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UNA historia del eixample... la plaza de la Sagrada Família

Un oasis frente a la Passió de Antoni Gaudí

La reforma de la plaza de la Sagrada Família ha sido paralela a la construcción del templo

LAURA PUIG
BARCELONA

La plaza de la Sagrada Família se disputa con la de Catalunya el récord de guiris por metro cuadrado. Bajo la impresionante fachada de la Passió diseñada por Antoni Gaudí, este oasis asiste impasible al continuo ir y venir de turistas que acuden a visitar el templo.

El nacimiento y desarrollo de esta plaza ha corrido paralelo a la construcción de la basílica. Existen imágenes de los inicios de las obras, allá por el año 1898, en las que el lugar no era más que un solar en el que solamente se daban cita los animales. Más adelante, y siguiendo las indicaciones del arquitecto de la Sagrada Família, se construyó la plaza, que hasta 1931 llevó el nombre de General Barrera.

A lo largo de sus escasos cien años de vida, este espacio verde ha experimentado varias remodelaciones para adaptarse a las necesidades vecinales y al aumento exponencial de visitantes de la Sagrada Família. Uno de los primeros planos que conservan en Parcs i Jardins, datado en el año 1957, detalla la construcción de una pista de patinaje.

Mejor iluminación

La última reestructuración culminó el pasado mes de febrero. El incremento del arbolado, la renovación del mobiliario urbano y los equipamientos de ocio (parque infantil y zonas para perros), así como la modernización de la red de riego son algunas de las mejoras que ha experimentado la plaza. La iluminación también se ha potenciado, ya que una de las quejas del vecindario era la oscuridad que reinaba en el lugar cuando se ponía el sol.

Pero si por algo es conocida esta plaza es por la Fira de Nadal que acoge cada año. Más de 200 paradas se instalan en los límites de este espacio verde y compiten en igualdad de condiciones con la tradicional Fira de Santa Llúcia de la plaza de la Catedral.

«Esto es una maravilla». Así de rotundo se expresa Antoni Mañé. Este oriundo de Sant Gervasi, pero que hace ya 30 años se trasladó al barrio de la Sagrada Família, visita cada mañana esta plaza. A sus 91 años tiene una rodilla que le fastidia el paseo, así que se sienta en un banco a descansar y leer el periódico. Todavía recuerda cuando este enclave no era más que un solar que acogía los bártulos de las obras de la basílica. A pesar de estar encantado con la remodelación, Mañé tiene una queja: «La gente no respeta nada. Dejan a los perros sueltos en la zona que no está vallada o se sientan en el respaldo de los bancos con los pies encima del asiento». Su solución es volver a poner vigilantes en los parques públicos. «Antes había un vigilante en cada plaza y cuando alguien cometía una infracción, tocaba el silbato y listo», recuerda.

Teodoro Montero y su mujer, Sagrario Alonso, son también dos visitantes asiduos de la plaza de la Sagrada Família. Coinciden con Antoni Mañé en que el lugar ha mejorado muchísimo con la remodelación. Y frente a los visitantes que se apiñan en la larga cola para entrar en el templo de Gaudí observan, divertidos: «El Papa ha traído muchos hijos».