Oportunidad estudiantil
La golfista de Girona que se marcha becada a Estados Unidos
Clara Martínez, de Palafrugell, estudiará Ciencias del Deporte en la Park University mientras continúa con su trayectoria deportiva: la deportista, triple campeona de Catalunya, empezó en el pitch&putt de Gualta acompañando a su padre, Josep, y hasta ahora ha competido en el Empordà Golf Club
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La palafrugellense, concentrada, durante una sesión fotográfica. / Golf In Costa Brava
«Más vale que nadie entre en mi habitación estos días», admite Clara Martínez (Palafrugell, 2008). Su madre, Paqui, asiente con la cabeza. «Parece que haya habido una guerra, tienes que pasar de puntillas». El caos tiene un motivo: la gerundense se marcha el viernes a Estados Unidos con una beca deportiva bajo el brazo. Irá a la Park University, en el estado de Misuri, cerca de Kansas, donde podrá continuar jugando al golf.
«Todo surge con mi padre, Josep, que juega como hobby. Cuando tenía nueve años, lo acompañaba algún sábado o domingo al pitch&putt de Gualta. Y la cosa fue creciendo. Que si hago alguna clase, que si me regalan unos palos para que tuviera los míos… Y, de repente, ya iba un par de días. Y después, tres. Y más adelante, empecé a competir. Y mira ahora, haciendo la maleta», relata, y suspira. Seguirá el camino que han seguido este verano Júlia Fuentes, Paula Acín y Loida Colomer, del Bàsquet Girona.
Está feliz, pero también nerviosa. «Le he dado mil vueltas, porque cuando uno toma una decisión como esta, lo hace plenamente consciente de que deja toda una vida para iniciar una nueva. Es duro de asimilar, si lo piensas. De hecho, últimamente estoy supernostálgica. Me hice una lista para no olvidarme de nada, porque estoy poniendo mi mundo entero en un par de maletas. Es fuerte, es fuerte. Y a menudo me digo: ¿he elegido bien? ¿Lo estoy haciendo bien?».
No todo es bonito para los deportistas. «Hay peajes que pagar, claro. Estoy renunciando a parte de mi adolescencia para jugar al golf. No puedo hacer lo que hacen otros chicos y chicas de mi edad. Pero cuando te apasiona lo que haces, no te planteas otro camino. Y a mí lo que hago me apasiona. Marcharme a Estados Unidos es la recompensa a todo el sacrificio», afirma Martínez, que la primera vez que sintió que la posibilidad de conseguir una beca era una opción real se sintió demasiado «tentada» como para rechazarla.
«Uno de los profesores del campus de tecnificación del Empordà Golf Club le comentó a mi padre que su hija había podido marcharse con la agencia Keystone Sports, y le dijo que lo mirara, por si me surgía la opción. Eso fue en 2021, pero no fue hasta hace un par de años cuando nos lo tomamos en serio y contactamos para descubrir hasta qué punto era viable», explica la palafrugellense, que continúa:
«Me pidieron una serie de garantías, tenía que cumplir ciertos requisitos. Jugar muchos torneos, porque miran mucho los resultados, entrenar una barbaridad y superar exámenes de inglés. Me he pasado un par de años entrenando, compitiendo, haciendo el bachillerato y estudiando para hacer el SAT, que es una prueba de inglés y matemáticas».
Martínez, por las mañanas, iba al Frederic Martí Carreras de Palafrugell, donde escogió el bachillerato científico para acabar cambiándose al tecnológico; por las tardes, se plantaba en Gualta para entrenar; y por las noches, cuando volvía a casa, continuaba poniendo los codos sobre el escritorio. Sus días, a menudo, han tenido más de 24 horas.
El proceso de selección
¿Cómo fue la elección? Hace ahora un año, la agencia la puso en contacto con los cuatro entrenadores de las cuatro universidades a las que podía acceder: Misuri, Oklahoma, Tennessee y Charleston. «Del verano a noviembre, me harté de hacer videollamadas. Me explicaban el proyecto, me enseñaban las universidades virtualmente… También me presentaron a una chica de cada equipo para que me hablara de las relaciones y las sinergias que se generan».
En definitiva, «con las ofertas encima de la mesa, sabiendo exactamente qué beca me daba cada uno de los lugares y el margen que existía, recopilé toda la información posible e intenté ser lo más objetiva posible para tomar una decisión. Tuve en cuenta las instalaciones, las facilidades que me ofrecían, las carreras que había… Lo puse todo en una balanza y salió Misuri y la Park University. La entrenadora se mostró muy agradable y me decanté por ella».
Martínez cerró el contrato («que se renueva anualmente», puntualiza) antes de Navidad. «Desde ahí, un montón de burocracia: la embajada, el seguro médico, el hecho de contratar mil cosas…», dice, resignada. Antes de acercarse a las instalaciones del Diari de Girona, tenía cita con la Dirección General de Tráfico para solicitar la licencia para conducir en Estados Unidos, pero como todavía tiene el permiso provisional, ya que se lo sacó hace poco, se lo denegaron. Lo volverá a intentar en diciembre, cuando regrese a casa por vacaciones. «Ni ese mes ni en enero se juega, por el frío. Hay previstas unas diez competiciones entre finales de agosto y noviembre y de febrero a mayo», responde, calendario en mano. Una cosa tiene clara: «En Catalunya no habría podido hacer lo que voy a hacer. Si me hubiera quedado aquí, no lo tendría fácil».
Vivirá en la residencia, algo obligatorio hasta los 21 años, compartirá habitación con una compañera de equipo nacida en Malasia («tendré que espabilarme, porque nunca he vivido sola», reconoce) y estudiará Ciencias del Deporte. «La beca es del 81 % y, excepto los vuelos, está todo incluido: los torneos, el entrenamiento, la matrícula, que es lo más caro, el alojamiento, las comidas, etcétera». La palafrugellense sabe que «es complicado vivir del golf, sobre todo si eres una mujer, porque no se destina tanto dinero a los torneos. Se invierte poco en nosotras. Pero es cierto que en Estados Unidos hay más oportunidades y que el hecho de poner en mi currículum que he estudiado allí me dará más prestigio».

Martínez, durante una prueba. / Pitch.cat
Sus padres la acompañarán al Aeropuerto del Prat, desde donde cogerá el vuelo «Barcelona-Atlanta, de unas diez horas de duración. En Atlanta me recogerá una empresa que recoge a los estudiantes que llegan, y hacia Misuri, unas dos horas más de carretera».Por supuesto, ha buscado en Internet todo lo que ha podido para conocer la ciudad. «Intento ir sin expectativas. Por lo que he visto, tiene medio millón de habitantes, pero el campus está a las afueras, a unos quince minutos. Para entendernos, yo, que soy de Palafrugell, es como si viviera en Calella. Podríamos decir que estaré en la Calella de Kansas», bromea entre risas.
La golfista, que comparte equipo en el Empordà Golf Club con Txell Alós, que este año entrará en el CAR, es triple campeona de Cataluña: de tercera categoría en 2022; de segunda, en 2024; y de match play sub-18, en 2025. Es la trigésima en hándicap júnior, que engloba a deportistas de entre 17 y 21 años. «Desconozco cómo son los otros deportes, pero este te ayuda a desconectar. Puedes tener mil problemas, que entras en el campo y te olvidas de todo. Estás allí, tú contra el hoyo, y no hay nada más. Eso sí, requiere mucha fuerza mental. Porque también tienes tiempo para darle demasiadas vueltas a las cosas o recrearte en el dolor. A la mente hay que dominarla, porque si ella te domina, mal asunto».
El visto bueno familiar
La palafrugellense agradece a sus padres, a su hermano Pau y a sus amigos la paciencia y el apoyo. «Me siento muy afortunada, porque conozco compañeros que no se han marchado porque sus padres no han querido. A mí, aunque no deseen que me vaya, me animan a hacerlo. La última palabra era mía, pero ellos tenían que estar de acuerdo. Son mis padres. Si hubieran dicho que no, no habría ido», opina.Paqui, presente a su lado durante la conversación, explica que «nos cuesta mucho, pero queremos que sea feliz. Si esta es la manera, no nos queda otro remedio que entenderlo. Pero la niña tiene que volar, que la vida son cuatro días y a veces ni eso».En la mirada de la madre hay orgullo.«Es muy valiente; cuando yo tenía su edad, nunca me habría planteado hacer lo que hace. Antes éramos unas pánfilas».«Sin la gente que me ha rodeado, esto no sería una realidad. Ahora estoy ilusionada, con unas ganas locas de comerme el mundo. Estoy dispuesta a soñar», concluye Martínez.
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Fuente: Diari de Girona
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