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Andà p'allá, bobo

Más Antoni Daimiel y menos Erola Jons

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

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Emilio Pérez de Rozas

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Lo sé, lo sé, hasta me lo temo, pero me da absolutamente igual. Sé que, posiblemente, nada de lo que viene a continuación le interesará. E, incluso, ni siquiera se atreva a superar estos primeros 185 caracteres (sin espacios).

Me arriesgaré. Al fin y al cabo, ¿verdad?, solo es un billete de Opinión, un ‘articulín’, nada de lo que usted no pueda prescindir aunque, si se engancha, igual hasta le coge el gusto y termina leyendolo todo.

Lo primero que les quiero decir es que están ganando los malos en todas partes, en todos lados, en todos los países, en todas las sociedades, en todas las profesiones. Y, por tanto, algo tendremos que hacer para que eso cambie.

Cada uno de nosotros podríamos mirar nuestra profesión y descubriríamos, en efecto, que dejamos mucho que desear. La mía está matando el papel, perdón, ¡ya ha matado el papel!, que es lo único creíble, lo único que se pare tras comprobarlo todo. Lo demás está en la nube o en IA.

Lo de antes, algunos lo llaman despectivamente “lo de siempre”, no solo es viejo, no solo está en desuso, sino que debe ser rápidamente sustituido. Cuanto antes. Si no se van, los aburrimos. Necesitamos, dicen, savia nueva ¡ya!

Los malos han decidido que lo que funciona en las redes, en la nube, en Instagram, en tik-tok, en X, da igual el soporte e, incluso, el/la protagonista, debe imponerse, funcionar, en todas partes. Por ejemplo, en televisión.

Entrevista a Guille Giménez Y Antoni Daimiel presentadores del programa de la NBA en Movistar+.

Guille Giménez Y Antoni Daimiel presentadores, entonces, del programa de la NBA en Movistar+. / EL PERIÓDICO

Y, de pronto, descubrimos a alguien que se enorgullece de haberle visto sus partes a Tadej Pogacar, a través de un cristal opaco, mientras se cambiaba de ‘culotte’ antes de subir, de nuevo, como siempre, como cada día, al podio. Si Erola Jons tiene 3.2 millones de seguidores en Instagram, nos petará la audiencia en RTVE, en la Vuelta, pensó una mente privilegiada (mala).

Las mentes pensantes, los ‘encargadores’, como les llama mi amigo del alma y maestro de periodistas Ramon Besa, creen que lo que funciona en las redes tiene que tener éxito en todas partes y ante cualquier audiencia, sin darse cuenta que lo malo, lo pésimo, es malo, pésimo, en cualquier escaparate. Muy pocos peces de río sobreviven en el mar.

Ver a la pizpireta Erola Jons en los corrillos de la Vuelta, ni es divertido, ni es informativo, ni es interesante, ni puede gustar a nadie. Ni sabe, ni entiende, ni pretende comprender donde se ha metido. Le han dicho que, como es una triunfadora en la nube, en la barra del bar de las redes, puede ser la estrella en cualquier escenario. Y, no, alguien debería tener más respeto por la audiencia. Los malos, por ejemplo.

Una plataforma, una televisión, un medio que cree que puede prescindir o dejar escapar a Antoni Daimiel se convierte, en mi opinión, en alguien que ya no merece nuestra confianza.

Y, cuando dejo de pensar en esa estrella de Instagram, descubro, me aterra, leo que el bueno, magnífico, original, sabio, perspicaz, creador y coloquial Antoni Daimiel abandona, supongo que harto de que le minusvaloren, Movistar, que ya no sé si sigue con la coletilla de Plus o no, después de 36 años de colaborar, ni siquiera estaba en nómina, en esa plataforma.

Lo juro, he hablado tres veces, no, no, habrán sido dos (o una), con Daimiel, pero me he pasado horas y horas viéndolo, oyéndolo y escuchándole (no es lo mismo, ya saben, oír que escuchar) en televisión. Y, siempre, siempre, incluso cuando desapareció de la NBA y le propusieron retransmitir partidos de fútbol de forma moderna (¡ven, de forma moderna, ya volvemos al tópico!), me entretenía, divertía e instruía.

Yo me bajo en la próxima, ¿y usted? Tengo ya 74 años y, si han llegado hasta aquí, entenderán que haya dejado de interesarme un mundo, unos medios de comunicación, los que sean, que prefieren a Erola Jons que a Antoni Daimiel.

Todo, absolutamente todo, es muy respetable, por descontado y cada uno es libre de leer, ver y escuchar lo que quiera. Pero un medio que cree que puede prescindir o dejar escapar a Antoni Daimiel, debería dejar de interesarnos. Esa es una señal para que dejemos de confiar (informativamente) en esa televisión.

Yo deje de dormir cuando Daimiel descubrió que dormir era de cobardes.

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