Opinión | Carrascazos

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No lo estropeemos

Alejandro Balde, durante la presentación del Barça en el pasado trofeo Joan Gamper. / AFP7 vía Europa Press
En el Barça hay cosas que pueden discutirse y otras que deben explicarse. Porque una cosa es la libertad del entrenador para decidir, que es absoluta, y otra convertir al 'soci' en un simple espectador de una película que, desorientado, no acaba de entender. Los casos de Balde y Casadó son un buen ejemplo. Uno no viajó a Elche y se enteró de la decisión apenas unas horas antes de la salida al tiempo que el segundo perdía sorprendentemente su dorsal. Dos situaciones diferentes y una misma pregunta: «¿'Què coi está passant'?»
Balde y Casadó son jugadores de la casa y forman parte de su historia más íntima representando una parte emocional e indiscutible de la identidad del club. No hace falta entregar las conversaciones privadas del vestuario ni publicar las notas de voz de Flick. Pero sí, por favor, explicar qué sucede y por qué.
El 'soci' es propietario del Barça y resulta extraño que el propietario tenga que enterarse por filtraciones o rumores de periodistas emulando a Sherlock Holmes.
Además, hablamos de Flick y de Laporta. Flick cuenta con el apoyo absoluto de la grada y Laporta acaba de ganar las elecciones con una amplísima y cariñosa holgura social, y es precisamente por eso que estaría bien saber. Y es que el cariño por nuestros máximos responsables no puede convertirse en anestesia, ni el respeto en doloroso silencio.
El Barça tiene derecho a decidir. Flick tiene derecho a escoger. La dirección deportiva tiene derecho a gestionar. Laporta tiene derecho a gobernar. Pero el socio tiene derecho a conocer. Y cuando a alguno de los que más queremos se le baja de un avión o se le arrebata su dorsal, no desaparece simplemente un jugador de una lista, sino que se altera una pieza de complicidad indiscutible con todos nosotros y con nuestra historia.
Así que, por favor, evitemos los misterios, la novela negra y la información a cuentagotas. Expliquemos qué está pasando. No para incendiar el Barça, sino para conseguir justamente lo contrario, evitando así que termine provocando ese fuego indeseado.
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