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un vecino llamado... Bruno Oro, actor

Bruno Oro: «Sarrià es el barrio de Barcelona que más se parece a Cadaqués»

CARME ESCALES
BARCELONA

El imitador del president Artur Mas nos muestra su distrito preferido / ANA PÉREZ PINTO

Sobre la 125cc de Bruno Oro, cruzan la ciudad, las imitaciones humorísticas de las personalidades del presidente de la Generalitat, Artur Mas, y del delantero del Real Madrid Cristiano Ronaldo. El actor que los imita se desplaza desde Vallcarca, donde vive hace un año y medio, hasta el Poblenou, para rodar sus gags para Polònia y Crackòvia (TV-3). Pero, en realidad, donde Bruno Oro hace verdadera vida de barrio y siente como el suyo es Sarrià.

«Nací en la avenida de Pearson, pero mi barrio, donde siempre quedaba con mis amigos, era Sarrià», afirma el actor. Entre sus recuerdos de infancia, la excursión al colegio ocupa un lugar especial. Montaña a través, Oro iba solo a clase. «Tardaba de 20 a 25 minutos. Tenía que cruzar el parque de la Oreneta, hasta mi escuela Costa i Llobera, cuando todo aquello era un torrente, antes de que la ronda se llevara medio parque», dice. Era Juan sin miedo en el bosque de Caperucita Roja. «No tenía miedo. Decían que había exhibicionistas en el parque, pero yo lo único que vi una mañana, fue a un boxeador negro con un chándal en el que se leía SAM, golpeándo un árbol. Al pasar junto a él, nos saludamos, y continué mi camino. Surrealista, sí», recuerda

Un niño prudente

Del colegio, donde imitaba a sus profesores, tampoco guarda ningún trauma. «Yo era un bon nen, prudente. Mi madre dice que hasta los diez años no me hice sangre», explica el imitador de Ángel Acebes y de María Teresa Fernández de la Vega.

Pese a haberse comprado un piso en Vallcarca, Bruno Oro sigue ejerciendo de sarrianense. «Aquí tengo a mi madre, a una de mis abuelas, de 84 años, y a mi novia. De aquí es mi mejor amigo, Xesco Reverter -periodista de Internacional en TV-3- y algunos profesores del colegio, de quienes soy amigo y todavía veo», declara el actor que, además de cine, teatro y televisión, se abre camino, sigilosamente, entre notas musicales. Bruno Oro toca el piano, es compositor y canta. Está a punto de sacar su segundo disco, Tempus fugit. «Es lo que me hace más ilusión del mundo», asegura el polifacético artista de 32 años. «Saldrá en marzo o abril y, así como el primero, Napoli, era todo en italiano, en este hay canciones en catalán, en castellano y en italiano», lengua de su familia paterna, avanza. «Lo grabamos en Nueva York en agosto, con el guitarra Marc Ribot y el saxofonista Liba Villavecchia. Hay alguna balada y pop, pero el disco, sobre todo, destila jazz. Los músicos en Brooklyn son buenísimos, te hacen lo que quieren. Fue increíble», dice.

Uno de los escenarios en los que suena la música del actor es su propio local. Bruno Oro es el dueño del bar Talla, de Cadaqués, el pueblo donde su abuelo materno, pintor y artista, le inculcó la afición por el deporte. «Nadar y salir a correr por la montaña me ayuda a relajarme. Es un deber conmigo mismo y la disciplina que necesito, por los horarios irregulares y lo estresante de mi profesión. Me da pereza pero después me siento mucho mejor», afirma.

Sesiones y lecciones de música y piano construyen la banda sonora de una vida a caballo entre la tramuntana del Empordà, la actualidad deportiva, y la política de un país que ha dado cuerda a uno de los personajes a los que parodia Bruno Oro, para, al menos, cuatro años más. Hay president y guapu para días, en Cadaqués y en Sarrià.

Austero y bohemio

«Aunque nací en Barcelona, me considero de Cadaqués. Y en esta ciudad, lo que más se le parece como barrio es el Sarrià de la iglesia, la plaza y la pastelería, un pueblo y, como tal, un tanto aburrido. Tienes que bajar a buscar vida al Raval o a la Barceloneta», opina el actor, que busca el anonimato en la Rambla. «Luego, regresas a Sarrià, enciendes el fuego, puedes leer tranquilo, cenar una tostada con ajo y aceite... El Sarrià más auténtico es el del señor y la señora Pepita, austero, artista y bohemio». Bohemio como también se define él a sí mismo, poniendo distancia con el otro Sarrià. «Cada vez escuchas más hablares pijos: 'oye... mira qué buenas estas croquetitas...'. En Sarrià, hoy, existe una dicotomía entre la gente auténtica y la que yo llamo invasora, fachosa. Muchos pijos consideran que el catalán es un poco de payés», declara. «Aunque a mí me encantan los pijos. Son una gran fuente de inspiración», añade el actor.

Vídeo del paseo con Oro en www.elperiodico.com

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