Coll de Pradell

El coloso de la Volta a Catalunya

Coll de Pradell

El coloso de la Volta a Catalunya

Por Sergi López-Egea y David Jiménez

La 104ª edición de la Volta a Catalunya (del 24 al 30 de marzo) debía servir para repetir la experiencia de escalar en bicicleta la segunda montaña más dura de la geografía, sólo por detrás del temido Angliru asturiano.

El Coll de Pradell, con 1.750 metros de altitud, enclavado en la comarca del Berguedà, se tenía que subir a partir del kilómetro 84 de la sexta jornada de la prueba (sábado, 29 de marzo), una etapa durísima. En 2024 fue un espectáculo de público, propio de una etapa del Tour. Un año después se esperaba batir los récords de 2024, pero las previsiones meteorológicas obligaron a suspender el paso por este tramo por culpa del viento.

La etapa reina

La sexta etapa, entre Berga y el santuario de Santa Maria de Queralt, será la jornada reina de una Volta 2024, que tendrá previamente otros dos finales en alto, primero en La Molina (en la tercera etapa) y después en Montserrat (cuarta etapa).

Esa etapa reina, de 159 kilómetros, triturará las piernas de los ciclistas con cuatro puertos de montaña: antes de la ascensión a Pradell se afrontará la subida al Coll de la Batallola, considerado de tercera categoría y con 1.180 metros de altitud, donde lo más lógico es que se forme la escapada del día. A continuación, la Volta se enfrentará a las cuestas de Pradell, de categoría especial, con pendientes de hasta el 23%y 15,3 kilómetros de agónico ascenso. La etapa es distinta a la diseñada en 2024, quizás un poco más suave, aunque después del paso por Pradell aún quedarán en el recorrido la Collada de Sant Isidre y Queralt, donde está instalada la meta. El año pasado el escenario sirvió para una exhibición de máximo nivel de Tadej Pogacar, como ensayo a los triunfos en Giro, Tour y Mundial.

Por si queda algo por decidir tras superar el día clave de la carrera aún habrá el circuito de Montjuïc, en Barcelona, para la sentencia final.

La etapa reina

La sexta etapa, entre Berga y el santuario de Santa Maria de Queralt, será la jornada reina de una Volta 2024, que tendrá previamente otros dos finales en alto, primero en La Molina (en la tercera etapa) y después en Montserrat (cuarta etapa).

Esa etapa reina, de 159 kilómetros, triturará las piernas de los ciclistas con cuatro puertos de montaña: antes de la ascensión a Pradell se afrontará la subida al Coll de la Batallola, considerado de tercera categoría y con 1.180 metros de altitud, donde lo más lógico es que se forme la escapada del día.

A continuación, la Volta se enfrentará a las cuestas de Pradell, de categoría especial, con pendientes de hasta el 23%y 15,3 kilómetros de agónico ascenso. La etapa es distinta a la diseñada en 2024, quizás un poco más suave, aunque después del paso por Pradell aún quedarán en el recorrido la Collada de Sant Isidre y Queralt, donde está instalada la meta. El año pasado el escenario sirvió para una exhibición de máximo nivel de Tadej Pogacar, como ensayo a los triunfos en Giro, Tour y Mundial.

Por si queda algo por decidir tras superar el día clave de la carrera aún habrá el circuito de Montjuïc, en Barcelona, para la sentencia final.

El coloso: Coll de Pradell

Catalunya necesitaba un referente de montaña. Y ese papel lo ha asumido Pradell, un puerto que también figura en la lista de la Vuelta para subirlo en un futuro no muy lejano. La ronda catalana es la tercera carrera por etapas más antigua de la competición ciclista, solo superada por el Tour y el Giro. Pero, a diferencia de las tres grandes rondas, hasta la legada de Pradell no tenía una cumbre con la que identificarse.

Coll de Pradell

  • Cima: 1.735 metros
  • Km de ascenso: 17,1
  • Pendiente media: 6,3 %
  • Pendiente máxima: 23% (km 15,3)
  • Desnivel: 1.080 metros
  • Catalogación: categoría especial.

El coloso: Coll de Pradell

Catalunya necesitaba un referente de montaña. Y ese papel lo ha asumido Pradell, un puerto que también figura en la lista de la Vuelta para subirlo en un futuro no muy lejano. La ronda catalana es la tercera carrera por etapas más antigua de la competición ciclista, solo superada por el Tour y el Giro. Pero, a diferencia de las tres grandes rondas, hasta la legada de Pradell no tenía una cumbre con la que identificarse.

Coll de Pradell

  • Cima: 1.735 metros
  • Km de ascenso: 17,1
  • Pendiente media: 6,3 %
  • Pendiente máxima: 23% (km 15,3)
  • Desnivel: 1.080 metros
  • Catalogación: categoría especial.
El Coll de Pradell está llamado a ser el símbolo de la Volta a Catalunya. Un icono comparable a los que muestran cada año las tres grandes vueltas por etapas del ciclismo internacional. Estos son los más destacados que se ascenderán en 2025.

El Mont Ventoux se subió por primera vez en el Tour de 1951 pero siempre quedó marcado por la muerte del británico Tom Simpson, en 1967, a causa de las anfetaminas. El primer registro de ascenso, sin embargo, lo marcó Petrarca a pie el 26 de abril de 1336. Se le domina ‘El Gigante de Provenza’.

  • Cima: 1.910 metros
  • Km de ascenso: 21,3
  • Pendiente media: 7,4%
  • Pendiente máxima: 12% (km 6, 20 y 21)
  • Desnivel: 1.588 metros
  • Catalogación: categoría especial.

El Col de la Finestre marcará la penúltima etapa del Giro, la jornada reina de la prueba. Los últimos 8 kilómetros son sin asfalto. Chris Froome sentenció la victoria de 2018 y Alberto Contador sufrió de lo lindo en 2015 para salvar el triunfo ante la ofensiva de Mikel Landa y Fabio Aru.

  • Cima: 2.178 metros
  • Km de ascenso: 18,5
  • Pendiente media: 9,2%
  • Pendiente máxima: 14% (km 2)
  • Desnivel: 1.692 metros
  • Catalogación: categoría especial.
  • Terreno: Asfalto (67,9%), pista forestal (42,1%)

La Bola del Mundo, en lo más alto de Navacerrada, en la sierra de Guadarrama, acabará por decidir la próxima edición de La Vuelta a un día de Madrid. Es un ascenso de creación reciente, aunque ya es un símbolo para los cicloturistas madrileños y segovianos. Las rampas alcanzan el 18% e, incluso, puntualmente se encarama al 20%. La ronda española lo descubrió en 2010.

  1. Cima: 2.258 metros
  2. Km de ascenso: 12,5
  3. Pendiente media: 8,5%
  4. Pendiente máxima: 20% (en el km 11)
  5. Desnivel: 969 metros
  6. Catalogación: categoría especial.

El Mont Ventoux se subió por primera vez en el Tour de 1951 pero siempre quedó marcado por la muerte del británico Tom Simpson, en 1967, a causa de las anfetaminas. El primer registro de ascenso, sin embargo, lo marcó Petrarca a pie el 26 de abril de 1336. Se le domina ‘El Gigante de Provenza’.

  • Cima: 1.910 metros
  • Km de ascenso: 21,3
  • Pendiente media: 7,4%
  • Pendiente máxima: 12% (km 6, 20 y 21)
  • Desnivel: 1.588 metros
  • Catalogación: categoría especial.

El Col de la Finestre marcará la penúltima etapa del Giro, la jornada reina de la prueba. Los últimos 8 kilómetros son sin asfalto. Chris Froome sentenció la victoria de 2018 y Alberto Contador sufrió de lo lindo en 2015 para salvar el triunfo ante la ofensiva de Mikel Landa y Fabio Aru.

  • Cima: 2.178 metros
  • Km de ascenso: 18,5
  • Pendiente media: 9,2%
  • Pendiente máxima: 14% (km 2)
  • Desnivel: 1.692 metros
  • Catalogación: categoría especial.
  • Terreno: Asfalto (67,9%), pista forestal (42,1%)

La Bola del Mundo, en lo más alto de Navacerrada, en la sierra de Guadarrama, acabará por decidir la próxima edición de La Vuelta a un día de Madrid. Es un ascenso de creación reciente, aunque ya es un símbolo para los cicloturistas madrileños y segovianos. Las rampas alcanzan el 18% e, incluso, puntualmente se encarama al 20%. La ronda española lo descubrió en 2010.

  1. Cima: 2.258 metros
  2. Km de ascenso: 12,5
  3. Pendiente media: 8,5%
  4. Pendiente máxima: 20% (en el km 11)
  5. Desnivel: 969 metros
  6. Catalogación: categoría especial.

Así se sube a Coll de Pradell

Son ya más de dos décadas, desde el momento en que se asfaltó el camino a la cima y comenzó a ser una ruta ciclable, que Coll de Pradell lleva causando un poderoso efecto de atracción fatal en un buen puñado de ciclistas que disfrutan a la vez que agonizan en sus cuestas de desniveles desmesurados. Un puerto de los que exprime hasta la última gota de energía y de los que te retuercen encima de la bicicleta, pero que regala postales visuales que quedan grabadas a fuego en la memoria.

Y es que es una subida que va más allá de lo duro. “Agónico” es el calificativo con el que Raül Massabé (más conocido en el mundo del cicloturismo -o ‘globerismo’ como definición chistosa y asumida por todos los que le damos a los pedales- como Ramacabici) define un puerto de montaña que para él es de los que “toca la fibra” y que no duda en calificar como “el más duro de Catalunya”. “Hay otros más largos como el Turó de l’Home o el Mont Caro, pero no son tan exigentes”.

Ese idilio del ciclista raso, del que más allá de conquistar una cima icónica sacrifica horas de sueño para regalarse un tiempo de colapso emocional con la montaña, del que entiende esta experiencia como un regalo que pasa a ser secreto a voces entre confidentes y que se transmite de padres a hijos, y del que lo honra con un exquisito cartel de madera en su cima, se ha extendido durante estos 20 años y Massabé es un ejemplo de esa pasión: “Lo subo dos o tres veces al año. Mínimo 40 veces”.

El puerto, tramo a tramo

El Coll de Pradell se sube en la Volta a Catalunya por la vertiente clásica, que tiene un inicio algo más suave que si se afrontará ascendiendo por la vertiente de Fumanya. Un ascenso de algo más de siete kilómetros con un desnivel medio de entre el 5 y el 6% por una carretera comarcal de doble carril y asfalto en óptimas condiciones, la que une Guardiola de Berguedà con Saldes y Gòsol, y el posterior desvío por la B-401 donde se corona este primer y largo tramo de subida al alcanzar el mirador de Cap Deig.

Este primer tramo de subida da la sensación de ser un "puerto normal. Piensas que 'no es para tanto' aún guardando una rampa del 10% en el inicio del desvío de la carretera de Vallcebre", explica Raül Massabé. En definitiva, no es lo que le da el toque diferencial a Coll de Pradell.

Tras superar la primera mitad del puerto en constante subida, el perfil nos da un pequeño respiro con un descenso de algo más de un kilómetro que desemboca en la bucólica localidad de Vallcebre. 

Un tramo que bien sirve “para dejar de dar pedales”, como explica Massabé, teniendo en cuenta que en breve los ciclistas afrontarán las mayores dificultades de este ascenso al Coll de Pradell y hay que llegar con las piernas frescas y el ánimo intacto.

Es en la misma Vallcebre, tras dejar atrás la iglesia de Santa Maria, que cambia radicalmente el escenario. 

Pasamos de un puerto de ritmo constante y fácilmente pedaleable a otro bien distinto donde no queda más remedio que tirar de todo el desarrollo posible y contemporizar delante de este nuevo frente que se abre ya con rampas por encima del 10% y nos adentra por el estrecho camino rural que serpentea hasta el Pla de la Barraca, con un km a más del 12% de media y otro que mantiene la agonía durante varios centenares de metros para, luego, dar un necesario respiro en el punto donde confluyen las dos vertientes de subida a Coll de Pradell.

Massabé advierte sobre la dureza de este tramo: "Esa carretera estrecha que hay tras pasar el pueblo que va pasando por varias casas, es un tramo muy duro. Todo el mundo dice que Pradell es 'la rampa', pero antes de 'la rampa' hay esto: dos kilómetros que se acercan 12% de media y que llega hasta el 16%".

El mito del Coll de Pradell como un puerto de montaña que está llamado a fijarse en el imaginario del cicloturismo y del ciclismo profesional como un icono, le debe mucho de ese aura a sus tres agónicos últimos kilómetros. “A partir del cruce viene algo más de un kilómetro que es duro aunque no exagerado, pero es de los ya que toca de nuevo sufrir”, indica Massabé. Aun así, estamos hablando de una media sobre el 11%... Y aún queda por llegar lo más terrible.

Porque es cuando alcanzas el lago Tomí, giras a la izquierda y afrontas el primer duro repecho que te lleva a ‘la rampa’ que uno es consciente del desafío que tiene delante. “En mi mente, la sensación es la de estar en un trampolín para los saltos de esquí”, explica el creador de Ramacabici.

La peculiaridad de esta rampa va más allá de su escandaloso desnivel, que alcanza un máximo del 23%. Si se la considera una auténtica tortura es en gran parte por su terreno: “Es de cemento, además de que da la sensación de que está dispuesta en forma de ondas y notas que la bici no avanza”, asevera Raül.

Y cuando crees que ya has superado este tramo crítico, la dura realidad se impone: aún quedan las dos curvas del turístico tren minero con rampas del 16 y 17%.

Luego sí, llega un momento de descanso, pero al final hay que lidiar con otra rampa antes de coronar que se enfila hasta el 20%, aunque aquí predomina el asfalto, antes de entrar en la última recta, de desnivel mucho más moderado que te lleva directo a la cima y que premia a los ciclistas con una panorámica excepcional con la la Serra de Ensija, el Pedraforca y la serralada del Cadí-Moixeró presidiendo y la sensación que todo este sufrimiento bien ha valido la pena.

Un reportaje de EL PERIÓDICO

Textos:
Sergi López-Egea y David Jiménez
Diseño:
Andrea López-Hermida, Ramon Curto y David Jiménez
Agradecimientos:
Ayuntamientos Vallcebre y Saldes,
Raül Massabé (Ramacabici)
Coordinación:
Rafa Julve