El Tourmalet
¿Ya ha atacado Pogacar?

Tourmalet por Sergi López Egea / REDACCIÓN

¿Ya ha atacado Pogacar? Si huele la posibilidad, no la desaprovecha. El martes, en Andorra, batió uno de sus récords, el de la escapada más larga realizada por él en una ronda por etapas. Tanto tiempo y tantos kilómetros en solitario no lo había hecho ni en el Tour ni en la Giro.
Aunque no tiene nada que ver con Pogacar, José Miguel Echávarri, el histórico mánager del Reynolds y el Banesto, les dijo a los miembros del equipo cuando Miguel Induráin bajó al restaurante del hotel ‘El Capitán’, a las afueras de Cangas de Onís (Vuelta de 1996), “miradlo bien, porque seguramente será la última vez que cene con vosotros”. Se había retirado en El Fito, camino de los Lagos de Covandonga, y nunca más, al margen de algún critérium de exhibición, se puso un dorsal a la espalda.
A disfrutar
Pues con Pogacar hay que hacer igual, pero por motivos diferentes. Si gana la Vuelta -y está en ello, ¿o alguien lo duda?- posiblemente nunca más volverá a correr la ronda española. Sucederá igual con la Milán-San Remo. Se llevó el triunfo este año y difícilmente regresará a la clásica de la primavera italiana. Y hará igual cuando no se le cruce un Wout van Aert en los adoquines de Roubaix. En cuanto se convierta en el ‘demonio’ del ‘Infierno del Norte’ le pondrá una cruz a la carrera y buscará un nuevo aliciente.
Así es él. Ya lo vimos por la Volta donde no ganó más etapas porque la prueba no duraba más de una semana y va cambiando de itinerario, busca alternativas, algo nuevo que encontrar en el calendario internacional, una pieza para su colección particular de trofeos. Si gana la Vuelta, el año que viene se irá otra vez al Tour femenino para animar a su novia Urska Zigart, con un gorrito y en autocaravana, camuflado como un seguidor de carretera anónimo, y luego buscará algo nuevo que hacer.
El Tour, sagrado
El Tour es sagrado. Bromeó en París, tras certificar el quinto triunfo, que quería dejar pronto el club de los pentacampeones que comparte, entre otros, con Induráin. Y así es porque el año que viene aspira a un sexto triunfo en una Grande Boucle de la que, por ahora, se saben pocas cosas al margen de recorrer los tres países de Gran Bretaña (Escocia, Inglaterra y Gales), que entrará en Francia por Normandía y que mantiene todavía la incógnita de los puertos que ascenderá en Pirineos y Alpes, así como el orden de paso por ambas cordilleras.
Pogacar volverá a atacar en esta Vuelta. Qué nadie tenga dudas. Él no sabe correr de otra manera y no se dedicará a administrar el tiempo conseguido en Andorra pensando en que la carrera española es un entrenamiento de cara a lograr un tercer mundial, el 27 de septiembre, en Montreal, tierras canadienses. Muy mal se le han de dar las cosas para que sea derrotado.
Los alicientes
La Vuelta es Pogacar y la pregunta no es otra que la de ¿cuándo volverá a atacar? Igual lo hace el viernes en la subida a Valdelinares por la sierra de Teruel o se guarda hasta el domingo en Aitana, una base aérea militar adonde hay que acreditarse con la documentación oficial pertinente para poder llegar a la cumbre y disfrutar como aficionado o trabajador.
Pogacar subirá sin DNI ni pasaporte y con la sensación de que volverá a escribir otro día para disfrutar del espectáculo que ofrece. Nadie discute al Barça o al Madrid, si hay que trasladarse a otro deporte por ganar y sobre todo golear. ¡Pobre de ellos como empaten en un día tonto con un equipo de la parte baja de la tabla! Pues con Pogacar sucede igual. Él es el espectáculo puro y por eso también es la Vuelta. A disfrutar de un año mágico al compás de las ruedas de su bici.
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