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La ronda española

Pogacar se niega a entregar el jersey rojo de la Vuelta

El corredor esloveno se cuela en el esprint final de la segunda etapa, bonifica en tercera posición y se mantiene al frente de la tabla ante las dos etapas en los Pirineos.

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Brennan se impone en la segunda etapa de la Vuelta.

Brennan se impone en la segunda etapa de la Vuelta. / LA VUELTA / TONI BAIXAULI

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Valensole (enviado especial)
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Fueron apenas dos kilómetros de éxtasis, unos repechos provenzales, un público entusiasmado y un Tadej Pogacar juguetón que demostró que no quiere soltar prenda. Le gusta vestir de rojo y quién sabe si se ha propuesto llevar el jersey de líder de principio a fin. Si lo lógico hubiera sido ceder la prenda a otro equipo y que se esforzasen por cuidarla, Pogacar es de otra línea, al menos en el vestir, y no parece que vaya a cambiar de vestuario, porque este lunes, ya en los Pirineos, la Vuelta vuelve a jugar a su favor.

La segunda etapa se presentaba con unas cuestecillas finales, nada de otro mundo, pero asfalto que obligaba a los velocistas a esforzarse más de la cuenta para no perder la posición. La suya no la cedió Pogacar, siempre en primera línea de fuego; casco, jersey, culote y el perfil de las ruedas… todo de color rojo, hasta las gafas que regaló al hijo de Wout van Aert, después de cruzar la línea de meta.

Tadej Pogacar, en la salida de Mónaco.

Tadej Pogacar, en la salida de Mónaco. / LA VUELTA

Dejó que partiera la fuga que se verá cada día, aunque no le debió hacer mucha gracia que se colara Ethan Hayter, el ciclista que acabó en segunda posición la contrarreloj inaugural de Mónaco. Sólo con que bonificase, aunque fuese un segundo, le arrebata el rojo. Y lo hizo el británico al pasar por el esprint especial de Gréoux les Bains, que regalaba seis segundos al primero. Si todos llegaban juntos, con el mismo tiempo y Pogacar no se movía en meta, el esloveno entregaba la prenda al británico.

Y allí fue donde empezó el juego por tierras francesas, como si se tratase de una partida de ajedrez. El Visma quería mover pieza y que mejor que hacerlo con Van Aert. A poco más de un kilómetro de la llegada, en la zona más empinada cerca de la meta, atacó el ciclista flamenco. Pogacar entró al trapo y descubrió las cartas, que no iba a regalar el rojo a nadie, quizá también para contentar al príncipe Alberto, que estuvo en la salida de Mónaco y que no se perdió la segunda etapa para fotografiarse junto al fenómeno del ciclismo en el podio de Manosque.

El pelotón se despide de Mónaco.

El pelotón se despide de Mónaco. / LA VUELTA

Durante unos instantes la pareja estuvo al frente de la Vuelta, como si entrasen en el velódromo de Roubaix para disputarse un adoquín de piedra convertido en oro. O pasando junto a la basílica del Sagrado Corazón de París para ver quién de los dos ganaba la última etapa del Tour 2025.

Una doble misión

Pero Van Aert tenía una doble misión. De una parte, si sólo reaccionaba Pogacar tenía habilidad, piernas, fuerza y velocidad para batirlo en el esprint final, pero si eran capturados, como así sucedió, el esfuerzo del esloveno, visto que no regalaba el jersey rojo ni por asombro, lo podría pagar a la hora de jugarse el triunfo.

De este modo, Van Aert abrió la caja de los truenos y con Pogacar recuperándose del esfuerzo anterior su joven compañero británico Matthew Brennan lo tendría más fácil para anotarse el triunfo y demostrar a los 21 años que es un velocista que ya empieza a estar formado para ganar en cualquier sitio. Brennan, internacionalmente, se dio a conocer en la Volta de 2025 al imponerse en dos etapas.

La etapa de este lunes.

La etapa de este lunes. / LA VUELTA

Pogacar cruzó la línea de meta en tercera posición porque entre Brennan y él se interpuso Pau Miquel, un veloz ciclista de Sant Quirze del Vallès, de 26 años, fichado por el Bahrain y que está listo para seguir disputando los pocos esprints que reúne esta Vuelta de aspecto montañoso y con claro candidato esloveno. Quizá, Roquetes, en las catalanas Terres de l’Ebre, el próximo miércoles, pueda llegar una nueva oportunidad para el ciclista barcelonés.

La cumbre del Mont Louis

Antes, la Vuelta se vestirá con el traje de los Pirineos, dos días que supuestamente le deben servir a Pogacar para no estar pendiente de las bonificaciones, ni de Van Aert, ni de Mads Pedersen (cuarto en la meta), sino para empezar a disfrutar de una renta que le permita tomarse la Vuelta con más calma, aunque no fue bueno para su equipo que el portugués Joâo Almeida cediera 18 segundos; el único de los astros de la Vuelta (fue segundo el año pasado) que entregó tiempo de forma sorprendente.

Este lunes, por ejemplo, el Mont Louis, antes de la subida final y más suave a Font Romeu, se puede convertir en una especie de Tourmalet para Pogacar si tiene ganas de atacar en la distancia y anotarse un segundo triunfo en una Vuelta hecha a su imagen y semejanza.

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