta --asegura Gahan--. A lo largo de los años te das cuenta de que como artista debes ser abierto tanto al mundo como a las personas que te rodean. Estamos en un momento de cambio y es importante tener claro que todo depende de nosotros, que nadie vendrá a salvarnos. La música debe comunicar ese mensaje. Yo escucho a los políticos y no veo que sus palabras se conviertan en acciones. Los movimientos deben salir de la gente. Creo que hay mucho margen para la esperanza".

Muy bien, pero Gahan vive en Nueva York, alejado de las crisis del euro, del debate británico sobre la Unión Europea, de los programas de austeridad y de Chipre. Ahí pulsamos una tecla semioculta, la de sus orígenes obreros. "Crecí en una familia trabajadora, y el Reino Unido siempre ha sido un país gobernado por el clasismo. Marcamos muchas líneas divisorias entre nosotros. Había esa idea de que debías conformarte con tu papel en la sociedad y no tratar de llegar más lejos. Yo rompí con esos valores. Inglaterra suele sentirse distinta a los demás países; a veces, superior. Desde Nueva York sigo lo que está ocurriendo en Europa porque es una ciudad informada, con una enorme mezcla de comunidades y religiones, y conectada al mundo. Además, mi hijo Jack, que tiene 25 años, vive en el Reino Unido y le visito con frecuencia".

Pretender que Depeche Mode, una opulenta industria del 'show business' en sí misma, pueda sentirse amenazado por la crisis puede parecer inocente, pero Gahan se esfuerza por dejar claro que la banda nunca da nada por sentado. "Siempre nos preguntan si habrá un siguiente disco, y si será el último, y nunca podemos responder a eso. No sabemos qué ocurrirá. Tomamos cada proyecto tal cual viene", subraya.

50 años cumplidos

Hay motivos para pensar que, en el fondo, no está siendo protocolario ni cínico. Cuando insinúa que Depeche Mode no es un vehículo impermeable a las inclemencias sabe de qué habla. Hasta el grupo musical más prepotente puede sufrir temblores inesperados cuando su cantante debe someterse a curas de desintoxicación o se le diagnostica un tumor, como le ocurrió a Gahan en pleno 'Tour of the universe', hace cuatro años.

Es ahora cuando adopta una pose vagamente humilde. "Estoy bien, aún tengo que ir a controles hospitalarios de vez en cuando, pero está todo en orden, ya no hay rastros de cáncer en mi cuerpo y me siento bendecido por eso. He aprendido que sin salud no puedes disfrutar de nada, no importa quién seas, y que debes aprovechar tu tiempo para pasarlo con tu familia y tus amigos, y no malgastarlo". Gahan cumplió 50 años el año pasado, una cifra que, en otros tiempos, en el mundo del pop y el rock, equivalía a tercera edad, pero que ahora tiene aspecto de difusa prolongación posjuvenil.

Pensemos en Mick Jagger y Keith Richards, que este año alcanzarán los 70. "¡Y volverán a la carretera! Solo puedo decir una cosa: que Dios bendiga a los Rolling Stones. Algunos de mis discos favoritos de todos los tiempos son suyos: 'Let it bleed', 'Beggars banquet', 'Sticky fingers', 'Exile on main street'... Álbumes que se mantienen vigentes. Vi a los Stones en un pequeño teatro de Nueva York, el Beacon, hace unos pocos años, cuando filmaban una película (se refiere al concierto inmortalizado por Martin Scorsese en 'Shine a light', 2008). Me invitaron y fui con mi mujer, y me impresionó ver que seguían siendo puro rock'n'roll. Jagger es fabuloso, ¡y Charlie Watts es El Ritmo! No hay muchas bandas que lo hagan mejor que los Stones. ¡Por eso siguen allí!", celebra con una repentina risotada.

Longevidad artística y comercial

Pero, aunque los Stones, y Dylan, y McCartney, le superen en galones, Dave Gahan ha triturado los pronósticos de longevidad artística y comercial de quienes asistieron a sus modestos inicios con Depeche Mode, allá por 1980, cuando el grupo operaba con un par de sintetizadores baratos. "He estado en el lugar oportuno en el momento preciso, y he trabajado con las personas correctas, con el productor idóneo... Depeche Mode es una gran familia", asegura. Un clan con una tropa de subalternos que suspiran ante un nuevo lanzamiento y una nueva gira: muchas bocas se alimentan de esas campañas de dominación mundial, circunstancia que bien puede condicionar decisiones artísticas. Y hablamos de un mundo, el de la música pop, en el que el adjetivo "arriesgado" suele utilizarse en un sentido elogioso.

¿Cómo se maneja la presión de saber que muchas familias dependen de que el disco y la gira sean un éxito comercial? "Tienes que ser consciente de eso, pero ponerlo a un lado, porque cuando haces música debes trabajar tus ideas con naturalidad y exponerte sin miedo", apunta el cantante, que, como todas las figuras de su mismo estatus, es tan artista como hombre de negocios. El tiempo se agota y entra en el salón la amable responsable discográfica, una angloasiática risueña, con instrucciones de finiquitar la entrevista. Gahan se pone a consultar el móvil y se coloca unas gafas oscuras: aún más rock star que antes. Si nos cruzáramos media hora más tarde por la calle, seguro que ni me reconocería. Fuera está nevando.