RITMO DE CAMPEONA (5)
Entrenamos con Rebeca Cotano, capitana de La Penya: "Lo peor que tiene una lesión es la soledad"
Así es un entrenamiento de élite en el Olímpic de Badalona con Rebeca, quien, pese a dos graves lesiones, sigue amando el baloncesto y disfrutando con La Penya.
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Ritmo de campeona | Baloncesto con Rebeca Cotano / Patricio Ortiz y Zowy Voeten

Se oye el balón chocando contra el parqué. En el lateral de la pista me espera Rebeca Cotano (Valencia, 1995), capitana de La Penya, en el mismísimo Olímpic de Badalona. La diferencia de estatura nos hace sonreír a distancia, unas risas que se irán repitiendo durante el entrenamiento. Con maña (y paciencia), Rebeca empieza enseñándome a botar con cierta agilidad, hasta que llega el momento de intentar pasar la pelota entre las piernas mientras andamos. La cosa empieza a complicarse.
¿Se siente una responsabilidad extra siendo la capitana?
Yo digo que soy una capitana en prácticas, porque nunca me había tocado serlo. Pero no es una presión extra. Hay cosas que te salen solas y que para mí son esenciales en un deporte de equipo: la empatía, el preocuparte por las otras, el estar un poco pendiente de todo...
¿Qué es lo que más te gusta o qué es lo que más te reta del deporte?
Lo que no se ve, el día a día. Que lleves cinco derrotas seguidas y tengas que ponerte con un nuevo partido. Y, sobre todo, cuando hay jornadas entre semana. No te da tiempo a pensar. Está la gestión nuestra a nivel emocional y física, y luego la del cuerpo técnico.
¿Qué es lo que te mueve para hacer cada día esto?
He estado siempre en el momento y en el lugar adecuado. No sé qué hubiese sido de mí, porque nunca dije: «Guau, quiero ser jugadora profesional». Empecé en el Ros Casares y luego apareció el proyecto del Valencia Basket. Entonces, casi sin querer, llegué hasta aquí. Ahora que ya he llegado a este punto de mi vida deportiva y mi vida personal, que ya tienes otra madurez y aprecias las cosas de otra manera, pienso que esto te llena de muchas formas. Hay contrapartidas, sí: tu vida es un poco nómada, convives un poco con la incertidumbre... Pero vives en diferentes ciudades, conoces a mucha gente, te haces una persona más abierta. Yo, por ejemplo, era muy tímida. Te diría mil cosas buenas del básquet. Malas, yo qué sé. También el cansancio físico y psicológico. Es agotador estar lejos de tu casa, de tu familia, aunque hoy en día está más normalizado el trabajar fuera. Lo sufres sobre todo cuando pasan cosas. Cuando pasan cosas malas, que tu abuelo esté enfermo y tú estás aquí. Y, claro, el tema de las lesiones.

Rebeca Cotano, capitana del Joventut de Badalona. / Zowy Voeten / EPC
[Practicamos desde la línea de tres. Mientras salta, se toca instintivamente la rodilla, como si fuera un acto reflejo. Una cicatriz le recorre la articulación. Esa que ninguna deportista quiere tener, la que implica la lesión más dura del deporte femenino].
Y tú has sufrido las más complicadas.
Sí. En mi caso, rotura de cruzados y luego del tendón de Aquiles. De la espalda también sufro bastante, pero creo que es todo un poco, ¿sabes?
¿Cómo lo viviste?
Yo lo viví un poco diferente. Era profesional, pero no tanto todavía. Me pilló en la transición de que el Valencia Basket hiciese un proyecto estable de profesionales. Me pilló ahí un poco en 'stand by'. Y lo sufrí sola. Es la peor parte. Te separan del grupo. Formas parte del equipo, pero nunca llegas a estar del todo dentro. También hubo complicaciones y tuve que alargar más el plazo de recuperación. Me perdí todo el año. Recuerdo soledad.
¿Cómo gestionas el día a día con una lesión de este tipo?
Pasas mucho tiempo en el gimnasio. Es largo desde que te lesionas hasta que vuelves a tocar una pelota o vuelves a entrar a la pista. Ya no es que no puedas jugar, es que no puedes prácticamente ni acercarte [a la pista]. Te pasas el día en el gimnasio. Para nosotras, creo que es más deprimente todavía. Yo tuve esa suerte de que me pilló en Valencia, estaba en casa, estudiaba, iba a la universidad, tenía a mis amigas, trabajaba en una joyería... Podía evadirme.
Y luego llegaste aquí...
Estuve mucho tiempo muy bien en general a nivel de lesiones, pero sí que es verdad que convivía con un dolor agudo en el Aquiles. Me dolía y, tras las sesiones, hielo. Partido y hielo. Volvía al entrenamiento y no me dolía, pero otra vez hielo. Era como un dolor continuo. Hubo un día que ya mi pie dijo basta. Me levanté que no podía ni andar. Decidieron hacerme una resonancia y descubrieron que en esta pierna tenía dos sóleos. Eso hacía mucho daño a mi Aquiles, porque hacía que se comprimiera el espacio y le generaba estrés. Tuve una rotura parcial del tendón, me lo regeneraron y, cuando terminó la temporada, decidieron extirparme el sóleo que me sobraba para dejar todo ya en su sitio. Pero la verdad que ahora estoy bastante contenta en ese sentido. Estoy más o menos bien.

Rebeca Cotano, capitana del Joventut de Badalona. / Zowy Voeten / EPC
[No había probado realmente lo que era jugar a baloncesto, más allá del típico juego de 21 puntos cuando eres pequeña en el colegio. Mi nivel no dista mucho del de entonces, pero con los consejos de Rebeca, cada vez me siento más cómoda en la pista. El Olímpic ayuda, la verdad. Ser profesional y jugar aquí los fines de semana debe ser espectacular].
¿Por qué el baloncesto?
La respuesta tópica: por altura. Me acuerdo perfectamente del día que se lo dije a mi madre... Yo siempre he sido una niña superinquieta, hacía de todo, todos los deportes, cogía la bici, no paraba. Y le dije a mi madre: «Me quiero apuntar a fútbol». Fuimos al colegio y me acuerdo de que estaban la pista de básquet y la de fútbol. Justo pasamos para hablar con la secretaria y había que cruzar las dos pistas. Y el del básquet dijo: «¡Ostras, fichaje!». Se puso a hablar con mi madre y me dijo: «Tú ve, prueba y ya. Si no, volvemos y nos apuntamos a fútbol». El Ros Casares, cuando jugaba en la Fonteta, en las medias partes, hacía los típicos partiditos que hacen las minis o las infantiles. Mi cole iba ahí y un día me dijeron: «Oye, sube a oficinas». Yo iba para pasármelo bien. A los pocos días llamaron a mis padres: «Que vaya a la cantera y que pruebe allí». Y una cosa llevó a la otra. No he dudado nunca y no me arrepiento de nada, la verdad.
Con las lesiones a veces pueden entrar dudas.
La lesión también es algo que te da herramientas para otras cosas que te pueden pasar en la vida. Es algo que no tienes planeado, pero si lo extrapolas a otro tipo de trabajo, te puede pasar igual, o a tu vida personal. Es como cuando tienes una relación y te planificas todo: 'Me caso tal año... Pues igual no pasa porque lo dejas'. Esto es igual. Al final te pasa y siempre en tu mejor momento, cuando estás ahí en tu 'prime'. Eso te da muchas herramientas a nivel psicológico.

Rebeca Cotano, capitana del Joventut de Badalona. / Zowy Voeten / EPC
¿Cómo es el deporte de élite desde el punto de vista psicológico?
Es duro porque siempre tienes que afrontar situaciones que no sabes cómo gestionar. Por ejemplo, en mi caso, en primera división es complicado tener un rol importante. En mi posición, de pívot, tú me ves a mí, me ves muy grande, pero es que las otras son el doble que yo a nivel de cuerpo. Entonces, a nivel psicológico, aprender tu rol, asimilarlo, saber para lo que estás y para lo que no... Eso para mí es muy importante para tu salud mental. Si no, es chocarte contra un muro continuamente.
Controlar las expectativas.
Sobre todo, para mí es aprender qué cosas no dependen de ti y qué cosas sí. He aprendido a decir: 'Si en el partido me van a dar más oportunidades o menos, no depende de mí'. Pero los entrenamientos, estar bien y que la semana sea buena, sí. Para mí también va a ser más satisfactorio tener una buena semana y tener buenas sensaciones y decir: 'Hostia, he trabajado bien'. Si luego me da cinco minutos, me da ocho o me da cero, pues ya está. Tú has hecho tu trabajo y es su decisión, porque es su trabajo decidir a quién necesita o a quién tiene que meter para ganar el partido. Ahí tú no puedes valorarte según el resultado, sino durante el proceso.

Rebeca Cotano, capitana del Joventut de Badalona. / Zowy Voeten / EPC
¿Cómo llevas la incertidumbre?
He aprendido a convivir con ella. Te adaptas. Siempre llega la época crítica, que la llamo yo, que es después de Navidad, cuando ya se empiezan a mover cosas y escuchas unas cosas u otras o hablas con tu representante. Pero yo creo que lo asumes. Y yo lo paso mal porque soy muy familiar. Si estoy en un sitio, no necesito gran cosa. Estando en un lugar donde me sienta arropada, que aquí llegué y al conserje le dije: 'Eh, Pepe'. Yo qué sé. Al niño que le hace ilusión el baloncesto, pues le doy una camiseta. O sea, esas cosas a mí me gustan, porque lo hago como en mi casa, me siento cómoda. Y eso lo llevo peor que casi la incertidumbre. Llevo peor el luto de irme de un sitio. Me gusta conocer gente fuera de esto. Terminar y, después de un entrenamiento duro, despejarme.
¿Qué haces para eso?
Pues irme de cervezas. ¿Para qué te voy a mentir? Me gusta irme a caminar por el campo, hacer cosas diferentes que no tengan nada que ver con el baloncesto. No quiere decir que me guste menos. Simplemente necesito esa desconexión.
[Terminamos con un duelo. Tiros desde todas las distancias, eso sí, con risas incluidas. La verdad es que se disfruta el deporte junto a grandes deportistas, no por los escudos que portan sino por cómo transmiten el amor por su disciplina].
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