22 oct 2020

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    La polémica lingüística

    Generación inmersión

    Jóvenes de toda índole educados en catalán certifican la idoneidad del método

    TEXTOS: J. CASABELLA /J. A. AMORES /
    J. M. URETA / S. LÓPEZ EGEA / J. RICO
    FOTOS: F. NADEU / R. GABRIEL

    La exigencia de los tribunales de que el castellano tenga una mayor cuota de protagonismo en la enseñanza carece de sentido educativo y apoyo social. Eso es al menos lo que se desprende de la docena de testimonios de jóvenes de distintas procedencias y ámbitos profesionales recogidos en estas páginas. Todos se han educado bajo la fórmula de la inmersión lingüística puesta en marcha hace 30 años en el sistema educativo de Catalunya para promover el conocimiento del idioma autóctono y evitar la división social por razones de lengua de origen. Sus afirmaciones certifican la ausencia de conflicto.

    Los castellanohablantes dominan el catalán, lo usen o no, cosa que no habría sucedido, corroboran, de no haberse valido del catalán como lengua vehicular durante su formación. Nadie aduce que ello haya ido en detrimento del castellano, cuya presencia fuera de la escuela no se ve amenazada. Si acaso, es más fácil expresarse correctamente en castellano en Barcelona que en las comarcas del Ebro, lo que muestra que el sistema es perfectible, que el prêt-à-porter lingüístico no sirve por igual a todo el mundo, sino que hay buscar soluciones a medida en el propio sistema educativo, en la autonomía de los centros y el conocimiento del entorno al que sirven. Hay que ajustar el traje, vienen a decir, pero no hace falta una tercera pernera como exigen las resoluciones del Tribunal Supremo y del Superior de Catalunya tras la sentencia del Constitucional sobre el Estatut.

    Si los catalanes, de origen o de adopción, educados desde la década de los 80 con el catalán como lengua vehicular son bilingües, si la inmersión lingüística les ha garantizado el dominio del catalán y el castellano al final de la educación obligatoria, ¿porque se cuestiona?, se interrogan algunos de los entrevistados. La lengua castellana, aseveran la mayoría, está en el ambiente, la catalana tiene un papel preponderante en la escuela. Es una cuestión de equilibrios, un trato social equitativo. En Catalunya se puede vivir y trabajar en catalán y en castellano. Y el dominio de ambas lenguas es mejorable, como certifican los diagnósticos educativos, pero para ello no es preciso alterar la carga presencial de los dos idiomas en la escuela, asumidos con naturalidad como propios por la generación que ha crecido en la inmersión.