Opinión | Golpe franco

Periodista y escritor
El equipo se encuentra

Flick felicita a Fermín durante el partido ante el Elche. / JOSE JORDAN / AFP
Hay ya algunos que no están, entre ellos Ferran Torres, pero lo cierto es que el equipo quería encontrarse a toda costa, para seguir jugando, para ser otra vez el equipo de los años de Flick.
La falta de Lewandowski, que lloró al irse, tiene todavía una suplencia que quizá venga del Atlético, o vete a saber de dónde. Pero lo cierto es que las ausencias, así como las entradas de los nuevos, no desdicen del Barça de estos tiempos de Flick: un equipo alerta, alegre, capaz de encontrarse jugando cuando acaba de empezar la temporada.
Como si hubieran estado entrenando desde el mismo instante en que dejaron de jugar. Las combinaciones son parecidas, pero lo que es de verdad igual es el entusiasmo, ese acicate con el que los antiguos griegos se juntaban para ganar las carreras.
Este Barça tiene ese entusiasmo en todos los que juegan, los nuevos y los que ya estaban. El gol de Adeyemi fue la explicación de que la novedad no es diferencia, sino interés en saber cómo debe hacerse la aproximación inteligente en la búsqueda del gol que antes se esperaba de Lamine.
Ahora Lamine, que ya es tan veterano como Pedri o como Raphinha, supo que un pase de pronto al recién llegado iba a desatar un gol como los que precisamente acostumbra a hacer Lamine cuando tiene cerca a Pedri y cómo este lo busca para destruir al adversario. El Barça, este Barça de la primera parte, parecía preparado para esparcir autoridad, una manera que además parece como un himno a la alegría.
¿La segunda parte? El Barça está fresco como una lechuga, como si viniera de una playa perfecta en la que los futbolistas se juntan para ser como muchachos de una escuela organizada para hacerlos felices. Pedri fue impecable, como una adquisición inesperada después de las lecciones del Mundial. Lamine mostró que su cabreo es a veces perenne y a veces la imagen de un muchacho roto por la pasión de ganar, mientras que Gordon, una nueva adquisición, parecía parte del Barça de siempre: acostumbrado a jugar como si hubiera entrado hace años en una supuesta Masia.
Cuando terminó el partido hubo un alivio inevitable por parte del perdedor. El Elche salió a ganar, naturalmente, pero perdió nada más ponerse en juego la pelota que hizo oro la inteligencia de Raphinha.
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