Argentina

Los saltos de Moconá y las cataratas de Iguazú, dos joyas misioneras

  • La llegada a la selva de la provincia argentina de Misiones provoca un shock visual en el viajero que llega de la jungla de asfalto: un mato de vegetación que lo cubre todo, la tierra de un rojo intenso y el único gris que puede verse es el del cielo cuando barrunta lluvia

Cataratas de Iguazú.

Cataratas de Iguazú. / LAURA PUIG

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Laura Puig

El salto de una jungla de asfalto a la selva de la provincia de Misiones, en Argentina, puede provocar en el viajero un shock visual abrumador. Un tupido manto de vegetación lo cubre todo y los caminos que lo atraviesan deben ser limpiados cada semana o de lo contrario la selva los engulle. La tierra es de un color rojo intenso debido a la elevada concentración de hierro. Y el único gris que puede verse, quitando el de las carreteras, es el del cielo cuando las nubes barruntan lluvia. Y es en esta selva misionera, que todavía conserva algún rincón virgen, donde se hallan dos joyas de la naturaleza argentina: los saltos del Moconá y las cataratas de Iguazú.

Al este de esta provincia, en la ribera del río Uruguay que hace de frontera natural con Brasil, se levantó hace 76 años el pueblo de El Soberbio. Según explica su intendente (el equivalente a un alcalde), Roque Soboczinski, el nombre responde a los sentimientos que provocaba el paraje entre los primeros que se instalaron en aquellas tierras, la mayoría de ellos dedicados a la tala de madera: "¡Esto es soberbio!". Y así hasta hoy. Se trata de un municipio de más de 40.000 habitantes --aunque el 60% de ellos habitan en la zona rural-- que viven principalmente del cultivo de tabaco, citronela, yerba mate, mandioca, soja y maíz. Y desde El Soberbio, siguiendo la ruta 2 hasta su final, se llega a los saltos del Moconá, un paraje desconocido en latitudes europeas.

Los saltos del Moconá.

/ EL PERIÓDICO

Se trata de unas cascadas de 1.900 metros de amplitud cuya peculiaridad es que son longitudinales al curso del río, en lugar de transversales, como suele ser habitual. Su altura oscila entre los tres y los siete metros. Pero hay que tener suerte para verlas. Si el río crece mucho, el agua las cubre por completo. Según Víctor Motta, el director de Turismo de El Soberbio, hay unos 90 días al año en que no son visibles.

Pero el viajero no debe frustrarse si los saltos le son esquivos, pues en este rincón de la selva misionera se pueden realizar paseos en kayak por el río, senderismo, tirolina, cabalgatas o safaris por la selva (para los que hay que tener “mucha paciencia”, avisa la guía Gloria Gómez). Todas ellas actividades para disfrutar y aprender a respetar una selva que lucha por su supervivencia. También se puede visitar alguna de las comunidades guaraníes que siguen viviendo de un modo ancestral. Algunas permiten pernoctar allí, pero no es lo habitual porque todavía hay chamanes (la autoridad religiosa) y caciques (la autoridad política) que prefieren preservar su intimidad.

El río Uruguay atraviesa la selva misionera.

/ LAURA PUIG

1.756 metros cúbicos de agua

A 258 kilómetros en dirección norte del Soberbio se encuentra otra maravilla de la naturaleza: las cataratas del Iguazú, que comparten Argentina y Brasil. La primera tiene en su territorio el 70% de los saltos; el segundo, el restante 30%. Su formación se remonta a hace unos 200.000 años, cuando unos movimientos sísmicos quebraron el macizo de Brasilia provocando una caída de agua en el cauce del río Iguazú que hoy día tiene unos 80 metros de altura y una amplitud de 2.700 metros. En total, cuenta con 275 saltos con un caudal medio de 1.756 metros cúbicos por segundo. Una marabunta de agua que deja sin palabras al visitante.

La visita puede realizarse por agua o por tierra. Por agua se llega mediante la experiencia La Gran Aventura, que incluye una excursión en un vehículo descubierto por la selva y un paseo en barca hasta el salto Tres Mosqueteros y el San Martín. Se aconseja ir preparado para una lluvia copiosa de agua de río. El salto San Martín se halla frente a la isla homónima, escenario de la película 'La misión'. De hecho, de aquellas misiones jesuíticas proviene el nombre de la provincia.

La Garganta del Diablo, en las cataratas de Iguazú.

/ LAURA PUIG

Por tierra, se pueden tomar varios circuitos para poder ver las cataratas desde diferentes perspectivas, aunque el más espectacular es el que lleva al viajero hasta la mismísima Garganta del Diablo, el salto que concentra el mayor caudal de las cataratas. Según cuenta la leyenda, se llama así porque refleja el amor entre una princesa y un príncipe guaraní que desató la envidia del diablo, quien en venganza decidió convertir a la mujer en catarata y al hombre en la vegetación que la rodea para condenarlos a estar siempre cerca pero sin contacto. Dicen que el arco iris que suele unir la cascada con la vegetación es la prueba de que los amantes burlaron la maldición.

El rey de la selva

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Las cataratas se encuentran en el parque nacional de Iguazú, creado en 1934 para preservar el paraje. El parque tiene una extensión de unas 67.000 hectáreas protegidas a las que posteriormente se han anexionado parques provinciales que suman casi 300.000 hectáreas de selva. Allí reina el yaguareté (jaguar), el tercer mayor felino tras el león y el tigre y que se encuentra en peligro de extinción. En el año 2002 se puso en marcha el Proyecto Yaguareté para ayudar a su conservación. Entonces el parque contaba con unos 10 ejemplares, hoy son entre 20 y 25. Normalmente, el yaguareté rehúye el contacto humano y solo se acerca a las instalaciones del parque cuando este cierra sus puertas. En lo peor de la pandemia, un vigilante llegó a ver un ejemplar en una de las paradas de los vehículos de transporte de viajeros.

En el parque también habitan pumas, cuyos ejemplares duplican o triplican la comunidad de yaguaretés, así como tapires, tucanes, urracas o curatíes. Estos tres últimos, son fácilmente visibles.

Consejos prácticos

Dónde dormir:

En El Soberbio hay varias opciones para pernoctar en plena naturaleza. En el lodge de selva La Misión Moconá cuentan con cabañas y domos junto al río Uruguay (lamisionlodge@gmail.com). También en medio de la selva se encuentra el Moconá Virgin Lodge, un 'todo incluido' que cuenta con piscina y ofrece actividades como tirolina, senderismo o paseos en barca. En la Reserva Yasí Yateré, además de contar con cabañas tienen un jardín botánico y su dueño, Leonardo Rangel, realiza visitas guiadas.

En Iguazú, la oferta es mucho más variada. En una antigua reserva guaraní en plena selva Iryapú, se encuentra el Loi Suites Iguazú, que cuenta con 160 habitaciones que oscilan entre los 250 y los 600 dólares la noche. Otra atractiva opción es alojarse en pleno parque nacional, en el Gran Meliá Iguazú, con una espectacular vista a las cataratas, con precios a partir de los 400 euros la noche.

Qué comer:

No se puede ir a Argentina y no probar un asado, la típica barbacoa, o las empanadas. Más típico de la zona son las chipás, unas bolas elaboradas con harina de mandioca y queso, o el reviro, una especie de pasta elaborada con harina y agua, con ticueí, un salteado de carne. Todo ello regado con vinos de la variedad Malbec, la más popular en el país. Y de postre, dulce de leche.