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Lovaina. Bélgica

Lovaina: la ciudad en la que imaginé quedarme

Entre bicicletas, terrazas y vida universitaria, la ciudad belga conquista con un equilibrio que invita a quedarse.

Lovaina, Bélgica.

Lovaina, Bélgica. / Aliaksandr Antanovich

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Mayte L. Fernández

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Cuando visito un lugar siempre me hago la pregunta: ¿me gustaría vivir aquí? No sé si es una duda habitual o solo una de esas preguntas que se hace una chica de 29 años que “todavía tiene toda la vida para equivocarse”. De hecho, durante el viaje de prensa organizado por Visit Flanders, un compañero periodista me lo repitió varias veces: “Equivócate todo lo que tengas que equivocarte, estás en la edad”. Y quizá por eso esta ciudad me atravesó de una manera distinta. Porque mientras caminaba por sus calles, me di cuenta de que por primera vez no estaba pensando en el siguiente destino, sino en cómo sería quedarme.

La vida estudiantil

La ciudad alberga una de las universidades más antiguas de Europa, la KU Leuven, fundada en 1425. De alguna manera, toda la ciudad gira en torno al conocimiento, la curiosidad y la juventud. Conviven estudiantes de todas partes del mundo, investigadores, profesores… De hecho, sus aulas han acogido a ilustres personalidades a lo largo de su historia, como Adriano de Utrecht o Georges Lemaître.

Hoy, Lovaina respira un ajetreado ambiente universitario que contrasta con la serenidad de un lugar donde todo parece estar en calma. Y quizá, un mes después de haberla visitado, me doy cuenta de que esa es una de las claves de su encanto: el equilibrio.

Otro de los edificios que representa la vida estudiantil de Lovaina es la Biblioteca Universitaria, que abre sus puertas para mostrar espacios como la sala de la universidad, la sala de promociones o la sala del jubileo. Desde la planta superior podemos disfrutar de unas vistas privilegiadas de toda la ciudad.

Entre terrazas y bicicletas

Lovaina tiene algo distinto en su ambiente. Quizá sea el ritmo con el que transcurren los días o la forma en la que las bicicletas dominan el tráfico de sus calles. Tal vez sea la mezcla de idiomas que escuchas en cualquier plaza de la ciudad o las numerosas estatuas que se pueden fotografiar a lo largo de sus calles. Una curiosidad que captó mi atención —y la de cualquier turista que la visita— fueron las figuras representadas en el ayuntamiento: Felipe II, Carlos V, Napoleón Bonaparte o María de Brabante.

STELLA ARTOIS: más que una bebida, una tradición

Durante el viaje también entendí que, en Bélgica, la cerveza no es solo una bebida: es identidad. En Lovaina esto se siente con aún más intensidad, ya que la ciudad alberga la fábrica de Stella Artois. Visitarla es mucho más que una experiencia turística; es recorrer siglos de tradición cervecera. Durante la visita, pasamos a descubrir sus diferentes espacios. Entre antiguas salas de cocción, enormes depósitos y el aroma constante de la malta, entiendes que detrás de cada cerveza también se esconde parte de la historia de la ciudad. Cuentan que Stella Artois se elabora únicamente con cuatro ingredientes: agua pura, malta de cebada, maíz y lúpulo Saaz, y que mantiene un contenido alcohólico del 5,2 %.

Fábrica de la cerveza Stella Artois en Lovaina, Bélgica.

Fábrica de la cerveza Stella Artois en Lovaina, Bélgica. / Silvia Dubois

Al finalizar el recorrido, de aproximadamente dos horas, llega uno de los momentos más esperados: la degustación en el bar de la fábrica. Allí, probar tres cervezas diferentes —Stella Artois, Kwak Red y Tripel Karmeliet— se convierte en el mejor broche final para la experiencia.