La ronda española
Pogacar y Enric Mas engrandecen la Vuelta
Triunfo del astro esloveno ante el ciclista mallorquín después de un espectacular duelo en el Bartolo, en un descenso donde el jersey rojo estuvo a punto de caer.
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Tadej Pogačar celebra al cruzar en primera posición la línea de meta de la sexta etapa de la Vuelta a España 2026. / JOSE JORDAN / AFP

Cuenta la leyenda que el hermano Bartolo, fraile carmelita, subía a pie a una montaña, sin asfalto como ahora, a la que bautizaron hace 300 años con su nombre. Fue el monte del espectáculo en la Vuelta, de la constante confirmación de Tadej Pogacar, del resurgir de Enric Mas y del susto del jersey rojo, que salvó una castaña de aúpa con una habilidad de dominio tremendo con la bicicleta.
Atacó Pogacar porque no sabe correr de otra manera. Y eso es una bendición, guateque hasta la madrugada, cada día mejor, el ciclista que nunca se conforma, que ya lleva, con la de este jueves, tres victorias de etapa, cada vez más líder, pero con un fantástico Mas, segundo de la general y el único ciclista, si se salva a Jonas Vingegaard, que ha sido capaz de pillar al astro esloveno tras un ataque en la montaña. El mallorquín ya lo podrá contar a los nietos.
El turbo del jersey rojo
La tierra es para el que la trabaja, para el que la pedalea, para el que se la gana con el sudor de la frente y para los herederos del hermano Bartolo. Hubo fuga, algo indiscutible cada día, y se vio enseguida que el equipo de Pogacar no estaba para concesiones, que no es su forma de correr. Así que plisplás, cuando el asfalto desapareció, el jersey rojo puso el turbo y adiós muy buenas.
Pero iba a ser que no. Iba a ser la subida de Mas, el ciclista que resurge en la Vuelta, el que por desgracia se ha divorciado del Tour, el que lleva dos temporadas de desdichas, pero el que se había ido a ver cómo era la subida y la bajada al Bartolo porque sabía que sería uno de los puntos calientes de una Vuelta que se corre sin una pausa para respirar.
“No me lo esperaba. Por la radio me decían que el primero de los perseguidores iba a 40 segundos, así que cuando lo vi aparecer me sorprendió mucho”, confesó Pogacar, que ascendía sin agua, sediento. Sucedió a pocos metros de que se coronara el Bartolo, cuando la tierra había dado paso al hormigón y cuando, ver para creer, para pellizcarse, Mas no solo alcanzó a Pogacar, sino que lo superó para coronar primero y llevarse seis segundos de bonificación.

Enric Mas, segundo en Castelló. / MOVISTAR TEAM
Si la subida fue un espectáculo, en la bajada se produjo la imagen de la Vuelta, que recordó a aquella famosa salida de pista de Lance Armstrong en la cota de la Rochette, durante la novena etapa del Tour de 2003. Mas, que conocía el descenso, iba guiando a Pogacar. “Le dejé que hiciera la bajada delante porque vi que se la sabía”, reconoció el esloveno.
Suerte de los frenos de disco
Mas hacía gestos con las manos a Pogacar como diciéndole “frena, frena”. Pogacar, demasiado encendido, posiblemente sin necesidad de arriesgar tanto, se salió en una curva. Clavó la bici con el disco del freno trasero. De haber llevado los viejos de zapata se habría dado un castañazo de consideración. No pudo dominar la bici del todo, se fue a la cuneta, controló la caída y retornó al asfalto. “Al girarme, ya vi que estaba a rueda”, explicó Mas.

La séptima etapa. / LA VUELTA
Esloveno y mallorquín, los dos mejores de la Vuelta, el que la va a ganar y el que puede dar espectáculo a su estela, se aliaron mano a mano. Pogacar, que por algo se había jugado el tipo bajando por el Bartolo, quería ganar. Mas sabía que ni por asombro le iba a regalar la etapa, pero Primoz Roglic, Richard Carapaz, y el resto de los que respiran un aire menos fresco que el de Pogacar, se habían soltado. Él era el mejor y ser el mejor detrás del fenómeno esloveno es lo más grande que pueda haber en un planeta ciclista que Pogacar domina a placer.
“Llevo dos años sin poder pelear por una general por lo que prefiero ir poco a poco”, reconoció el mallorquín. Pero fue un día enorme para él en una Vuelta espectacular gracias a Pogacar. Y este viernes más, con la llegada a la cumbre de Valdelinares. Que no pare la fiesta.
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