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un vecino llamado... Godoy, humorista

«En el barrio del Carmel todo el mundo tiene perro»

Wellington Ángel Romero Godoy, el humorista uruguayo conocido simplemente como Godoy, regresa a diario a su casa del Carmel, en la cima de la ciudad, tras presentar en el Alexandra Teatre la cuarta temporada de su monólogo 'Verás que todo es mentira'.

El gran santuario Mare de Déu del Mont CarmelGODOY SE HA INTERESADO MUCHO POR EL ORIGEN DEL BARRIO EN EL QUE VIVE, DONDE EN 1864 SE LEVANTÓ LA ERMITA QUE DIO PASO AL GRAN TEMPLO.

El gran santuario Mare de Déu del Mont CarmelGODOY SE HA INTERESADO MUCHO POR EL ORIGEN DEL BARRIO EN EL QUE VIVE, DONDE EN 1864 SE LEVANTÓ LA ERMITA QUE DIO PASO AL GRAN TEMPLO.

CARME ESCALES
BARCELONA

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El humorista Godoy reside en el Carmel, un barrio a 300 metros de altitud sobre el nivel del mar, en la parte de Barcelona donde la ciudad se acerca más al cielo y tiene sus mejores vistas. El Carmel es «un barrio muy barrio» -como define él-, que estando en él siente que deja bien lejos la ciudad. «Vivo en una calle donde no se oye nada», destaca el vecino. En cambio, solo unas calles más abajo de la cima de la colina en la que vive, comercios y otros lugares muy apreciados por Godoy, como la biblioteca municipal El Carmel-Juan Marsé, configuran un barrio donde no falta nada. «Y los domingos está todo abierto», detalla el humorista uruguayo. El intérprete tiene en cartel en el Alexandre Teatre su monólogo Ya verás que todo es mentira. Es la cuarta temporada de este espectáculo en el que el vecino del Carmel, al que le encanta cocinar, sazona con ironía ficción y realidad, la verdad y la mentira.

Siempre en el monte

Godoy compagina su vida en el Carmel con sus estancias en Vallvidrera, dos casas y dos refugios de paz en plena naturaleza. «En la de Vallvidrera -que compramos en 1974-tenemos incluso árboles frutales. Allí me entretengo mucho», afirma. En el Carmel, frutas y verduras las consume del mercado y de las múltiples tiendas de la zona. «Este es un barrio curioso. Muchas de sus casitas y torres fueron segunda residencia de los burgueses del barrio de Gràcia. Los del Eixample iban a Vallvidrera», explica. «A principios del siglo pasado, esto se llenó de gallegos, extremeños y andaluces. Todavía hoy en el barrio no se oye mucho hablar en catalán», señala. «En el edificio en el que yo vivo, somos 16 vecinos, casi todos jubilados, y nadie habla catalán», añade Godoy. «Esto es un barrio barrio y de veteranos como yo», dice. «Y aquí todo el mundo tiene un perro», constata. «Cuando yo llegué, que fue porque encontré un piso que me convino, salí a recorrer el barrio», recuerda. «Y me cansé mucho», reconoce. «La instalación de escaleras eléctricas ha representado un gran progreso para el vecindario, que ha ido envejeciendo aquí. Sales a pasear y ves a todo el mundo paseando, en los parques, en los bancos buscando el sol...», describe el monologuista, que podría escribir uno con todo lo que observa en el entorno de su casa del Carmel. «Yo vivo de la observación», puntualiza. «Aquí en el barrio residen unas 40.000 personas, pero es muy tranquilo, no hay jaleo. Yo me siento muy cómodo en él, pero bueno, yo estoy bien en todas partes», reconoce. «Pero en Barcelona no podría vivir. Hace tiempo que perdí la ciudad. Rara vez me quedo allí después del teatro, porque ya no es como antes. Hace 30 años, salías del teatro y podías ir a tertuliar hasta las cinco o las seis de la madrugada. Era otra época», rememora el cómico.

Y una de sus mejores experiencias, en los meses de verano, es regresar de noche al Carmel. «Subo con la moto y me embriaga el olor de la dama de noche. Está lleno de estas flores», explica. «Y en invierno, aquí arriba siempre hay unos grados menos de diferencia con respecto al centro de Barcelona. Cuando hace mucho frío, lo que abajo es lluvia, aquí es agua nieve», señala.

La viña del Señor

«Estamos en el monte Carmelo, que en hebreo significa la viña del Señor», dice Godoy. Pues bien, en esa viña del Señor, el vecino siente que lo tiene todo a su alcance y que el barrio también está al alcance con comunicaciones de transporte público que llegan desde el centro de la ciudad. «Los autobuses 24, 28 y 92 y el metro llegan hasta aquí. Está muy bien». Y, una vez en el barrio, las cuestas de la montaña en la que se asienta, o precisamente a causa de ellas, el tejido comercial también lo pone todo al alcance. «Tenemos tiendas de todo tipo, colchonerías, ferreterías... y muchas veces repetidas, una al lado de la otra», aclara.

Para todo lo fresco, Godoy siempre prefiere el mercado. «Los comerciantes te aconsejan lo mejor que puedes llevarte cada día», agradece el vecino. Amante de preparar «guisos de lentejas y judías blancas con almejas. Y para que no se enfríe en la mesa, porque preparo una olla bien grande, compré en un mercadillo de Montevideo -su ciudad natal-un cacharro con una mecha debajo. Es para hacer fondues, pero yo lo uso para mantener caliente mis cocidos», explica. Ya lo dice en su espectáculo, «a vivir, no te enseñan, a vivir se aprende», y Godoy lo ha aprendido a hacer muy bien en el Carmel.