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EL PERFIL

Gianni Infantino: amistades peligrosas con Putin y Trump, estrellato mediático y un pasado como becario de LaLiga

El presidente de la FIFA, quien un día fue "el calvo de los sorteos de la Champions", ha demostrado en sus 11 años en el cargo ser un excelente relaciones públicas, servil con los dirigentes autoritarios y enamorado de las cámaras y los focos

El presidente Donald Trump recibe el Premio inaugural de la Paz de la FIFA por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el sorteo de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Centro Kennedy, el viernes 5 de diciembre de 2025, en Washington. (AP Foto/Evan Vucci)

El presidente Donald Trump recibe el Premio inaugural de la Paz de la FIFA por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el sorteo de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Centro Kennedy, el viernes 5 de diciembre de 2025, en Washington. (AP Foto/Evan Vucci) / Evan Vucci / AP

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Sergio R. Viñas

Sergio R. Viñas

Madrid
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Para el grueso de los aficionados al fútbol, Gianni Infantino (Brig, Suiza, 1970) fue durante muchos años "el calvo de los sorteos de la Champions". Poca más exposición pública tenía como secretario general de la UEFA, el puesto que ocupó entre 2009 y 2016 y que fue plataforma hacia la presidencia de la FIFA. Años antes, como curiosidad, fue becario de LaLiga, durante tres meses bajo la presidencia de Pedro Tomás.

De puertas para dentro, en cambio, Infantino era y es un excelente relaciones públicas, políglota (habla a la perfección siete idiomas), persuasivo y lisonjero que durante sus años en la UEFA aprovechó sus continuos contactos con federaciones nacionales, tanto europeas como externas, para tejer una red de contactos que, en el momento de la verdad, le iba a ser muy útil.

Gianni Infantino y Luís Figo, durante un sorteo de la Champions en 2014.

Gianni Infantino y Luís Figo, durante un sorteo de la Champions en 2014. / LAURENT GILLIERON / EPA

Presidente por sorpresa

Ocurrió en 2016, cuando acabó en la presidencia de la FIFA de rebote y contra todo pronóstico. Joseph Blatter había caído, cercado por la corrupción, y la UEFA quiso llenar el vacío de poder con su presidente, Michel Platini. El ex Balón de Oro francés, sin embargo, también quedó fuera de la pelea a última hora, arrastrado por el mismo caso que Blatter, del que ambos fueron absueltos bastantes años después.

Infantino, en fin, estaba en el momento adecuado en el lugar adecuado. Y, aun así, ya ungido como candidato europeo, pocos le veían de presidente. Se benefició el suizo de la fuerte división en Asia entre los dos candidatos favoritos, el jordano Alí Bin Al Hussein y el bareiní Salman Al Khalifa, para convertirse, el 26 de febrero de 2016, en el noveno presidente de la FIFA.

De Putin a Trump

Pronto dio publicidad Infantino a esas características que tan bien se conocían en los despachos. Los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022 ya estaban adjudicados cuando llegó al cargo, no participó directamente en su elección, pero se afanó en agasajar a ambos regímenes autoritarios. Con Vladímir Putin llegó a jugar a fútbol en el Kremlin y como premio recibió la condecoración de la Orden de la Amistad.

Mohammad bin Salman, Gianni Infantino y Vladimir Putin, en la inauguración del Mundial de Rusia 2018.

Mohammad bin Salman, Gianni Infantino y Vladimir Putin, en la inauguración del Mundial de Rusia 2018. / ALEXEI DRUZHININ / SPUTNIK / KRE / EFE

Con Qatar fue mucho más allá, mudándose al emirato un año antes del Mundial y haciendo suyas (de la FIFA) todas las exigencias del régimen, como el veto a reivindicaciones LGTBI+ o la negación sistemática de las muertes masivas en la construcción de los estadios denunciadas por oenegés internacionales.

La traca final del servilismo, no obstante, la reservaba para Donald Trump. Mitigó su enfado por no ganar el Nobel de la Paz inventando un surrealista reconocimiento para él, el Premio FIFA de la Paz, que le entregó el día del sorteo del Mundial 2026. Su sumisión llegó al punto de indultar una tarjeta roja al delantero estadounidense Balogun. Y finalmente trató de venderle un trozo del pastel mundialista al cuñado de su hija Ivanka, el que puede acabar siendo el hito que le expulse de la presidencia de la FIFA.

Sus alianzas con Marruecos y Arabia Saudí

En este contexto, urdió un enrevesado plan para que Arabia Saudí se quedara con el Mundial 2034 sin margen para la oposición y, según 'The Times', ha garantizado a Marruecos acoger la final del Mundial 2030 que comparte con España y Portugal si le brinda su apoyo. Una promesa, eso sí, que fue desmentida por la propia FIFA.

Durante su mandato, la FIFA ha multiplicado sus ingresos a costa de contribuir a la saturación del calendario y de invadir el espacio natural de confederaciones y ligas nacionales. Frente a sus predecesores, hombres de palco y despacho, Infantino ha buscado convertirse en una pieza más del 'star-system' del fútbol. Una placentera sobreexposición que le ha granjeado más enemigos que amigos y que ha jugado en su contra ahora que se ha convertido, por deméritos propios, en la diana de tantos.

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