02 dic 2020

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CREADOR VISUAL GALARDONADO

Joan Fontcuberta: "Yo nunca me he creído la fotografía"

Fotógrafo, artista y teórico de la imagen, acaba de recibir el Premio Internacional Hasselblad, el Nobel de la fotografía

Lleva 30 años investigando el medio y cuestionando la veracidad de la imagen. Ahora estudia el fenómeno de la 'adopción' de imágenes hechas por otros

MÒNICA TUDELA / Barcelona

’Dominical’ conversa con el fotógrafo y artista Joan Fontcuberta, que acaba de recibir el Premio Internacional de Fotografía Hasselblad 2013. / MÒNICA TUDELA / Foto: J. CARBÓ

Joan Fontcuberta es ese fotógrafo que se vistió de astronauta encarnando al coronel Ivan Istochnikov, un personaje de ficción inventado por él que habría pilotado la Soyuz 2 y habría desaparecido durante una misión en 1968 (proyecto Sputnik, 1997). El mismo que se disfrazó de pope ortodoxo experto en toda clase de milagros en un viaje al interior del monasterio finlandés de Karelia (proyecto Karelia: milagros&co, 2002). O el mismo que construyó líricos paisajes montañosos formados con el relieve de una serie de llaves (Securitas, 2001). Fontcuberta es probablemente uno de los fotógrafos que, con un fino sentido del humor, más ha sembrado la duda sobre la veracidad del medio fotográfico.

“¿Nos podemos creer la fotografía? Yo no me la he creído nunca. Igual que nunca me he creído las palabras. Lo que importa es el sentido con que estas palabras han sido dichas o la intención con que las imágenes han sido hechas. Por tanto, no nos sintamos abrumados o apenados por el hecho de que, de repente, las fotografías pierdan ese poder, ese valor testimonial, esa autoridad, ese carisma que tenían”, sentencia Fontcuberta. “La clave no es si debemos creer la fotografía, es si debemos creer al fotógrafo”, añade.

Reconocimiento a su trabajo

El artista ha recibido recientemente el Premio Internacional de Fotografía Hasselblad, considerado el Nobel de la fotografía. El jurado ha valorado sus 30 años de carrera poniendo en jaque la verdad del medio, su originalidad y la interdisciplinariedad de todos sus proyectos, que siempre desbordan las galerías de arte. También se ha valorado su trabajo “como escritor, profesor y comisario, que ha servido de inspiración a las nuevas generaciones”. Este premio se añade a otros que ya tenía en su currículo: el Premio Nacional de Fotografía (1998) y el Nacional de Ensayo (2011).

Además, es el comisario de dos grandes exposiciones en Barcelona. From here on. De ahora en adelante. La post fotografia en la era de internet y la telefonía móvil, en Arts Santa Mònica. Y Obra-Colección. El artista como coleccionista, en la Fundación Foto Colectania. Ambas muestras hacen de la fotografía en Internet la auténtica protagonista y albergan proyectos que dibujan una de las líneas de pensamiento en las que Fontcuberta y otros artistas trabajan ahora: la sobreabundancia de imágenes y la construcción de obras a partir de las fotos tomadas por otros, muchas de ellas procedentes de la red.

"Exceso de imágenes imparable"

“Lo que planteo en estas muestras, como propuesta e hipótesis pero sin pontificar, es que hay un exceso de imágenes imparable. Lo que hacen los artistas es plantearse una contención simbólica, un parar de hacer fotos y empezar a trabajar a partir del reciclaje”, cuenta. Para muestra, los trabajos de Penélope Umbrico, que ha formado un mosaico gigante con miles de fotos de puestas de sol sacadas de Flickr, o el mural con imágenes de cientos de penes sacadas de la red, obra de Frank Schallmaier.

"Lo que hacen estos artistas es un gesto simbólico, porque esta contaminación de imágenes no parará. Por otro lado, esta masificación visual nos tiene que hacer pensar en lo opuesto, es decir, en las imágenes que aún faltan y que no tenemos. ¿Cuáles son? Las que han sido censuradas, las que técnicamente no ha sido posible hacer, las que se han escondido, las que se han perdido, las que nos han vetado o las que determinadas instancias políticas no nos han dejado hacer. Que haya muchas fotos pone precisamente el énfasis en aquellas que aún no están ahí, y eso las hace valiosas”, comenta el artista, dando un poco de aire a aquellos fotógrafos que creen que poco queda ya por hacer.

“Pese al magma inconmensurable de imágenes, aún hay mucho trabajo para un fotógrafo convencional, en el sentido de aquel que va a buscar visiones de realidades del mundo, de los hechos, que no se incorporan a este imaginario universal”.

Pese a que ninguno de sus trabajos aparece en las dos exposiciones de las que es comisario, Fontcuberta sabe bien lo que es trabajar con imágenes hechas por otros. El libro A través del espejo (2010) recoge lo que él llama reflectogramas, fotos de gente autorretratándose sobre una superficie reflectante, en la que se ve también la cámara y que el artista cogió de Internet. “Tengo decenas de miles. Mis amigos incluso me las envían”. “No me interesa tanto la foto individual como estudiar por qué se hace este tipo de imágenes, qué tendencias hay”. Las conclusiones son diversas. Una de ellas, por ejemplo, que cuando una pareja se toma una foto frente al espejo es el hombre el que sostiene la cámara. “La máquina de fotos sigue siendo un objeto masculino”, dice.

La eterna duda de los derechos de autor

A él y a otros que trabajan con imágenes cogidas de la red les llovieron (y les llueven) las críticas. ¿Dónde quedan los derechos de autor? ¿Hay que pedir permiso? “Cuando iba a presentar los reflectogramas en una sala siempre me decían que tendría problemas, que alguien protestaría. Pero tengo respuesta para todas las preguntas. Son imágenes que he sacado de webs públicas, de acceso libre. Nunca he pagado por ellas ni he forzado accesos privados para conseguirlas”, asegura. “No soy un hackerazzi”, sentencia. Un hackerazzi es aquel que se infiltra en dispositivos electrónicos ajenos para robar fotos, especialmente de famosos.

(Un inciso: cuando se escucha a Fontcuberta hay que estar preparado para asimilar términos nuevos que, quién sabe, quizá algún día estén en nuestro diccionario. Hackerazzi es solo un ejemplo. Otro ejemplo es fotosauro, aquel que se resiste a aceptar que la fotografía en la era digital es algo más que un testimonio de la realidad, o fotógrafo de sofá, esa nueva generación de fotógrafos que se sientan cómodamente en sus casas y navegan por la red en busca de material de otros para crear sus trabajos).

Adopción de imágenes

“No me gusta decir que me apropio de las imágenes. Lo que hago es adoptarlas. Adoptar viene del latín ad-optare, escoger. En inglés, to choose. Nunca digo que soy el padre de las imágenes. Soy el padre adoptivo. Le doy a las imágenes una segunda vida. Lo he hecho con miles de ellas”, dice. “Los artistas que trabajamos con imágenes de otros no queremos ser los padres, pero es innegable que les damos una nueva oportunidad a las fotos”, comentaba en un reciente encuentro con Joachim Schmidt, artista alemán con quien comparte las tareas de comisario de la exposición From here on (junto con Martin Parr y Clément Cheroux y Eric Kessels).

En la misma línea, Schmidt sí expone trabajos en las muestras, en concreto una serie de libros con cientos de fotos que ha sacado de Flickr y que ha agrupado por temáticas. “Si alguien me pide que retire una foto de uno de mis proyectos, lo hago sin problemas. Tengo miles más con las que sustituir esa”, comentaba Schmidt. “Si en un trabajo así tuvieras que andar pidiendo permiso, no existiría el trabajo”, añade Fontcuberta. “Se trata de ver tendencias, qué hace la gente, qué tipo de imágenes produce”. Y en eso está él.

La muestra de Foto Colectania quiere demostrar que “el coleccionismo se ha convertido también en un acto de creación”, dice el teórico. Las imágenes las tenemos que entender como entes maleables susceptibles de cumplir diferentes funciones. La fotografía, hasta ahora, la hemos entendido como un texto y, cada vez más, en la era digital, tenemos que entenderla como una palabra. Si encontramos una palabra por la calle, la podemos utilizar en muchos contextos, en muchos registros, la podemos pronunciar de una manera o de otra. Lo que está pasando ahora con la fotografía es parecido: las imágenes son tratadas como palabras con las que vamos articulando mensajes y modulamos la voz según nos convenga”, asegura el artista.

La evolución del vídeo

Fontcuberta se atreve también con la imagen en movimiento. “El vídeo está siguiendo el mismo camino que la fotografía. Las antiguas fronteras entre medios comienzan a evaporarse. Hoy, las cámaras que usamos, depende del botón que apretemos, hacen vídeo o fotos. La imagen fija no es más que un fotograma, un momento congelado de una secuencia videográfica, y al revés un vídeo no es más que una multiplicidad de imágenes presentadas secuencialmente que producen la ilusión del movimiento”, cuenta. “Además, las imágenes nos llegan con metadatos, textos, información de posicionamiento geográfico. Pronto la tridimensionalidad, la ilusión de volumen y de relieve serán, por defecto, parte de las imágenes que hagamos”, cuenta.

“Hoy hay que hablar de una imagen híbrida técnicamente, donde hay componentes fotográficos. Siempre he pensado que la fotografía es la metafísica de la cultura visual porque lo que nos interesa es el dispositivo de la cámara, la manera en la que registramos la imagen, si es estática o en movimiento, si es en película o en un sensor de píxeles. Todo esto son elementos que transmutan la esencia, la estructura, el soporte, pero básicamente hay unos principios ideológicos que son los de enfrentarnos al mundo con un aparato que nos permite negociar nuestra idea de realidad”. “Cuando en esta exposición vemos que se da este paso tan natural de la imagen fija a la imagen en movimiento o en 3D, a la instalación o al libro, lo que se pone de manifiesto es la transversalidad de la imagen hoy”, cuenta.

Sin duda alguna, Fontcuberta es el teórico más sobresaliente de la posfotografía, o de la fotografía 2.0. Por eso es casi inevitable preguntarle por el futuro, por cómo será la fotografía dentro de 100 años, o de 150. “Para responder a eso yo recomendaría mirar muchas películas de ciencia ficción porque dan indicios. Hay un filósofo francés, Gaston Bachelard, que dice que lo real es aquello posible que aún no ha pasado. Aquello que de forma del todo especulativa muchos guionistas de Hollywood escupen en grandes producciones, no es tan descabellado. ¿Qué será la imagen? Probablemente no será tal y como la entendemos ahora, sino que será una estimulación directa de nuestro nervio óptico”.

Fotografía sin cámara

Entonces ¿no hará falta cámara para hacer fotografías? “Cada vez hay más intervenciones tecnológicas en nuestro organismo que nos van convirtiendo poco a poco en unos ciborgs. Para saber la hora, miramos el reloj; para llamar, usamos el teléfono; para sacar fotos, usamos la cámara. Cada vez más estos elementos se condensan y se integran en nuestro cuerpo. No será disparatado pensar, pues, que la fotografía del futuro la haremos así [se toca la sien con un dedo]: apretaremos un trozo de la piel que nos cubre el cráneo y registraremos en una parte de las neuronas de nuestro cerebro las imágenes que hemos visto en ese momento”.

Para los incrédulos, Fontcuberta tiene más ejemplos. “La película Black mirror trata de nuestra civilización en el futuro y explica que los seres humanos tenemos un implante en el cerebro que nos permite rebobinar episodios de nuestra vida y proyectarlos sobre una pared. Esto, que parece absolutamente de fantasía utópica, pertenece al ámbito de unas investigaciones que se hacen en unas universidades japonesas. Ya se empieza a experimentar con la posibilidad de proyectar externamente la actividad cerebral. Si esto se desarrolla y se perfecciona, estaremos en los albores de una máquina que podrá proyectar nuestros sueños”, explica. “La idea es atractiva”.

¿Debemos asustarnos, entonces? “Cuando se inventó la electricidad, la gente estaba asustadísima, o cuando se empezó a tener agua corriente en las casas la gente también estaba aterrorizada porque pensaba que se podría ahogar o electrocutar. Todos los inventos tienen su lado bueno y su lado malo. Todo tiene sus peligros. Es como cuando hablamos de Internet. Evidentemente tiene ventajas, pero también permite un control del individuo, una vigilancia nunca vista, una censura. Hemos de poner en una balanza lo que perdemos y lo que ganamos. Pero una cosa está clara: son cambios inevitables. Aunque las pérdidas lo superen, nadie en estos momentos puede desmantelar Internet. De la misma manera que cuando estos avances que le cuento lleguen, nadie podrá desmantelar este tipo de tecnología. No habrá retorno”, asegura.

Los caracoles, protagonistas

En este universo fotográfico, científico y tecnológico en el que todo va rápido, el próximo proyecto que Joan Fontcuberta va a exponer va, por el contrario, muy lento. Los protagonistas son caracoles. El artista explica que viaja mucho y que mira con poca regularidad el buzón de su casa (Fontcuberta vive en las afueras de Barcelona). “Se me acumulan las cartas y, como el buzón está fuera, los caracoles del lugar donde vivo se las comen”, explica. Ante esta evidencia, el fotógrafo ha retratado y ha grabado en vídeo a los animales comiéndose y destruyendo sus cartas y las numerosas invitaciones a exposiciones que recibe. “Normalmente la imagen parte del blanco del papel y se añade algo a ella. En este caso es al revés: la imagen existe (mis cartas, mis invitaciones) pero los caracoles la borran con su acción”, explica Fontcuberta. El resultado se expondrá el próximo mes de mayo.

Cuando se le pregunta por su fotógrafo preferido, asegura que le gustaría nombrar a muchos. Cuando se le insiste, comenta: “He dado clases de historia de la fotografía y veo el valor de los fotógrafos en función de cuál era su entorno y el momento histórico en el que vivieron. Si tuviera que escoger, diría a László Moholy-Nagy porque, con sus particularidades, fue un personaje pluridisciplinar que nunca entendió la fotografía de una forma cerrada sino al revés, en conexión con todos los otros aspectos de la vida”. Como él mismo.

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