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Escapada a Croacia

Cascadas, lagos y bosques, la opción croata para refrescarse sin ir a la playa este verano

Los parques nacionales de los Lagos de Plitvice y Krka, en el interior del país, ofrecen un refugio estival de agua y sombras, fácilmente accesible desde Barcelona volando con Vueling a Split o Dubrovnik

Lagos conectados por cascadas en el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, en Croacia.

Lagos conectados por cascadas en el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, en Croacia.

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La primera imagen de Croacia que suele venir a la cabeza es la de sus calas de guijarros y aguas de color turquesa que se encadenan a lo largo de toda la costa Dálmata. Sin embargo, el país mediterráneo esconde un tesoro natural que invita a cambiar la toalla por unas zapatillas de senderismo y dejarse sorprender por un paisaje de cascadas, lagos de color esmeralda y bosques centenarios. A poca distancia de Split, al que se puede viajar fácilmente desde Barcelona de la mano de Vueling (también vuela a Dubrobnik, más al sur), dos de los espacios naturales más espectaculares del país ofrecen una escapada perfecta para quienes buscan un refugio natural contra el calor estival: los parques nacionales de los Lagos de Plitvice y de Krka.

El Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es el más antiguo de Croacia. Su sistema de 16 lagos comunicados entre sí por más de 90 cascadas conforma un paisaje que cambia continuamente gracias a la formación natural de barreras de travertino, una roca calcárea que modela el curso del agua. El resultado es un escenario en constante evolución, donde el color de los lagos oscila entre el verde esmeralda, el azul intenso y el turquesa según la luz del momento.

El Parque Nacional de los Lagos de Plitvice acoge un sistema de 16 lagos comunicados entre sí por más de 90 cascadas, que conforma un paisaje que cambia continuamente

La mejor forma de descubrir este entorno es recorrer los senderos y pasarelas de madera que atraviesan el parque prácticamente sobre el agua. Existen itinerarios de distinta duración, además de pequeños trayectos en barco por el lago Kozjak, el mayor de todo el conjunto. Entre los lugares imprescindibles destaca Veliki Slap, la cascada más alta de Croacia gracias a sus más de 80 metros de caída, que producen un estruendo que hace que los visitantes sientan su presencia mucho antes de observarla con sus propios ojos. Los miradores sobre los Lagos Superiores, 12 en total, ofrecen una panorámica a vista de pájaro.

Además de su belleza paisajística, Plitvice es uno de los grandes refugios de biodiversidad del país. Alberga más de 1.400 especies vegetales, entre ellas decenas de variedades de orquídeas, y una fauna donde conviven osos, linces, lobos, aves y centenares de especies de mariposas. Aunque es posible visitarlo en una excursión de ida y vuelta, dedicarle una jornada completa permite disfrutar con calma de uno de los paisajes naturales más espectaculares de Europa.

Resiguiendo río Krka

Más próximo a la costa dálmata se encuentra el Parque Nacional de Krka, situado a poco más de una hora en coche de Split. El río Krka ha excavado aquí un impresionante cañón salpicado de lagos y siete grandes cascadas que convierten este espacio protegido en uno de los destinos naturales más populares del país. El parque puede recorrerse a pie, en bicicleta o en barco, una forma especialmente recomendable de descubrir algunos de sus rincones más emblemáticos.

La gran protagonista es Skradinski Buk, una inmensa cascada de travertino de unos 400 metros de ancho y cerca de 46 de altura. Las pasarelas de madera permiten contemplarla desde distintos ángulos mientras el sonido del agua domina por completo el paisaje. En los alrededores se conservan antiguos molinos y la primera central hidroeléctrica de Europa, un interesante complemento histórico para una visita eminentemente natural.

Desde las pasarelas de madera del Parque Nacional de Krka se puede observar la estruendosa cascada de Skradinski Buk, de unos 400 metros de ancho y cerca de 46 de altura

Otra de las experiencias más recomendables es navegar desde las cascadas Roški Slap hasta el lago Visovac, donde un monasterio franciscano emerge rodeado de vegetación sobre el islote homónimo, ofreciendo una de las imágenes más icónicas. Quienes dispongan de más tiempo pueden acercarse también a la cascada de Manojlovac, la más alta de Krka, o descubrir los restos del antiguo campamento militar romano de Burnum.

Krka suma además 47 kilómetros de senderos y casi 400 kilómetros de rutas ciclistas, lo que permite explorar el parque a un ritmo pausado, alternando miradores, bosques y cascadas al propio ritmo. Y para completar la jornada, nada mejor que acercarse a la cercana localidad de Skradin, famosa por su tradicional risotto cocinado durante 12 horas. O bien visitar la histórica ciudad de Šibenik antes de regresar a Split que, por supuesto, también tiene mucho que ofrecer.

Split, un viaje por el tiempo

El territorio donde se asienta Split debe desprender una especie de fuerza telúrica para que atrape a todos aquellos que la han visitado a lo largo de la historia, entre ellos el emperador romano Diocleciano, que hace 17 siglos decidió construir allí su palacio. Se trata de uno los conjuntos romanos mejor conservados y por ello fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Concebida originalmente en el siglo IV como una lujosa villa, a lo largo de los siglos ha ido cambiando su función hasta convertirse en el corazón de la ciudad. Se acceda a través de alguna sus cuatro puertas originales –Dorada, Plateada, de Bronce y de Hierro– y en su interior destacan la Catedral de San Domnio, una de las catedrales más antiguas del mundo; el Peristilo, la plaza central del palacio; el templo de Júpiter; y los sótanos de Diocleciano, una red de salas subterráneas que sirvieron para almacenar comida y vino.

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