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BARCELONA-RAYO (5-2)

Raphinha arrastra al Barça a otra goleada

El capitán anota un doblete el día que llega Gabriel Jesús para ser el 'nueve' y Lamine Yamal estrena su cuenta con otro par

Raphinha y Xavi Espart celebran el gol del empate.

Raphinha y Xavi Espart celebran el gol del empate. / Jordi Cotrina

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Joan Domènech

Joan Domènech

Barcelona
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El Barça ya tenía el nueve que venía demandando Hansi Flick. Sin que nadie lo supiera. Tampoco el entrenador. Es brasileño. En todo caso, Gabriel Jesús, que aterrizaba en Barcelona para firmar por dos años y apropiarse con la camiseta del emblemático número, será su suplente.

El mejor nueve es Raphinha. Frente a su compatriota, presunto rival por el puesto, ante todos los culés que sintieron algún escalofrío durante el partido con el Rayo (5-2), anotó un doblete y se encumbró en la lista del Pichichi. Cinco tantos en tres partidos lleva el capitán, cuya energía, además de contagiosa, ejerció de locomotora para arrastrar al Barça a un triunfo convincente como los anteriores, aunque encajara dos tantos ante un rival tan blando atrás como desacomplejado en ataque.

Lamine Yamal, después de marcar el 5 2.

Lamine Yamal, después de marcar el 5 2. / Jordi Cotrina

Lamine Yamal se estrena

Igual que el Barça, en cierto modo, mucho más demoledor con 12 goles en 3 partidos sin ninguno de los dos arietes (Lewandowski y Ferran) de los dos títulos. No fue titular Fermín, pero Lamine Yamal descorchó su cuenta. Gabriel Jesús vio incluso al egipcio Hamza Abdelkarim, otro competidor, que relevó a Raphinha para gozar en exclusiva de la ovación que mereció la espectacular actuación del capitán.

Espart, de los indiscutibles

Flick ha dado bola a todos los jugadores en las tres primeras jornadas, sin que los cambios de cada encuentro puedan calificarse de rotaciones. Alejandro Balde es el único que no puede contar ni un minuto de juego y João Cancelo y Rodrigo, los dos más tardíos, no han sido todavía titulares. Lo explica el hecho que Xavi Espart es el lateral izquierdo preferido del entrenador. El canterano se sienta en la misma mesa de Joan Garcia, Lamine Yamal y Raphinha.

Lo explica también su excelente rendimiento, que subrayó con el pase a Raphinha para el gol del 1-1, adelantado a la posición de interior derecho. Espart reparaba, a la vez que agrandaba, el error de Kounde, que a los ocho segundos había cedido un córner por su tibieza y poco después concedía el gol rayista por su aparente indolencia a un balón largo que le ganó Álvaro García. Espart tampoco fue un dechado de agresividad en el 3-2.

Nadie levantó la ceja en el Camp Nou; acaso Joan Garcia por haber encajado fácilmente el primer gol de la Liga. Antes y después, el Barça pisaba el área madrileña con enorme facilidad gracias a la asfixiante presión ejercida. Los ataques se sucederían con la frecuencia con la que cae un churro en la freidora.

Camello se ve rodeado por Bernal, Christensen y Gordon durante el primer tiempo del Barça Rayo.

Camello se ve rodeado por Bernal, Christensen y Gordon durante el primer tiempo del Barça Rayo. / Jordi Cotrina

Un lateral vencido

Al nuevo Rayo le faltaba la personalidad que le inyecta su portero Augusto Batalla, lesionado, y echó muchísimo de menos a Pep Chavarria para enfrentarse a Lamine Yamal. Al nuevo lateral del Chelsea le sustituyó el neerlandés Jozhua Vertrouwd. Duró media hora, vencido en cada acometida por el extremo azulgrana, que se sacó de encima toda la frustración acumulada con un golazo a la escuadra.

Lamine Yamal cambió la habitual dirección del tiro parabólico y buscó el ángulo próximo en lugar del lejano para autohomenajearse en su gol 50 como profesional. El más joven de las grandes ligas, por delante de Haaland y Mbappé, delanteros de área. Fueron 51 con el doblete.

Gordon pasa el balón atrás en la acción del 3-1.

Gordon pasa el balón atrás en la acción del 3-1. / Jordi Cotrina

En un minuto y pico se había arreglado el marcador. El Barça disparó 17 veces al marco madrileño en el primer tiempo, más que en 31 partidos completos de la pasada campaña. Gabriel Jesús lo miraba desde el palco, tal vez preocupado por saber si igualará el tono de los demás.

Kounde, en cambio, no arregló la noche con el gol que le anularon. Tampoco la estropeó. Terminó de capitán cuando Flick había echado mano de Rodrigo y Fermín para estabilizar al equipo y evitar una sorpresa.

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