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Chile

De Punta Arenas al fin del mundo

De la ciudad chilena a Ushuaia, pasando por fiordos, glaciares y colonias de pingüinos, los cruceros Australis ofrecen explorar un paisaje intacto

Uno de los cruceros Australis, que ofrece la experiencia desde Punta Arenas a Ushuaia por la Patagonia austral.

Uno de los cruceros Australis, que ofrece la experiencia desde Punta Arenas a Ushuaia por la Patagonia austral. / Albert Falcó

Albert Falcó

Albert Falcó

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Antes de embarcar rumbo al extremo sur del continente, Punta Arenas merece una visita sin prisas. Esta ciudad chilena, enclavada en el estrecho de Magallanes, nació como puerto estratégico para la navegación interoceánica anterior a la construcción del canal de Panamá. Durante el siglo XIX, fue puerto ballenero, escala obligada para comerciantes y punto de llegada de oleadas migratorias. Los primeros pobladores llegaron desde la isla de Chiloé, seguidos de españoles, croatas, británicos y otras nacionalidades que se fueron asentando atraídos por el comercio marítimo y la ganadería ovina, moldeando un centro urbano muy cosmopolita en uno de los confines más remotos del mundo. Apellidos como Menéndez o Braun quedaron ligados al crecimiento económico de la Patagonia austral, y su influencia aún define el carácter sobrio, resiliente y profundamente marinero de Punta Arenas.

Desde su puerto parten los cruceros Australis, con sus barcos gemelos Stella y Ventus, en una travesía que conecta esta ciudad con Ushuaia, recorriendo paisajes intactos de la Patagonia chilena. La ruta se adentra primero en el estrecho de Magallanes y continúa por el canal de Beagle, contemplando fiordos, glaciares, abruptas montañas y el bosque magallánico detenido en el tiempo. Pensado como un auténtico crucero de exploración, Australis ofrece un ritmo pausado, ideal para descubrir cada rincón de la geografía patagónica y sumergirse en la inmensidad y el silencio de estos paisajes, siempre sin alterarlos ni dejar huella.

Un viajero y, al fondo, un glaciar.

Un viajero y, al fondo, un glaciar. / Albert Falcó

Fauna local

Uno de los momentos más evocadores del itinerario son los islotes Tucker, donde los desembarcos en zódiac permiten acercarse respetuosamente a colonias de pingüinos magallánicos y cormoranes, mientras lobos marinos descansan sobre las rocas. La navegación continúa por el glaciar Marinelli y hacia la denominada Avenida de los Glaciares, un espectacular corredor natural de hielo y roca de increíble belleza. Paseando llegaremos frente al glaciar Pía, donde el crujido del hielo al quebrarse suena como un trueno y nos recuerda la fuerza y fragilidad de estos paisajes extremos. Si las condiciones climáticas lo permiten, ya que la naturaleza en la Patagonia es quien decide, la expedición incluye el desembarco en el cabo de Hornos, lugar legendario, cargado de simbolismo. Su faro y el monumento al albatros marcan el punto más austral del mundo (excluida la Antártida) y evocan la historia de los grandes navegantes que se enfrentaron al temido mar de Drake, considerado el más peligroso del mundo para la navegación. Los chilenos recuerdan con orgullo patrio la gesta del piloto Pardo, que en 1916 rescató a la expedición antártica de Ernest Shackleton tras el naufragio del Endurance, una noble hazaña de la navegación austral.

Uno de los cruceros Australis

Uno de los cruceros Australis / Albert Falcó

Un viaje entre naturaleza indómita e historias de marineros

La travesía finaliza en Ushuaia, ya en tierras argentinas, con la sensación de haber recorrido un territorio indómito e inalterado. Desde los ecos del esplendor comercial de Punta Arenas hasta la inmensidad de glaciares, fiordos y canales, la ruta ofrece una experiencia que combina exploración, memoria y paisaje.

La vida a bordo no se limita a la mera contemplación de los paisajes patagónicos. Las actividades propuestas por el equipo de naturalistas de la tripulación se organizan en diferentes niveles, adecuándose a los diferentes intereses y condiciones físicas de los viajeros. Desde suaves y agradables paseos por el bosque magallánico, hasta trekkings para los más intrépidos, que permiten acercarse a miradores naturales de estos paisajes inalterados por el hombre. Los desembarcos guiados en zodiac y las charlas sobre historia y ecología permiten interactuar con el entorno respetuosamente, mientras que la comodidad y el servicio del crucero equilibran aventura y descanso. La gastronomía también es un punto fuerte, ofreciendo exquisitos y cuidados menús maridados con los mejores vinos chilenos.

Punta Arenas, con su historia de puerto fronterizo, y la ruta hacia Ushuaia recuerdan que la Patagonia austral es un territorio que se debe vivir y conservar como un privilegio. Cada paisaje, sonido y encuentro con la fauna refuerzan la sensación de hallarse en un lugar puro, inmaculado, que debemos respetar y cuidar para futuras generaciones.