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Opinión | Apunte

Sin el 9 se vive de 10, por Carme Barceló

Rodeados de cientos de ‘estelades’, el vigente campeón de Liga dejó la estela de su calidad aún cuando muchos de sus jugadores no están al cien por cien. El día que esto suceda, agarren baberos de repuesto porque van a disfrutar.

Lamine trata de zafarse de la defensa del Athletic, este jueves.

Lamine trata de zafarse de la defensa del Athletic, este jueves. / JORDI COTRINA / EPC

Mientras un desafortunadísimo Gil Marín soltaba fuego por la boca tras el sorteo de Champions League, el Barça sumaba tres puntos horas después sin Julián Alvarez y con una nómina de futbolistas espléndida. El Athletic se fue a Bilbao encajando tan solo dos goles gracias a un imponente Unai Simon y el respetable salió del Camp Nou relamiéndose.

Rodeados de cientos de ‘estelades’, el vigente campeón de Liga dejó la estela de su calidad aún cuando muchos de sus jugadores no están al cien por cien. El día que esto suceda, agarren baberos de repuesto porque van a disfrutar. Del partido de Elche al del jueves por la noche el equipo reforzó su imagen, mejoró en varios aspectos y dejó tan buen sabor de boca que nadie quería lavarse los dientes. Revivimos sensaciones y nos fuimos a la cama con ese regusto maravilloso que sigue latente en el paladar tras ingerir una ‘delicatessen’. Sin ser perfectos, estos jugadores son mucho más que funcionales, luchadores o efectivos. Son sólidos y una auténtica delicia.

Crisis emocional

El público se levantó varias veces del asiento. Para que se vieran bien las banderas al ondearlas, para protestar por la brutalidad policial que vivió un socio en sus carnes, para aplaudir a Raphinha, para recibir a Rodri, para ovacionar a Gordon y para reconocer una, dos y tres jugadas preciosas de Lamine Yamal. El chico no está pasando por su mejor estado emocional y, de hecho, así lo reconoció su veterano compañero recién llegado. “Estaba algo cabizbajo pero hoy ya hemos visto su mejor versión”. Sin estar en su ‘prime’ jugó una excelente segunda parte. Lo que está por venir, se adivina. Porque sabemos lo que hay.

Y mientras Gil Marín ruge por la esquinas y su estrella suma días sin entrenar con una crisis más emocional que física, en Can Barça responden con educación a uno y viven (que no sobreviven) sin el otro. No tiran la toalla ni le dejarán tirado. Esperarán hasta el final que se obre el milagro, pero la rabia que destilan en las oficinas colchoneras hacen prácticamente imposible el fichaje. Mientras tanto, dos porterías a cero y siete goles a favor. Sin el 9 se vive de 10.

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