Behobia-San Sebastián

La carrera que apasiona a los corredores catalanes

Para el corredor popular medio, el que hace malabarismos en su día a día para fugarse a hacer sus trotes con el fin de cumplir un humilde objetivo a nivel competitivo, pero que suele ser trascendental a nivel personal, y que en su descanso dominical prefiere pegarse un madrugón mayor que el que le toca por obligación en días laborales solo por fervor de  colgarse un dorsal, batallar por ponerse delante de una línea de salida y compartir kilómetros, sudores y momentos de felicidad mezclados con otros de semi agonía con gente con su misma afición /locura, la Behobia-San Sebastián (B/SS) representa una de esas carreras que hay que hacer ‘una vez en la vida’.

Y dentro de ese grupo de amantes de la prueba guipuzcoana, la más antigua de España, con más de 100 años de historia y 57 ediciones en su haber, los catalanes son un caso aparte. Y es que este 2022 hasta 6.478 corredores procedentes de Catalunya, entre ellas más de un tercio de corredoras catalanas, se desplazarán al País Vasco para recorrer los, no siempre exactos y sí permanentemente sinuosos, 20 kilómetros y 192 metros de desnivel que separan el barrio irunés de Behobia de la capital donostiarra. Por primera vez en la historia habrá más catalanes con dorsal en la B/SS que guipuzcoanos, este año algo por debajo de los 5.800.

Si el dato en sí es llamativo, ahí van dos más: los catalanes representan el 21% del total de 30.000 corredores que se suman una carrera que meses antes agota las inscripciones, y es la región que suele aportar el porcentaje más alto de participación femenina, un 36% de todos los que viajan desde Catalunya. Por ponerlo en contexto, solo con los catalanes que van a la B/SS se podría organizar una prueba medio-grande en la ciudad de Barcelona. 

¿Pero cuál es el secreto para que cale tanto en el pueblo atlético catalán una carrera que se celebra a más de 500 kilómetros de distancia de su radio habitual de pruebas populares, que obliga a pegarse un viaje que es una auténtica paliza maratoniana y hacer equilibrios laborales para poder ir a disputarla y que resulta un gasto en los bolsillos considerable en la siempre preciosa, pero nada barata -un fin de semana de noviembre con precios de temporada alta en hospedaje y restauración es la mayor queja de los corredores, por encima incluso del precio de la inscripción a la carrera-, ciudad de San Sebastián?

Corredores populares y sus acompañantes, voluntarios, atletas vencedores de la prueba donostiarra, y animadores nos explican sus motivos para que, año tras año, peregrinen hasta el País Vasco a disfrutar de la experiencia. 

Sintonía entre catalanes
y guipuzcoanos

"Es el mejor efecto 'boca-oreja' que yo he conocido en el mundo del márketing”, explica Fernando Ibarreta, productor ejecutivo de la Behobia-San Sebastián, un mastodonte de carrera que durante el fin semana de su celebración moviliza a cerca de 2.000 personas para llevarla a cabo, entre personal organizativo, seguridad y voluntarios, la disputan nada menos que 30.000 corredores y la aplauden en los aledaños de sus 20 kilómetros otros 70.000 vecinos y acompañantes. 

“Hace 15 años comenzamos a notar un creciente 'feeling', comenzaron a venir catalanes y más catalanes, no hizo falta hacer nada de publicidad, ellos mismos nos la hacían”
Fernando Ibarreta, productor ejecutivo de la Behobia-San Sebastián

Para el director de la carrera que organiza desde el también centenario Club Deportivo Fortuna, el secreto es doble. Primero, que más allá de una afinidad social, cultural y política, “los catalanes son conscientes de que pueden pasar un fin de semana espectacular en la zona con la mera excusa de la carrera”, subraya. Y, segundo, que el carácter guipuzcoano y, particularmente, la sociología deportiva donostiarra, inunda esta “carrera creada para los aficionados”, como al él le gusta definirla.

“Somos un territorio que amamos el deporte de siempre, de los deportes rurales y autóctonos a los grandes eventos”, indica. “El guipuzcoano sale a la calle y se vuelca. Eso hace que la Behobia siga impregnada en la gente y la siente como suya. Nosotros, el club Fortuna, organizamos, pero realmente hay un montón de factores que ayudan a que esto sea un éxito nuestro, es un éxito de todos”.

Y es que salir a animar el día de la B/SS es también una tradición: "Es como el día de los Reyes Magos, todo el mundo se planifica y va a animar a un sitio en concreto. Y no va cinco minutos, va una o dos horas, llueva, granice o haga viento, y eso es lo que la hace diferente. La afición hace sentir a los corredores como héroes del primero al último", sentencia.

Ese es el gran punto a valorar también por Miguel Valencia, defensor de las bondades del atletismo más popular en las redes sociales con su alias @otrolokokcorre y asiduo de la carrera donostiarra.

"Behobia tiene los mejores arcenes que he conocido, y es eso precisamente lo que la hace especial"
Miguel Valencia, corredor

Arcenes llenos de miles y miles de personas aplaudiendo, animando, gritando, ofreciendo improvisados avituallamientos, tocando música, llamándote por tu nombre, ondeando banderas (pirata incluida), dando abrazos, chocando palmas, con muletas, ofreciendo su tiempo como voluntarios, sujetando bebés en brazos, cantando… sin importar el tiempo, llueva o haga frío", explica. "Para mí, un simple corredor popular del montón, nunca ha habido otra carrera en la que haya estado corriendo con la carne de gallina, y estoy seguro de que nunca la habrá".

Los protagonistas de
la invasión catalana

Entre los han caído rendidos a la prueba guipuzcoana se encuentra el barcelonés Gabriel Miquel, que reconoce el hecho diferencial catalán con la prueba donostiarra: “Durante el fin de semana de la B/SS me he llegado a encontrar más corredores de Barcelona paseando en la playa de la Concha o tomando unas tapas en el casco viejo que en mi propia ciudad”, comenta jocoso.

A sus 70 años, se considera un corredor tardío, pero no ha perdido el tiempo desde que en 2013 tomó la decisión de atarse las bambas para ya en 2015, aconsejado por su sobrino, asistir a su mi primera Behobia a la que no ha fallado luego en ninguna edición. “Fui sin saber lo que era y acabé totalmente enamorado de ella”.

Para Miquel el rasgo distintivo de la Behobia es, sin duda, el ambiente: “Está repleto de gente por las calles, animando del primero al último, llueva, granice, nieve o haga un calor insoportable. Están los abuelos, los padres, los hijos, los nietos… Eso no tiene precio".

"El recorrido tiene tramos bonitos, otros no tanto y algunas subidas duras. Pero cuando llegas a la última rampa y ves que está lleno de gente, aunque no tengas fuerzas los ánimos del público te hacen llegar arriba" 
Gabriel Miquel, corredor

Él es de los que hace el ‘pack behobiano’ completo, esto es: intentar rascar algún día más para disfrutar del País Vasco y, en caso de que no se pudiese, pegarse el palizón de viaje el viernes o sábado previo a la carrera; hacer parada antes de llegar para “recargar energías” en un asador; disfrutar de la ciudad y el contacto con la multitud de corredores que invaden San Sebastián; dejarse llevar en una tarde y noche de pinchos sabiendo que la hora 'normal' de volver a la cama para un corredor que tiene competición al día siguiente aquí se estira más de lo habitual (y se suele pagar en carrera); madrugón para desplazarse ya vestido con sus mejores galas a Behobia, disfrutar del día de actos de una carrera que no deja a nadie indiferente y vuelta a casa o alargar algún día más la instancia para disfrutar de las bondades de la zona.

Un plan muy semejante es el que sigue Mercè Escalante, que la correrá este año por cuarta vez y que va con su marido y un par de amigos que la animarán el día de la carrera: "Siempre viajamos el viernes por la tarde, paramos en Zaragoza a por un amigo, y llegamos a Behobia que es dónde alquilamos la estancia. El viernes por la noche se lo dedicamos a los pinchos, zuritos... El sábado nos acercamos a la expo de la carrera y nos vamos de sidrería. Comer txuletón es todo un espectáculo y nunca debe faltar, tampoco el ritual de ir a buscar la sidra o comer la tortilla de bacalao", explica. 

"Y el domingo nos ponemos nuestras mejores galas y ¡a correr! Mientras nosotros dos sufrimos los 20 kilómetros, nuestros acompañantes se van en coche hasta San Sebastián a turistear un poco hasta que llegamos. Después, directos al restaurante La Viña a comprar tarta de queso antes de irnos de pinchos. Y sobre las 17.00 ponemos rumbo a casa con la barriga llena y una pena enorme de dejar esa tierra que tanto nos gusta", sentencia Mercè.

Otros asiduos a la cita gastro-atlética de la B/SS son, desde hace más de 15 años, Silvia Barrachina y su marido. Pero en el caso de la corredora catalana, haciendo tradicionalmente el papel de acompañante y animadora por el recorrido hasta que el año pasado decidió dar el paso al frente y probar ella suerte con el dorsal asido al pecho.

“Yo nunca me vi corriendo una carrera así. Hasta que me convenció mi marido y pensé... ‘Yo la hago: si no puedo seguir corriendo, pues camino’; pero luego me fue muy bien”, rememora Barrachina, que coincide en que el ambiente es el punto distintivo de la prueba.

“Para mí la gente es el motivo principal. Hace que te sientas especial. No puedes dejar de sonreír. Todos están allí por ti y tú estás pletórica”.
Silvia Barrachina, corredora

La carrera que gana
la "gente normal"

Del calor humano de los donostiarras hacia los corredores, un libro lleno de experiencias personales podría escribir el atleta de Terrassa Jaume Leiva, vencedor en 2012 y 2018 de la prueba guipuzcoana y asiduo desde 2011, ya sea disputando la victoria u organizando el viaje y la estancia del numeroso grupo de corredores que el catalán entrena a lo largo del año y que también participan en la carrera, claro que a otros ritmos más ‘humanos’. Y es que, como explica Ibarreta, “Leiva, Carles Castillejo -otro atleta catalán que ha vencido aquí, hasta en tres ocasiones-, Chema Martínez… Una persona que gana Behobia se convierte automáticamente en una persona conocida y admirada por el donostiarra”.

"Siempre nos ha interesado que gane gente como Jaume Leiva, o el año pasado con Eneko Agirrezabal, profesor de Instituto, gente normal, que es corredor popular, que suele no estar federado y corre porque le gusta", explica el productor ejecutivo de la carrera donostiarra: "Es la carrera que puede ganar el frutero que se levanta a las seis de la mañana para comenzar a levantar las cajas de fruta".

“Mi primera victoria en la B/SS me dio más calidad como corredor y más popularidad que no ganar el campeonato de España de media maratón o participar en dos mundiales”
Jaume Leiva, corredor

“Es la carrera popular más conocida de España y te sitúa con un estatus de élite aún sin ser una prueba federada, pero es que el retorno de ganarla es mucho más alto a nivel de conocimiento y de patrocinadores”, explica Leiva. Ahora, ya retirado de la alta competición, se centra en disfrutar de correr a alto nivel y que sus corredores lleguen a punto a una carrera de perfil exigente y que obliga a saber gestionar las fuerzas durante todo el trayecto. Una tarea nada fácil porque asume la idiosincrasia de una carrera que la mayor parte del sector popular se lo toma con otra filosofía.

“No sabría decirte el nombre de ninguno de mis corredores que se haya ido antes a dormir y no a hacer pinchos la noche anterior. La carrera es una excusa para pasar un fin de semana que al final es un espectáculo y el 99% siempre han ido a disfrutarla más que a competirla al máximo”. Un reto deportivo de entidad, que se disfruta por su animación y entorno, pero que, como explica, en el que es necesario entrenarse para ello y saber gestionar todas las dificultades.

Así es correr la Behobia - San Sebastián

Primeros metros por Irún

A lo largo de la mañana del domingo, hasta 30.000 corredores van desembarcando escalonadamente en el barrio irunés de Behobia para tomar el camino hacía la línea de salida situada justo al lado del río Bidasoa y comenzar su aventura con el dorsal asido al pecho. Es el lugar de encuentro de muchos conocidos y el momento de expulsar nervios, hacerse la foto de rigor con el cartel de entrada a este barrio histórico irunés, dejar las pertenencias a los voluntarios que las trasladarán a la zona de meta, comprobar si ese día el tiempo va a dar una tregua o volverá a ser otra jornada épica de frío y lluvia o de calor inesperado, y comenzar a tomar conciencia de que estamos ante una prueba que es una fiesta por su ambiente pero un auténtico desafío atlético

En este sentido, Miguel Valencia recomienda mucha prudencia y no olvidar que “la Behobia sigue siendo una carrera con un recorrido exigente y que requiere una preparación que no hay que obviar para poder disfrutarla plenamente”. Por delante, la carrera tendrá 20 kilómetros para correr y otros tantos para sentir. Una carrera para la que no solo hay que entrenar las piernas, sino también las emociones".

Cada corredor tiene asignado una hora y cajón de salida que debe cumplir escrupulosamente (si parte antes quedará descalificado en las clasificaciones), en un sistema de partida escalonada que permite correr con otros participantes de semejantes ritmos al suyo y minimizar los típicos problemas de congestión que acarrea este tipo de pruebas masivas.

Y por delante, una recta larga y aparentemente no tan animada que resulta ser un espejismo de lo que está por venir. Y es que tras los primeros dos giros llega la primera en la frente, una subida corta pero dura que nos indica que la Behobia es más de subes y bajas que de llanos y monotonía en el camino y que nos lleva al corazón e Irún, donde las palmas y vítores de la gente se deja sentir completamente desde los aledaños y los balcones. Dureza y ambiente, esto es la Behobia-San Sebastián.

Subiendo y bajando Gaintxurizketa

“Como si fuera un puerto de montaña ciclista”, tal y como lo describe Ibarreta. Y no va desencaminado, la sensación es la misma porque el primer gran coloso de la jornada es un subida de unos dos kilómetros con un considerable desnivel y donde el peligro está en el exceso de confianza de los corredores que aún llegan bastante frescos y con energía.

Para Gabriel Miquel, este es un punto clave donde toca reservar fuerzas y no dejarse llevar por el ánimo de los aficionados, porque en caso contrario, luego se paga caro. Silvia Barrachina remarca en este sentido “lo importante que es que alguien te haga de guardián de tus emociones", en referencia de su marido: "Te vienes tanto arriba que si no dosificas, lo acabas pagando”.

Y, sin duda, es una misión difícil, porque contemplar cómo hasta este punto inhóspito, que no es bonito pero sí espectacular, se desplazan centenares de aficionados, y la gran cantidad que se concentran cuando se corona el alto de Gaintxurizketa puede jugarte una mala pasada acelerando más de lo que tocaría. Como indica la barcelonesa Carol Lanuza, que la ha corrido en dos ocasiones: "solo eres consciente de cómo anima la gente cuando llegas al tramo de autopista y, por una vez, lo que oyes es el tap-tap-tap de la pisada de los corredores". 

Pero aún más traicionera puede ser la siguiente bajada y los posteriores toboganes de Lezo de camino de Errenteria -y ya ni te explico si el tiempo no acompaña-. Para Jaume Leiva, esta es una de las claves de la carrera: “Los corredores suelen gestionar bien las subidas, pero las bajadas, especialmente aquí con dos que son muy largas, son el gran el problema. Debes correr rápido sin que a nivel muscular te afecte el impacto durante tanto tiempo”. Además es un tramo que permite acelerar el ritmo y hay que saber controlarse porque si no acabaremos vendidos para lo que queda de trayecto, que aún es mucho. 

Pero más allá de esa tremenda subida y su posterior descenso, todo el mundo es consciente que aquí también se disfruta de uno de los puntos álgidos de la jornada: cada año aparece el pirata ondeando su bandera con la calavera a ritmo de heavy metal. Y es que la Behobia-San Sebastián también es esto.

Errenteria y los Capuchinos

La mejor explicación de por qué Behobia es una carrera en la que los corredores se sienten como “héroes”, como indica Ibarreta, se puede apreciar al adentrarse en Errenteria, uno de los momentos más emotivos de la prueba a nivel ambiental. Miles de vecinos salen a las calles a aplaudir, con niños deseosos de chocar las manos de los corredores, amigos con la cartelería preparada para apoyar a los colegas que la disputan por primera o quinta vez, personas mayores ofreciendo naranjas, jóvenes jocosos animándote por el nombre de tu dorsal y las bandas musicales locales poniendo banda sonora para festejar un día de catarsis popular.

Es un tramo de disfrute absoluto, pero donde no hay que venirse arriba, porque al salir del casco urbano para encaminarnos a Pasaia nos toca otro de los huesos de la jornada, la subida de Capuchinos, que no es de las más largas pero sí de las de más desnivel de la jornada, y es un cambio de escenario tan brutal que el choque deja secuela. “Un repecho que no esperas y que a mí siempre se me atraganta”, confirma Gabriel Miquel. Para este tipo de situaciones, el también catalán Pedro José Moreno, tiene claro que es importante conocer “dónde vienen los momentos más duros y comenzar a pensar en ellos antes de que lleguen durante la carrera”. 

Hasta el alto de Miracruz

Otro tramo de subes y bajas con vistas al puerto que ya te van preparando la entrada a San Sebastián donde se encuentra la última gran dificultad de la jornada, el alto de Miracruz. 

Allí, para un buen grupo de corredores, sucede otro de los momentos más emotivos de la prueba, con el saludo y abrazo del colectivo solidario del Reto Dravet, que no paran de animar muy fuerte a todos los corredores y aún con más ganas a los que visten su camiseta morada solidaria. "Ellos corren por nuestros niños y niñas afectados por una rara enfermedad sin cura a día de hoy llamada Síndrome de Dravet, un epilepsia de origen genético que les hace tener altos grados de discapacidad y dependencia, pero cuyas familias sacan fuerzas de donde no hay para intentar que sus hijos sean felices y tengan una vida lo más normal posible", explica Félix Lucas, impulsor de la iniciativa y padre de un hijo afectado por esta enfermedad rara.

Y, como no podía ser de otra manera, entre los que serán calurosamente recibidos vistiendo la camiseta morada se encuentra el manresano Oscar Mendoza: "Para mí la Behobia no es una carrera, es LA CARRERA con mayúsculas. Llegar al kilómetro 17 es sentir un montón de emociones juntas. Es la unión de los que corremos con la morada y las familias que no paran de animarnos. Es un momento que pone los pelos de punta", remarca.

Y es que el Alto de Miracruz es casi un kilómetro de subida repleta de donostiarras alentando y aplaudiendo a todos los que se enfrentan a este muro para que esos cerca de 1.000 metros de ascenso no se hagan tan duros y largos.

Una subida que la primera vez que la acometió Jaume Leiva reconoce que acabó haciéndola “casi caminando”. “Me sirvió de lección para saber que hay que gestionar mejor las fuerzas y ser conservador en la primera parte de la carrera para afrontar esta subida y los kilómetros posteriores con fuerza. A partir de entonces, ya no he vuelto a pinchar y es cuando han venido mis mejores resultados”.

Disfrute en San Sebastián

Los tres últimos kilómetros son de los más sencillos de todo el recorrido, siempre y cuando tengamos en cuenta que, probablemente, las piernas no están tan frescas como al inicio de esta aventura y que el viento puede hacer acto de presencia.

El camino que queda hasta cruzar la línea de meta se puede afrontar de dos maneras muy distintas: la primera es, si tenemos suficientes fuerzas y un tiempo objetivo para acabarla, acelerar el ritmo de cara a conseguir completar este reto.

Pero la gran mayoría de corredores saben que estos últimos kilómetros, repletos de gente a lado y lado de la calzada, son para disfrutar del espectacular ambiente de la capital guipuzcoana, especialmente cuando dejamos atrás Gros y encaramos la larguísima recta de meta que recorre la playa de Zurriola hasta la Alameda del Boulevard.

“Es como una etapa del Tour”, explica Ibarreta. “Es difícil que no se te escape una lágrima en la Alameda del Boulevard, no hay año que no me haya sucedido”, afirma Gabriel Miquel. "Esos ánimos son los que te llevan a meta. Ves a la gente y pienso en las horas que llevan ahí gritando, se dejan la voz, es emocionante", indica Carol Lanuza. 

Y es aquí donde ya Silvia Barrachina, puede soltarse y correr con todo lo que le queda dentro estos últimos y festivos metros, para cruzar la meta y, sorpresa, que otro catalán o catalana te felicite, te cuelgue la medalla y te ofrezca algo de avituallamiento.

Así es la Behobia

Primeros metros por Irún

A lo largo de la mañana del domingo, hasta 30.000 corredores van desembarcando escalonadamente en el barrio irunés de Behobia para tomar el camino hacía la línea de salida situada justo al lado del río Bidasoa y comenzar su aventura con el dorsal asido al pecho. Es el lugar de encuentro de muchos conocidos y el momento de expulsar nervios, hacerse la foto de rigor con el cartel de entrada a este barrio histórico irunés, dejar las pertenencias a los voluntarios que las trasladarán a la zona de meta, comprobar si ese día el tiempo va a dar una tregua o volverá a ser otra jornada épica de frío y lluvia o de calor inesperado, y comenzar a tomar conciencia de que estamos ante una prueba que es una fiesta por su ambiente pero un auténtico desafío atlético

En este sentido, Miguel Valencia, @otrolokoquecorre, recomienda mucha prudencia y no olvidar que “la Behobia sigue siendo una carrera con un recorrido exigente y que requiere una preparación que no hay que obviar para poder disfrutarla plenamente”. Por delante, la carrera tendrá 20 kilómetros para correr y otros tantos para sentir. Una carrera para la que no solo hay que entrenar las piernas, sino también las emociones".

Cada corredor tiene asignado una hora y cajón de salida que debe cumplir escrupulosamente (si parte antes quedará descalificado en las clasificaciones), en un sistema de partida escalonada que permite correr con otros participantes de semejantes ritmos al suyo y minimizar los típicos problemas de congestión que acarrea este tipo de pruebas masivas.

Y por delante, una recta larga y aparentemente no tan animada que resulta ser un espejismo de lo que está por venir. Y es que tras los primeros dos giros llega la primera en la frente: una subida corta pero dura que nos indica que la Behobia es más de subes y bajas que de llanos y monotonía en el camino y que nos lleva al corazón e Irún, donde las palmas y vítores de la gente se deja sentir completamente desde los aledaños y los balcones. Dureza y ambiente, esto es la Behobia-San Sebastián.

Subiendo y bajando Gaintxurizketa

“Como si fuera un puerto de montaña ciclista”, tal y como lo describe Ibarreta. Y no va desencaminado, la sensación es la misma porque el primer gran coloso de la jornada es un subida de unos dos kilómetros con un considerable desnivel y donde el peligro está en el exceso de confianza de los corredores que aún llegan bastante frescos y con energía.

Para Gabriel Miquel, este es un punto clave donde toca reservar fuerzas y no dejarse llevar por el ánimo de los aficionados, porque en caso contrario, luego se paga caro. Silvia Barrachina remarca en este sentido “lo importante que es que alguien te haga de guardián de tus emociones", en referencia a su marido: "Te vienes tanto arriba que si no dosificas, lo acabas pagando”.

Y, sin duda, es una misión difícil, porque contemplar cómo hasta este punto inhóspito, que no es bonito pero sí espectacular, se desplazan centenares de aficionados, y la gran cantidad que se concentran cuando se corona el alto de Gaintxurizketa, puede jugarte una mala pasada acelerando más de lo que tocaría. Como indica la barcelonesa Carol Lanuza, que la ha corrido en dos ocasiones: "solo eres consciente de cómo anima la gente cuando llegas al tramo de autopista y, por una vez, lo que oyes es el tap-tap-tap de la pisada de los corredores". 

Pero aún más traicionera puede ser la siguiente bajada y los posteriores toboganes de Lezo de camino de Errenteria -y ya ni te explico si el tiempo no acompaña-. Para Jaume Leiva, esta es una de las claves de la carrera: “Los corredores suelen gestionar bien las subidas, pero las bajadas, especialmente aquí con dos que son muy largas, son el gran el problema. Debes correr rápido sin que a nivel muscular te afecte el impacto durante tanto tiempo”. Además es un tramo que permite acelerar el ritmo y hay que saber controlarse porque, en caso contrario, acabaremos vendidos para lo que queda de trayecto, que aún es mucho. 

Pero más allá de esa tremenda subida y su posterior descenso, todo el mundo es consciente que aquí también se disfruta de uno de los puntos álgidos de la jornada: cada año aparece el pirata ondeando su bandera con la calavera a ritmo de heavy metal. Y es que la Behobia-San Sebastián también es esto.

Errenteria y los Capuchinos

La mejor explicación de por qué Behobia es una carrera en la que los corredores se sienten como “héroes”, como indica Ibarreta, se puede apreciar al adentrarse en Errenteria, uno de los momentos más emotivos de la prueba a nivel ambiental. Miles de vecinos salen a las calles a aplaudir, con niños deseosos de chocar las manos de los corredores, amigos con la cartelería preparada para apoyar a los colegas que la disputan por primera o quinta vez, personas mayores ofreciendo naranjas, jóvenes jocosos animándote por el nombre de tu dorsal y las bandas musicales locales poniendo banda sonora para festejar un día de catarsis popular.

Es un tramo de disfrute absoluto, pero donde no hay que venirse arriba, porque al salir del casco urbano para encaminarnos a Pasaia nos toca otro de los huesos de la jornada, la subida de Capuchinos, que no es de las más largas pero sí de las de más desnivel de la jornada, y es un cambio de escenario tan brutal que el choque deja secuela. “Un repecho que no esperas y que a mí siempre se me atraganta”, confirma Gabriel Miquel. Para este tipo de situaciones, el también catalán Pedro José Moreno, tiene claro que es importante conocer “dónde vienen los momentos más duros y comenzar a pensar en ellos antes de que lleguen durante la carrera”. 

Hasta el alto de Miracruz

Otro tramo de subes y bajas con vistas al puerto que ya te van preparando la entrada a San Sebastián donde se encuentra la última gran dificultad de la jornada, el alto de Miracruz. 

Allí, para un buen grupo de corredores, sucede otro de los momentos más emotivos de la prueba, con el saludo y abrazo del colectivo solidario del Reto Dravet, que no paran de animar muy fuerte a todos los corredores y aún con más ganas a los que visten su camiseta morada solidaria. "Ellos corren por nuestros niños y niñas afectados por una rara enfermedad sin cura a día de hoy llamada Síndrome de Dravet, un epilepsia de origen genético que les hace tener altos grados de discapacidad y dependencia, pero cuyas familias sacan fuerzas de donde no hay para intentar que sus hijos sean felices y tengan una vida lo más normal posible", explica Félix Lucas, impulsor de la iniciativa y padre de un hijo afectado por esta enfermedad rara.

Y, como no podía ser de otra manera, entre los que serán calurosamente recibidos vistiendo la camiseta morada se encuentra el manresano Oscar Mendoza: "Para mí la Behobia no es una carrera, es LA CARRERA con mayúsculas. Llegar al kilómetro 17 es sentir un montón de emociones juntas. Es la unión de los que corremos con la morada y las familias que no paran de animarnos. Es un momento que pone los pelos de punta", remarca.

Y es que el Alto de Miracruz es casi un kilómetro de subida repleta de donostiarras alentando y aplaudiendo a todos los que se enfrentan a este muro para que esos cerca de 1.000 metros de ascenso no se hagan tan duros, agónicos y largos.

Una subida que la primera vez que la acometió Jaume Leiva reconoce que acabó haciéndola “casi caminando”. “Me sirvió de lección para saber que hay que gestionar mejor las fuerzas y ser conservador en la primera parte de la carrera para afrontar esta subida y los kilómetros posteriores con fuerza. A partir de entonces, ya no he vuelto a pinchar y es cuando han venido mis mejores resultados”.

Disfrute en San Sebastián

Los tres últimos kilómetros son de los más sencillos de todo el recorrido, siempre y cuando tengamos en cuenta que, probablemente, las piernas no están tan frescas como al inicio de esta aventura y que el viento puede hacer acto de presencia.

El camino que queda hasta cruzar la línea de meta se puede afrontar de dos maneras muy distintas: la primera es, si tenemos suficientes fuerzas y un tiempo objetivo para completarla, acelerar el ritmo de cara a conseguir finiquitar este reto con aún mejor sabor de boca.

Pero la gran mayoría de corredores saben que estos últimos kilómetros repletos de gente a lado y lado de la calzada, son para disfrutar del espectacular ambiente de la capital guipuzcoana, especialmente cuando dejamos atrás Gros y encaramos la larguísima recta de meta que recorre la playa de Zurriola hasta la Alameda del Boulevard.

“Es como una etapa del Tour”, explica Ibarreta. “Es difícil que no se te escape una lágrima en la Alameda del Boulevard, no hay año que no me haya sucedido”, afirma Gabriel Miquel. "Esos ánimos son los que te llevan a meta. Ves a la gente y pienso en las horas que llevan ahí gritando, se dejan la voz, es emocionante", indica Carol Lanuza. 

Y es aquí donde ya Silvia Barrachina, puede soltarse y correr con todo lo que le queda dentro estos últimos y festivos metros, para cruzar la meta y, sorpresa, que otro catalán o catalana te felicite, te cuelgue la medalla y te ofrezca algo de avituallamiento.

La otra Behobia,
la de echar una mano

Y es que, como hemos comentado, no solo los catalanes vienen a la Behobia a correr, incluso asociaciones de voluntarios se trasladan desde Catalunya hasta el País Vasco a echar una mano en las labores de apoyo el día de la carrera. 

“Ya hemos colaborado seis años como grupo, encargándonos de uno de los avituallamientos de meta y otros tantos enviando voluntarios a modo individual. Nos encanta el ambiente previo, el trato al voluntariado, y como te agradece el corredor al llegar a meta tu trabajo dándote las gracias. Y eso de encontrar tanta gente conocida lejos de nuestra tierra, por lo menos a mí me llena ”, comenta Francisco Polonio, ‘alma mater’ de Barcelona Voluntaria.

Ellos se suman a los casi 2.000 voluntarios que el día de la carrera están atendiendo a los corredores, algo que desde la organización de la B/SS valoran muy positivamente: “Que venga tanta gente a ayudar, que además repitan y se la hagan suya es para nosotros una enorme satisfacción”, explica Fernando Ibarreta.

Esa fidelidad fue agradecida por parte de la organización en su revista oficial. “Eso fue lo que nos acabó de enamorar de la Behobia, nos hizo sentir valorados e importantes. Aún pasados unos años nos gusta presumir del artículo”, recuerda el líder de la entidad voluntaria. 

Su fin de semana en San Sebastián es prácticamente igual al de los corredores. “Viajamos por nuestra cuenta en diferentes medios según la disponibilidad de cada uno. Pero intentamos reunirnos la noche anterior del evento para cenar juntos”, explica.

En ese sentido, su plan de viaje se asemeja al de otros muchos clubs de corredores que llegan por su cuenta a San Sebastián y que luego se citan allí para disfrutar de la ciudad. Uno de los que aporta mayor número de corredores y corredoras es el de los Fun Runners, que certifica este plan. “Llegamos por diferentes medios y luego buscamos momentos para vernos: el viernes de pinchos, el sábado en la feria de corredor y para comer, y ya el domingo para fotos antes de correr”, explica Pedro José Moreno, que este año correrá su cuarta B/SS perteneciendo a un club cuya singularidad es el del alto número de mujeres que lo integran: “Actualmente contamos con 80 socias y esto representa un 41% del total de los que forman parte de nuestra familia”. Y este valor es algo que desde la B/SS se quiere potenciar.

50/50: horizonte en femenino

Más como "una visión" que como una imposición, el Club Deportivo Fortuna se propuso hace cuatro años un reto arduo, y que además estuvo interrumpido por la pandemia, pero que ya es una realidad en otros lares: conseguir que en 2025 el 50% de la participación en la Behobia - San Sebastian fuera femenina, con la mirada puesta en países anglosajones como Estados Unidos, cuna del atletismo popular, que ya han conseguido este objetivo.

Para ese cometido, contactaron con investigadores de la Universidad del País Vasco con el fin de iniciar un estudio conjunto con el que dar con las claves que permitan acelerar este aterrizaje en las carreras populares de las mujeres.

Tal y como explica Ibarreta, se trata de "analizar y ver qué es lo que hacen otros, qué no hacemos nosotros y qué deberíamos hacer". Y en esa necesidad de recabar el mayor número de acciones, opiniones e ideas para dar con aquellas que permitan encaminarse al objetivo de la paridad, una de las iniciativas adoptadas es la de incluir este tema en la recurrente encuesta de satisfacción que cada año se lleva a cabo nada más dar por finiquitada la prueba.

Los datos no dejan lugar a dudas, el 82% de las 14.000 personas que accedieron a responder el cuestionario anotaron como muy positiva esta iniciativa, generando además un flujo de propuestas y también críticas para conseguir que, aún asumiendo que el problema es estructural a nivel social, económico y cultural, de forma natural en el futuro el papel de la mujer en las carreras deje de ser nicho y se participe de forma igualitaria.

La Behobia presenta este 2022 un 28,8% de participación femenina, lo que significa un repunte de más de tres puntos porcentuales respecto a 2021. De esa última edición, el dato que sorprendió a los investigadores volvía a estar relacionado con la participación de corredoras catalanas. Y es que Catalunya volvía a ser la región que mayor porcentaje de féminas aporta a la carrera guipuzcoana, un 36,3%, teniendo que hacer un aparte dentro de ese estudio con los datos extraídos de la provincia de Tarragona en 2021: hasta un 38% de los inscritos eran mujeres procedentes de la provincia más al sur de Catalunya.

"Estamos en contacto con el Ayuntamiento de Tarragona para ver cuál era el motivo de estas grandes cifras. Intuimos que lo que hay es grupos de mujeres que salen espontáneamente u organizadamente, y que el boca a boca funciona. Y es que pasar un fin de semana en San Sebastián con la excusa de la carrera es un plan bonito para cualquiera.".

En este sentido, Cataluña puede presumir de ser una de las regiones donde la presencia de mujeres en las carreras populares cada vez es más notoria, y se puede observar en pruebas mixtas de corta distancia como la de 5 kilómetros de la Jean Bouin donde incluso se roza el 50%, que en una prueba con una distancia similar a la B/SS como es la Mitja de Barcelona el porcentaje ya se sitúe en el 35% de inscritas o el éxito masivo e incontestable de la Carrera de la Mujer / Cursa de la Dona que el pasado domingo convocó a más de 32.000 mujeres para recorrer las calles más céntricas de Barcelona.

Pero no solo en las carreras se ha notado este auge de la participación femenina, también sin necesidad de colgarse un dorsal se puede comprobar como por las calles es cada vez más notoria la presencia de grupos de entrenamientos y salidas exclusivas para mujeres, tanto en asfalto como en trail, o clubs de 'running' mixtos donde el porcentaje de mujeres es cada vez mayor.

En el caso de la B/SS, en muchos casos, son mujeres que ya venían a la prueba como acompañantes y que luego han decidido dar el paso y colgarse un dorsal para vivir en primera persona lo que es recorrer los 20 km y 195 metros que componen la carrera.

Es el caso de la tarraconense Ester Poblet, que en una entrevista a la revista oficial de la B/SS explica que la corre en honor a su padre, un asiduo a la prueba, o de Silvia Barrachina, que había venido al País Vasco a animar y acompañar a su marido y que desde el año pasado es ella la que se sitúa en la línea de salida para disfrutar al 'otro lado' de sentir una Behobia.

Una tendencia de la que se sentirá totalmente orgullosa Marina Prat, la primera atleta catalana que ganó la prueba donostiarra, con doblete en los años 1989 y 1992, abriendo el camino a muchas otras que luego le han seguido.

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Un reportaje de EL PERIÓDICO

Textos:
David Jiménez
Fotografías:
Txabi Albert, Silvia Barrachina, Isidre Campderrós, Josep Joaquin Cusí, Gorka Estrada, José Felix, Juan Herrero, Jaume Leiva, Gabriel Miquel, Pedro José Moreno, Juan Manuel Ruiz
Diseño e infografías:
Ricard Gràcia
Coordinación:
Rafa Julve