Visita festiva
Plumas, baile y confeti en medio del Atlántico, así se vive el Carnaval en Madeira
La celebración previa a la Cuaresma, una de los más singulares de Europa, transforma la isla portuguesa en una fiesta al aire libre que combina sátira, espectáculo y tradición

El Desfile Alegórico del Carnaval de Madiera, que inunda Funchal de brillo, color y mucha samba. / Francisco Correia
En mitad del Atlántico, frente a la costa africana, emerge Madeira. Sus montañas verdes caen sobre acantilados imposibles y el aire, húmedo y suave, huele a sal y a fruta madura. En su capital, Funchal, vive la mayoría de los madeirenses entre calles empinadas, mercados y plazas siempre llenas. Esta joya portuguesa, tierra de bordados y azúcar, presume de un clima privilegiado de luz y temperaturas suaves todo el año. Incluso en invierno. Aquí, febrero no es sinónimo de frío y abrigos, sino de baile, plumas y lentejuelas.
Madeira celebra uno de los carnavales más singulares de Europa. Su historia se remonta siglos atrás. Algunos historiadores y estudiosos sostienen incluso que el popular Carnaval de Brasil pudo haber evolucionado a partir del primitivo Carnaval de Madeira, nacido en el siglo XVI al calor de la expansión azucarera y fruto del encuentro de tradiciones europeas, africanas y paganas.
Esta gran celebración se ha consolidado con los años como uno de los grandes acontecimientos de la isla para locales y turistas. Durante esos días, los hoteles cuelgan el cartel de completo y la isla entera se convierte en un hervidero de actividad: miles de personas participan en los preparativos, ensayan coreografías, dan las últimas puntadas a trajes deslumbrantes y terminan de dar forma a decenas de carrozas que, a su debido momento, transformarán Funchal en un gran 'show' al aire libre.
El Carnaval de Madeira es una celebración que lleva la fantasía a distintos municipios de la isla, cada uno con su propio acento y personalidad. Aunque Funchal concentra los actos más multitudinarios, la fiesta no se limita a la capital: serpentinas, comparsas y música recorren el archipiélago, impregnando plazas y avenidas de ambiente festivo.
El Carnaval de Madeira es un mosaico de actividades que se prolongan durante casi dos semanas. Este año se ha celebrado del 11 al 22 de febrero -fechas que varían cada año según el calendario litúrgico- y durante ese tiempo la isla entera late al ritmo de la samba, la sátira y la tradición.

Una de las participantes en el desfile del Carnaval de Madeira, el pasado 22 de febrero. / Francisco Correia
La isla se llena de plumas
El pistoletazo de salida lo da la tradicional Festa dos Compadres en el municipio de Santana, al norte de la isla. Esta celebración, cargada de sátira, enfrenta a compadres y comadres a través de muñecos caricaturescos que representan escenas y personajes del año. Tras un juicio festivo lleno de ironía y crítica social, las figuras son quemadas, en un ritual que simboliza la renovación y marca oficialmente el comienzo del Carnaval en Madeira.
En Funchal, la animación toma las calles desde el principio. La Avenida Arriaga, centro neurálgico de la capital, y el casco histórico se llenan de música en directo, actuaciones, mercados locales y pequeños desfiles que calientan motores para los grandes días. El viernes previo al fin de semana principal se celebra el Carnaval Infantil, en el que cerca de un millar de niños desfilan disfrazados por el centro de la ciudad, una tierna fiesta llena de color. Esa misma jornada tiene lugar el Carnaval Solidario, una cita original y creativa con centenares de participantes cuya energía se contagia en un pasacalles que combina espectáculo y compromiso.
El gran desfile
La máxima expresión del Carnaval se vive el sábado por la noche, con el exuberante Desfile Alegórico. Alrededor de 1.500 participantes, ataviados con extravagantes trajes, y más de una docena de carrozas recorren la Avenida do Mar en un desfile rebosante de brillo, color, ritmo y mucha samba.
La fiesta se despide el martes de Carnaval con el Cortejo Trapalhão, un desfile satírico que nació de forma espontánea en la calle a comienzos del siglo XX. Mantiene intacto su espíritu irreverente: disfraces ingeniosos, parodias sociales y mucho humor. La participación está abierta a locales y visitantes, con distintas categorías y premios de hasta 500 euros. Entre risas y confeti, Madeira pone el broche final a un Carnaval único en el mundo.
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