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un vecino DE HORTA-GUINARDÓ... Oriol Tarrasón, actor de series de TV y director de Les Antonietes

«En el Guinardó he leído mucho con la ciudad a mis pies»

CARME ESCALES
BARCELONA

Entrevista Oriol Tarrason en 5 lugares del Guinardo. / ALFREDO CASAS

Un gran angular. Ese es el punto de mira que utiliza Oriol Tarrasón para contemplar su ciudad. La privilegiada ubicación del piso que sus padres compraron cuando él nació -en el 69 de la avenida de la Mare de Déu de Montserrat- permite ver Barcelona con todo lujo de detalles. «Nunca hicimos vacaciones en verano y, como el calor era horrible, hacíamos vida entre la piscina -solo cruzar la calle- y los atardeceres y noches, en la terraza», rememora el actor de Los misterios de Laura (TVE), cuya tercera temporada está previsto que se empiece a emitir en diciembre. «Aquí he leído muchos libros, con la ciudad a mis pies», dice.

El gran parque del Guinardó, poco conocido por los barceloneses, y la magnífica perspectiva aérea de Barcelona que hay desde los áticos de la avenida de Montserrat, como el de sus padres, son las dos perlas que Oriol Tarrasón resalta del barrio en el que vivió hasta que se independizó. No se apartó demasiado de él -actualmente reside en Gràcia-, pero no se quedó en el Guinardó, «por las grandes pendientes del barrio», reconoce. «Yo hago mucha vida en el centro y, cuando sales tarde, del teatro, por ejemplo, da muchísima pereza subir hasta aquí arriba. En bici, ni pensarlo», puntualiza Tarrasón.

La compensación

«Todavía ahora, cuando mi madre me invita a comer y estoy trabajando en casa, me da mucha pereza, pero luego cuando estoy aquí arriba no me iría. Y siempre traigo a mis amigos. Cuando salimos a la terraza siempre es la misma reacción: increíble», explica el actor, a punto de estrenar en Madrid, Stockmann, la adaptación teatral de Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, que ya estuvo en cartel en Barcelona, en la Sala Muntaner. Es una de las producciones de la compañía que dirige Oriol Tarrasón, Les Antonietes, que el 9 de enero estrenará, Oncle Vània, de Antón Chéjov, en la sala pequeña del Teatre Lliure de Montjuïc.

Del Guinardó, Tarrasón destaca también sus precios. «Aquí el precio de los pisos es más económico y, por ejemplo, la barra de pan es más barata que en Gràcia», puntualiza. El actor compara el coste de la vida en barrios y distritos. «La vida en esta ciudad se mueve entre Ciutat Vella, el Eixample y Gràcia», dice el actor. «Luego hay otros barrios periféricos, como el Guinardó, que son grandes desconocidos para muchos barceloneses, por eso los precios cambian», justifica.

En el parque del Guinardó, al que ahora acude a pasear y desconectar, pasó la infancia jugando. «Es fabuloso, a medida que vas subiendo desde la plaza del Nen de la Rutlla, se hace cada vez más salvaje, vas entrando en la montaña y vas dejando atrás la ciudad», declara. «Aquí habíamos jugado mogollón cuando éramos pequeños. Jugábamos a polis y cacos. Nos pasábamos el día en la calle, entre el campo de fútbol del Martinenc y este parque», recuerda Tarrasón, que también participó en un grupo de escoltes con sede en el Hospital de Sant Pau, otro de los monumentos que se avistan desde el balcón del piso en el que creció.

Oriol Tarrasón fue creciendo a medida que la ciudad iba levantando sus rascacielos junto al litoral. «Esta terraza ha sido como un observatorio. Hemos visto levantarse el pirulo de la torre Agbar, toda la Vila Olímpica y, hasta ahora, el Hotel Vela», repasa.

El misterio de la piscina

Una de las curiosidades que solo pueden contar los vecinos del Guinardó de toda la vida es que ,traspasando el local en el que hoy se ubica una tienda de la cadena Schlecker, en la avenida de la Mare de Déu de Montserrat «hay una piscina de 20 metros», explica el actor, que también ha intervenido en Gran Nord (TV-3). «Yo aprendí a nadar en esa piscina, que era parte de un gimnasio que ya desapareció, pero la piscina sigue ahí», confirma el exvecino, que también de pequeño tenía controlada, desde lo alto, la finca vallada junto a la piscina descubierta del Martinenc, en la que «criaban perros bulldog», afirma.

Otro de sus recuerdos de infancia en el barrio son las chocolatadas que se celebraban en el teatro parroquial de la iglesia de la Mare de Déu de Montserrat. «Recuerdo que un día nos regalaron pollitos», explica en el mismo espacio, donde hoy se ha instalado el equipo de NunArt, «un pulmón de oxígeno cultural para el Guinardó», agradece el actor. «Es que siempre nos olvidamos de que, en barrios como este, también hay mucha gente».