Opinión | Apunte
¿Entrenador o agitador?

José Mourinho, técnico del Real Madrid. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE
Aunque se empeñe el madridismo en infravalorar, encarecer y vilipendiar el fichaje de Rodri por el Barça, la realidad es que supura por la herida. Y ha encontrado en Mourinho al líder e ideal compañero de viaje para minimizar el asunto y, lo que es peor, rebajar prácticamente hasta el menosprecio la llegada de uno de los mejores jugadores del mundo al club blaugrana. Que haya mamado de los pechos de Guardiola aún fastidia más a un ejército blanco que ve en su técnico al mejor mensajero del relato que quieren oír y que otros no soportan escuchar. Ojo al dato y a lo que se viene. Avisados quedan.
Pero el portugués, en su entrevista exclusiva para El Chiringuito, dio un salto más preocupante bajo mi punto de vista. Lo estrictamente deportivo caerá por su propio peso en el momento que empiece a correr el balón. Lo anímico caminará de la mano con las victorias y los gestos de los jugadores, que dieron una pésima imagen la temporada pasada con peleas entre ellos, desplantes a los técnicos, desidia profesional y dejando al escudo, ese al que se agarran cuando invocan a la épica, descolorido.
Lo que Mourinho deslizó en su charla con Josep Pedrerol sobre el ‘affaire’ Negreira me pareció grave. Muy grave. Uno, cuestionó a la justicia española sin ambages. Dos, aseguró que él ya se olía algo -que alguna marca de perfumes le compre el gesto, que se harán ambos de oro- y lo comparó con lo sucedido en el ‘Calciopoli’ con la Juventus (cuando son casos distintos), lo que condenó al club italiano al descenso a la Serie B. Tres, se le entendió todo a la pregunta del periodista sobre si consideraba que, por ello, el azulgrana debería bajar de categoría. Un silencio, junto a un gesto, vale más que mil palabras. Tras ello, la puntilla: “La Liga necesita al Barça”.
¿Qué ha fichado el Real Madrid? ¿Un entrenador o un agitador? Aún no hay fuegos futbolísticos que apagar, pero Mourinho ya ha sentado las bases. Más maduro y menos emocional, dice. No lo dudo. Pero con el guion muy claro, previendo ya no solo lo que puede avecinarse sino lo que es una realidad: que parte como perdedor.
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