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Wadi Hitan: el océano perdido del desierto egipcio

Personas Bañandose en la cascada

Personas Bañandose en la cascada / David Rull

David Rull

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A escasos cien kilómetros al suroeste de El Cairo, el paisaje desciende progresivamente hacia el oasis del Fayum. Allí, en las cercanías del extenso lago Qarun, el desierto occidental de Egipto esconde uno de sus secretos mejor guardados: el Wadi Hitan o “Valle de las Ballenas”. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005, en este remoto paraje se despliega, a cielo abierto, una de las colecciones fósiles más sorprendentes del planeta. Más de 400 esqueletos de cetáceos primitivos reposan sobre el fondo de lo que, hace 40 millones de años, fue un mar cálido y poco profundo. Pasear por el lugar y observar los fósiles extendidos sobre la arena o incrustados en pequeñas colinas ocres es asistir a una clase magistral de evolución en su escenario original.

El viaje hacia el Wadi Hitan comienza en la reserva natural de Wadi Rayan, un espacio protegido situado al sur del oasis del Fayum y formado por dos lagos artificiales que, en apenas medio siglo, se han convertido en un magnífico ecosistema lleno de aves, mamíferos y reptiles. Entre ambos lagos se encuentra la única cascada natural de Egipto, un lugar que en los días festivos se transforma en uno de los rincones favoritos de los cairotas. Desde allí, siguiendo pistas sin asfaltar que cruzan el desierto, se alcanza la Garet Gohannam o “Montaña del Infierno”, un montículo rocoso que anuncia la llegada al Wadi Hitan, un lugar maldito y habitado por djins –genios malvados– según la tradición popular. Quizá por ese motivo el lugar permaneció casi olvidado hasta que, en la década de 1980, los paleontólogos lo estudiaron y lo situaron en el mapa científico mundial.

Niños bañandose

Niños bañandose / David Rull

Caminar entre los restos de basilosaurios, dorudones y sirenios es viajar atrás en el tiempo hasta un estuario eocénico en el que proliferaron manglares, peces, tortugas y serpientes marinas. Y, por si fuera poco, los esqueletos de los antiguos cetáceos conservan vestigios de patas traseras, testimonio inequívoco de un pasado terrestre que se fue diluyendo tras diez millones de años de adaptación al océano.

Llegar hasta el Wadi Hitan requiere un vehículo 4x4 e ir acompañado por buenos conocedores de la región. Nunca hay que subestimar el Sáhara porque su belleza no perdona errores. La agencia barcelonesa Image Tours ha incorporado esta escapada a sus propuestas para quienes visitan El Cairo y desean descubrir un Egipto distinto y alejado de las grandes rutas turísticas. Si, después de contemplar pirámides y explorar museos, mezquitas y bazares, decidimos adentrarnos en este océano de piedra, viviremos una experiencia singular que dejará una huella imborrable en el recuerdo de nuestro viaje al país del Nilo.