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Opinión | Apunte

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Jefe de Deportes de EL PERIÓDICO

Rodri será capitán, con o sin brazalete

Rodri Hernández, durante su presentación como futbolista del Barça.

Rodri Hernández, durante su presentación como futbolista del Barça. / Quique García / EFE

Frenkie de Jong comenzó a jugar en el Barça en el verano de 2019. Justo en esas fechas –sí, el fútbol es maquiavélico– Rodri Hernández fichaba por el City de Pep Guardiola. De Jong estaba llamado a ser entonces la gran bandera futbolística del gobierno de Josep Maria Bartomeu. Un centrocampista total para una década, decían. Coló entonces.

Rodri, que sólo llegó a jugar una temporada en el primer equipo del Atlético, futbolista que supo crecer de lo lindo en el Villarreal, sí logró convertirse en leyenda en Manchester. Fue santo y seña de un equipo que alcanzó la gloria de la Champions en aquel estadio infame de Estambul [el Olímpico Atatürk, el mismo donde se han llevado ahora la Supercopa de España] a partir del cordón umbilical que unía a Rodri con Pep, 'seny y rauxa', control y arrebato.

Hace cuatro días, De Jong, ahora lesionado y con el termómetro de 'likes' bajo mínimos, todavía era capitán del Barça. Pidió la vez en los medios del club para poner a parir a periodistas, presuntos culpables de que la afición esté hasta las narices. Y este martes, horas después de que el técnico Hansi Flick, viendo lo que podía caerle a De Jong en el Gamper, dejara a un lado la antigüedad y las jerarquías para quitarle momentáneamente el brazalete al neerlandés para entregárselo a Raphinha –con Pedri y Eric como lugartenientes–, Rodri Hernández completaba su primera exhibición pública como futbolista del Barça.

El capitán de la selección española, sin ponerse aún las botas y con el traje sobrio de quien confía más en su palabra que en su pinta, demostró lo necesaria que es la madurez para domar el 'show' del fútbol. Cuando hable, se le escuchará. Cuando juegue, se le seguirá. Será capitán, con o sin brazalete.

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