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UNA historia del Eixample... la Casa Elizalde

De los salones clásicos al arte contemporáneo

La antigua residencia aristócrata es hoy un centro cultural de referencia en la ciudad

JORGE VALERO BERZOSA
BARCELONA

Hace ya más de un siglo que en el corazón del Eixample se alzó el palacio que debía albergar a una de las familias burguesas por excelencia de la ciudad: los Elizalde. La historia de este edificio se remonta a 1895, año en el que la familia se instala por primera vez en el nuevo barrio aristócrata de la ciudad. Siguiendo el estilo de la época, el palacio desprende un aire de majestuosidad que lleva a recordar la elegancia del renacimiento. No iban a ser los Elizalde quienes se quedaran atrás en la pugna entre las familias burguesas de finales del siglo XIX.

Desde entonces, la Casa Elizalde (calle de València, 302) ha sido uno de los edificios más emblemáticos del Eixample. A lo largo de los años, dejó de ser exclusivamente una vivienda familiar y se instalaron en sus pisos inferiores las oficinas de la empresa familiar, hasta que en 1964 fue íntegramente vendido. A partir de ese momento, empieza la decadencia del palacete, hasta el punto de temer por su supervivencia: a mediados de los 70 la casa fue declarada en estado de ruina. Ante esa situación el ayuntamiento decidió apostar por su compra y rehabilitación. El edificio se convirtió en la Casa Elizalde, el segundo centro cultural más antiguo de la ciudad y uno de los de más entidad en todo el panorama barcelonés.

A medida que el centro ha ido creciendo, las estancias se han adecuado a diferentes finalidades. Así, los antiguos dormitorios de la primera planta han pasado a ser aulas para realizar cursos y los distintos salones se han convertido en verdaderas salas de exposiciones. «Desde la creación del centro, la planta noble ha acogido exposiciones de arte contemporáneo», comenta Miriam Alcaraz, directora de la Casa Elizalde­. La responsable del centro asegura que «aproximar este tipo de arte al ciudadano es una prioridad».

Casi 30 años de compromiso con la cultura han hecho de este equipamiento municipal uno de los puntos de referencia para las mentes más inquietas de Barcelona. Con un programa atrevido y muy diverso —danza o teatro son solo algunas de las actividades realizadas—, en la Casa Elizalde concurren gente de todas las edades y perfiles. La usuaria Èlia Lou afirma: «Estoy muy contenta con los talleres creativos de verano. ¡Tanto es así que este es mi segundo año!». Albert Fernández, cinéfilo, dice estar «muy satisfecho con el curso de cortometrajes al que he asistido. Además, nos dan la oportunidad de proyectar los trabajos».

Y es que pese a la crisis, la vida del centro prosigue prácticamente igual que antes. La Casa Elizalde sigue organizando una media de 210 cursos al trimestre, en los que hay más de 4.000 inscritos. Y eso sin hablar de los asistentes a espectáculos o de quienes van a visitar las diferentes obras expuestas.

Esta actividad y este prestigio son, precisamente, los que han permitido que jóvenes promesas nacionales del momento hayan podido darse a conocer en el centro.

Pero hay que señalar que, en medio de todo este movimiento, existe un lugar donde se puede disfrutar de un momento de tranquilidad: el patio, «el primer interior de isla recuperado para uso público», como apunta la directora del centro.

La Casa Elizalde es visita obligada: un edificio con historia que ha visto pasar a tantas gentes y que las sigue hoy viendo pasar. Una casa que, en definitiva, pone en conexión el tiempo pasado con la cultura contemporánea, de una manera sutil y siempre entretenida.