Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El Tourmalet

El rey Harald de Noruega y la bici robada a Induráin

Tourmalet por Sergi López Egea

Tourmalet por Sergi López Egea / REDACCIÓN

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Valdelinares (enviado especial)
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La Vuelta aparece como la prueba que rinde homenaje a monarcas europeos que fallecen durante su celebración. Ya ocurrió en 2022 con la muerte de la reina Isabel de Inglaterra y ahora con el rey noruego Harald V, con un equipo de su país, el Uno X, participando en la carrera y homenajeándolo ocupando las dos primeras plazas de la etapa de Valdelinares.

Si uno atiende simplemente a los compromisos ciclistas más que a los reales; en ocasiones, no puede olvidar que ambos fenómenos, a veces, sin quererlo, unen sus caminos como sucedió en 1993 con el Mundial de ciclismo que se celebró en Oslo, la capital de Noruega bajo una intensa lluvia, que caló hasta los huesos a aficionados y ciclistas, sin estar ajenos a la inclemencia los invitados de sangre azul que seguían la prueba desde el balcón del ayuntamiento de la ciudad.

No es que fuese una coincidencia que el 29 de agosto simultanearan la celebración de la carrera en ruta del Campeonato del Mundo con el 25º aniversario de la boda entre Harald y Sonia, sino que, de hecho, la prueba deportiva formaba parte de los diferentes actos con los que se homenajeaba el aniversario de los monarcas, una boda que según informan ahora las notas de sociedad fue algo problemática por culpa de las credenciales de la futura reina noruega.

Las casas reales

En 1993 estaba todo olvidado. Representantes de las casas reales europeas se desplazaron a Olso. Entre los invitados figuraban los entonces reyes de España, Juan Carlos y Sofía, que viajaron acompañados de sus dos hijas, Elena y Cristina. Hubo bailes, comidas, cenas, viajes en barco y también, ciclismo.

No se tragaron toda la prueba ciclista, que duraba más de siete horas. En los actos ceremoniales figuraba como atractivo presenciar desde el balcón municipal la última vuelta de la carrera, que era la decisiva, antes de que estallase la moda de Tadej Pogacar de ponerlo todo patas arriba a 100 kilómetros de la meta.

Fue, precisamente, en la última vuelta donde estalló toda la emoción ciclista gracias a un joven corredor estadounidense de 23 años llamado Lance Armstrong. De hecho, la victoria en el Mundial de Oslo es de los pocos títulos que conserva el tejano después de haber sido eliminadas las siete victorias del Tour a consecuencia de la confesión por dopaje.

Bajo la lluvia noruega conquistó la medalla de oro por delante del astro del momento que no era otro que Miguel Induráin, que llegó a Oslo después de conquistar el tercer Tour de forma consecutiva y el que acaparó el mayor número de preguntas en la conferencia de prensa posterior a la carrera para cabreo de Armstrong que, como era lógico por otra parte, quería ser el protagonista como campeón del mundo.

Aparece un militar

A mitad de la conferencia apareció un militar español en la sala de prensa, que estaba situada en el Ayuntamiento de Oslo. Aguardó pacientemente a que finalizase la intervención de los ciclistas, también con el alemán Olaf Ludwig, un astro de la antigua Alemania del Este que ya representaba a un país unificado por el que obtuvo la medalla de bronce del campeonato.

El militar reunió a los enviados especiales de la prensa española y les dijo que los reyes Juan Carlos y Sofía habían solicitado un salón del ayuntamiento para saludar a los ciclistas de la selección y con ellos a los representantes de la prensa.

Los periodistas dábamos pena, lógicamente sin traje ni uniformes de gala, sino con prendas que parecían salir de una lavadora sin centrifugado a consecuencia de la lluvia caída. Los ciclistas, en cambio, tuvieron tiempo de asearse y ponerse la ropa de paseo para acudir a la cita real.

Induráin y Perico

Induráin llegó acompañado de Pedro Delgado, la otra gran estrella del ciclismo español del momento y con ellos el resto de los compañeros: Melcior Mauri, Lale Cubino, Fernando Escartín, Arsenio González, Jon Unzaga, Iñaki Gastón, Javier Mauleón, Ignacio García Camacho y Herminio Díaz Zabala, una escuadra de maravilloso recuerdo por la calidad de los integrantes.

También estuvieron presentes en el encuentro los federativos, técnicos y auxiliares de la selección española. Anunciaron la llegada de los monarcas mientras periodistas y deportistas formaban un círculo en el salón. A los Reyes de España los acompañó la alcaldesa laborista Ann-Maritt Saebones.

Entraron los reyes y se hizo el silencio. Juan Carlos se abrazó con Induráin y Perico para saludar después, uno a uno, al resto de integrantes de la selección. Las únicas mujeres eran la reina y la alcaldesa de Oslo. Luego dieron la mano a los periodistas. Y hasta aquí todo normal… hasta que saltó la sorpresa.

Con las prisas y los actos protocolarios en el podio de Oslo, Pepe Grande (fallecido en 2024), que siempre destacó por su educación y buenas formas como seleccionador español, se dejó las llaves del coche puestas en el contacto; todavía no había vehículos que se encendían con un botón. Los cacos, que también los había en Oslo, se llevaron el coche con todas las bicis en el capó; entre ellas, la de Induráin, que jamás fue recuperada.

Suscríbete para seguir leyendo