Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Carrascazos

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Publicista

No lo estropeemos

Alejandro Balde, durante la presentación del Barça en el pasado trofeo Joan Gamper.

Alejandro Balde, durante la presentación del Barça en el pasado trofeo Joan Gamper. / AFP7 vía Europa Press

En el Barça hay cosas que pueden discutirse y otras que deben explicarse. Porque una cosa es la libertad del entrenador para decidir, que es absoluta, y otra convertir al 'soci' en un simple espectador de una película que, desorientado, no acaba de entender. Los casos de Balde y Casadó son un buen ejemplo. Uno no viajó a Elche y se enteró de la decisión apenas unas horas antes de la salida al tiempo que el segundo perdía sorprendentemente su dorsal. Dos situaciones diferentes y una misma pregunta: «¿'Què coi está passant'?»

Balde y Casadó son jugadores de la casa y forman parte de su historia más íntima representando una parte emocional e indiscutible de la identidad del club. No hace falta entregar las conversaciones privadas del vestuario ni publicar las notas de voz de Flick. Pero sí, por favor, explicar qué sucede y por qué.

El 'soci' es propietario del Barça y resulta extraño que el propietario tenga que enterarse por filtraciones o rumores de periodistas emulando a Sherlock Holmes.

Además, hablamos de Flick y de Laporta. Flick cuenta con el apoyo absoluto de la grada y Laporta acaba de ganar las elecciones con una amplísima y cariñosa holgura social, y es precisamente por eso que estaría bien saber. Y es que el cariño por nuestros máximos responsables no puede convertirse en anestesia, ni el respeto en doloroso silencio.

El Barça tiene derecho a decidir. Flick tiene derecho a escoger. La dirección deportiva tiene derecho a gestionar. Laporta tiene derecho a gobernar. Pero el socio tiene derecho a conocer. Y cuando a alguno de los que más queremos se le baja de un avión o se le arrebata su dorsal, no desaparece simplemente un jugador de una lista, sino que se altera una pieza de complicidad indiscutible con todos nosotros y con nuestra historia.

Así que, por favor, evitemos los misterios, la novela negra y la información a cuentagotas. Expliquemos qué está pasando. No para incendiar el Barça, sino para conseguir justamente lo contrario, evitando así que termine provocando ese fuego indeseado.

Suscríbete para seguir leyendo