Fútbol femenino
¿Cómo crear un equipo femenino desde cero? El ejemplo de la UE Sant Ildefons: "La respuesta nos abrumó"
La entidad ha creado esta temporada su primer equipo femenino. Lo que empezó con la preocupación de llenar las plazas ha terminado con lista de espera para entrar en el equipo y la petición de que se hagan más equipos la temporada que viene.

UE Sant Ildefons femenino: la creación de un equipo desde cero / MANU MITRU / VÍDEO: M. MITRU / M. TUDELA

¿Querer es poder? Hay demasiados posicionamientos ante una de las preguntas que más discrepancias suscita. Hay quien dice que no solo con implicarse en algo sale, mientras que el bando opuesto defiende que se necesita mucho más que la voluntad para que algo funcione. Sin embargo, hay un elemento que coincide en ambos puntos de vista. Y es la voluntad de hacer algo. El fútbol femenino ha estado mucho tiempo enterrado bajo el mantra: "No interesa. No genera. No invierto". Esa falsedad catedralicia que ha privado a muchas niñas de ser futbolistas o de simplemente calzarse unas botas en su tiempo libre. La voluntad de hacerlo crecer no existía, pero por suerte las cosas están cambiando. No solo porque a día de hoy hay unas referentes incontestables, sino porque los clubes se han puesto las pilas. Las niñas ya no piden permiso para jugar a fútbol, ahora exigen a sus clubes y escuelas que se las incluya en una estructura en la que siempre han estado vetadas.

Jugadoras del Sant Ildefons entrenando / Manu Mitru
La consolidación del fútbol femenino a todas las escalas pasa por crear una base. Que las más pequeñas no se sientan forasteras en los clubes de fútbol, desde los más profesionales hasta los de barrio. Ese es el cambio que se ha generado en los últimos años. En la UE Sant Ildefons (Cornellà) han vivido de primera mano esa circunstancia. "Siempre lo habíamos tenido en mente como club, pero nunca habíamos dado el paso", confiesa Hilario Aguilar, coordinador del equipo femenino. "El año pasado, hablando con el director deportivo, me planteó la posibilidad de si me veía con fuerzas de encabezar este proyecto, y le dije que sí. Empezamos a trabajarlo totalmente desde cero", cuenta.
Pero, ¿qué hay que hacer para crear un equipo femenino? ¿Es tan difícil como algunos lo pintan? "Para nada. La estructura del fútbol masculino nos ayuda. Lo que hay que hacer es duplicarla a nivel administrativo y organizativo, como si fuera un equipo más", relata el encargado. "Quizá lo más difícil era la captación de jugadoras. Lo primero que hicimos fue dirigirnos a nuestros jugadores con una carta tradicional explicando que el año que viene íbamos a lanzar un equipo femenino, que en junio íbamos a iniciar unos entrenamientos de prueba y que si tenían alguna hermana, amiga, familiar en el club teníamos las puertas abiertas a cualquier niña de cualquier edad. Empezamos sin saber exactamente qué categoría íbamos a hacer. Por un lado, la vía tradicional, y luego el poder de las redes sociales. En el momento que publicamos en nuestras redes sociales, que evidentemente tienen muchos seguidores a través del fútbol masculino, que se iba a montar el fútbol femenino, y yo como cabeza visible, la respuesta me abrumó".

Hilario Aguilar junto a las jugadoras del Sant Ildefons entrenando / Manu Mitru
No sabían lo que podían esperar del llamamiento, pero desde los primeros momentos en que arrancaron el proyecto vieron que la cosa pintaba bien. El primer día se presentaron 12 niñas en una lista. A medida que pasaban los entrenamientos se iban sumando más niñas. "Llegamos a juntar a finales de junio 25 o 26 niñas de diferentes edades. Esa ha sido la base del equipo definitivo que nos ha salido, que es de categoría alevín-infantil", añade Hilario. Actualmente hay lista de espera en caso de que alguna de las 14 jugadoras que forman el equipo de fútbol 7 tenga algún percance o se dé de baja.
Equipo, más allá del césped
Después del colegio, todas llegan cargando a cuestas la mochila. Se despiden de sus padres o abuelos y echan a correr cuesta abajo hasta llegar a su vestuario. Se van interceptando por el camino y charlan animadamente hasta que, una vez cambiadas, se colocan en el lateral del campo mientras se atan las botas. No todas han recorrido el mismo camino hasta llegar a ese preciso momento. Hay algunas que sus padres accedieron, y hasta incentivaron, que se apuntaran a fútbol. Otras han tenido que lucharlo más, convenciendo día a día a sus progenitores para que les dejaran entrar en el equipo. Las barreras siguen existiendo, pero lo que ha cambiado es que las nuevas generaciones de futbolistas no aceptan un no por respuesta.

Las jugadoras del Sant Ildefons despues del entreno / Manu Mitru
Durante muchos años, a las mujeres no se les enseñaba ni se les permitía a hacer equipo. Se instauraba una competencia exacerbada entre ellas. Sin espacios propios, era complicado que pudieran desarrollar su talento si no competían con la que designaban su igual. O ella o yo. No hay espacio para las dos. Así iban las cosas (y aún pasa demasiado a menudo). Ahora, el fútbol les ha dado a las niñas ese espacio para compartir. Siempre pendientes las unas de la otras, ayudándose cuando a una le sale mal el chut o tiene que dejar el entrenamiento porque se hace daño. Han creado equipo dentro y fuera del campo.
Con el equipo se ha reeditado esa concepción de competitividad. "A ellas siempre, siempre, les gusta ganar, obviamente. Pero nosotros incidimos mucho en un tema de valor deportivo", cuenta Fran Mora, entrenador del equipo. "Es una categoría escolar, es decir, que no buscamos que sean competitivas. No buscamos un resultado, sino que poco a poco vayan mejorando y que en junio vean todo lo que han aprendido y cómo se han desarrollado como jugadoras", cuenta el técnico.
Los entrenamientos fusionan la diversión con la técnica. "Intentamos mucho incidir en lo básico a nivel técnico. Que puedan conducir un balón, un pase, un disparo y poco a poco ir evolucionando hacia ahí. Pero lo que nos gusta más reforzar es que tengan una buena base para luego adquirir conocimientos más exigentes. Yo que he entrenado también a niños y, comparado con niñas, me doy cuenta de que a nivel de actitud es diferente. Ellas quizá no tienen tanto conocimiento, porque desde pequeñitas no han tenido esa base, que sí que tiene un niño. Pero tienen las ganas de aprender, es algo nuevo. Esa motivación nos sirve a nosotros a la hora de poder enseñarles y que aprendan de una forma muy rápida. Nos gusta por eso", cuenta Mora. "Ellas ya vienen motivadas de casa", recalca Jordi Castellano, segundo entrenado del equipo.

Padres viendo a sus hijas entrenar en el Sant Ildefons / Manu Mitru
Algunos de los padres se quedan a ver el entrenamiento desde lejos, apoyados en las barandillas que delimitan el campo. No hablan, solo observan. Algunos se hacen una hora de ida y otra de vuelta los dos días que entrenan sus hijas. "Lo hago por ella, lo que haga falta", cuenta uno de los progenitores. El futbol ha dado mucho a estas familias, que ven cómo sus hijas por fin tienen un lugar en el deporte que han vivido desde pequeñas. El cambio es por y para ellas. Lo demandan y lo aprovechan y abren aún más espacio para las que vendrán. Porque muchas lo harán.
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