Girona - Leganés (1-1)
Abel Ruiz rescata al Girona ante el Leganés en su regreso a Segunda
Un gol en el minuto 89 del ariete evita la derrota del equipo de Quique Álvarez

Abel Ruiz, delantero del Girona y autor del 1-1 frente al Leganés en Montilivi. / David Aparicio
Solo un gol de Abel Ruiz, agónico y rocambolesco, ha permitido al Girona evitar una bofetada de realidad en su regreso a Segunda División. Porque, hasta el minuto 89, eso era precisamente lo que estaba viviendo el equipo y lo que todos en Montilivi temían: dominio abrumador durante muchos minutos, sensación de superioridad, pero incapacidad para ponerse por delante en el marcador. Sí lo hizo el Leganés, desaparecido durante toda la primera parte y capaz de batir la portería de un cuestionado Gazzaniga al inicio de la segunda mitad con un cañonazo de Naim desde su casa. Pese a intentarlo de mil maneras, los gerundenses no encontraban la fórmula y parecían destinados al fracaso. Hasta que apareció Abel Ruiz, al borde del tiempo añadido, para salvar los muebles. Un empate para empezar y todavía muchísimo trabajo por hacer. En el césped, pero sobre todo en los despachos.
Condicionado por las circunstancias —a los problemas físicos de unos hay que sumar las incógnitas generadas por el futuro de otros—, Quique Álvarez apostó por un once que no dejó indiferente a nadie. Jugadores que quizá al día siguiente hagan las maletas, como Arnau o Àlex Moreno, salieron de inicio; también hubo sorpresas en ataque y en defensa, con la titularidad de los jóvenes Junior y Dawda. A la vista de una pretemporada irregular, con resultados de todo tipo y sensaciones mejorables, la incertidumbre se apoderó de Montilivi hasta que el árbitro señaló el inicio. A partir de entonces, quedó muy claro cuál iba a ser el guion. El Girona se hizo dueño y señor del partido y redujo al Leganés a la mínima expresión, un equipo que parecía satisfecho con el empate desde el primer minuto y que se dedicó a acumular futbolistas a la hora de defender, buscando algún contragolpe milagroso con el que intentar hacer daño.
La sociedad formada por Minsu y Àlex Moreno en la banda izquierda funcionó a las mil maravillas. El ataque rojiblanco de la primera mitad se gestó sobre todo por ese costado. En el otro, Arnau y Bryan participaban menos, aunque el capitán fue el primer protagonista de la tarde. Con la cabeza conectó un preciso centro de Moreno y batió al portero visitante, pero el gol fue anulado por fuera de juego. Fue el aviso de lo que vendría a continuación. Un Girona que se apoderó del balón, lo movió de un lado a otro y no sufrió lo más mínimo. Es más, cuando algún jugador del Leganés se aventuraba a probar fortuna, allí estaban Francés o el joven Junior —que se ganó los aplausos del público con alguna intervención de mérito, cortando el ataque rival— para demostrarles que la puerta estaba cerrada. Gazzaniga, un simple espectador.
Morante, omnipresente
Desde atrás hasta tres cuartos de campo, todo perfecto. Morante, omnipresente, distribuía el juego hacia donde correspondía; Fran Beltrán, la brújula, marcaba el ritmo, acompañado por Iván Martín, otro cuyo futuro en Montilivi está en el aire, que estuvo algo más apagado e intermitente. Minsu se dio una buena paliza trabajando, mientras que Dawda, todo corazón y voluntad, jugó muy bien entre líneas, aunque le faltó instinto. Porque sí, el Girona trianguló muy bien y no sufrió atrás, pero sin profundidad tampoco llegó a protagonizar un verdadero asedio sobre la portería defendida por Raúl Fernández. Se marcharon fuera un cabezazo de Bryan y un disparo lejano de Morante, mientras que otro tiro de Àlex Moreno acabó en las manos del portero. La más clara llegó en un pase interior para Bryan, que se coló llegando desde atrás pero no supo rematar entre los tres palos.
Lo que ocurre es que el fútbol no entiende de teorías, suposiciones ni condicionales. El Girona dominó claramente la primera parte, sin discusión, pero se encontró con un gol en contra nada más regresar de los vestuarios y en el primer disparo del rival. Así de sencillo. Naim, sin oposición y desde muy lejos, se inventó un latigazo dirigido cerca de la escuadra derecha que sorprendió a Gazzaniga. Si el portero lleva tiempo despertando dudas y suspicacias entre la afición, solo le faltaba encajar un gol así. Entonces aparecieron las prisas; no de golpe, sino poco a poco, pero el equipo, obligado a ofrecer algo más, pisó el acelerador buscando la portería. Entre Bryan y Àlex Moreno probaron suerte, pero no hubo manera. Quique Álvarez movió ficha y dio entrada a Abel Ruiz; también el Leganés hizo retoques, con tres cambios de una tacada, justo antes de que Álvaro Tejero hiciera temblar el palo derecho de la portería. El 0-2 no llegó de milagro. Pasaban los minutos, aumentaba el ritmo y el partido se rompía. Quique introdujo más cambios: entraron Stuani, Justin y Asprilla. Más pólvora para intentar hacer daño a un Leganés bien ordenado, rocoso y sólido.
Con las piezas desordenadas, la fatiga haciendo mella y el partido cada vez más abierto, el aluvión se hizo realidad. Abel Ruiz probó con un disparo forzado a un cuarto de hora para el final, mientras que Asprilla se topó, en dos acciones prácticamente idénticas, con un inspirado Raúl Fernández. Fueron las ocasiones más claras del Girona hasta ese momento. Izan entró en el minuto 80 por un Junior cuyo cuerpo dijo basta. Y justo cuando el partido agonizaba, con los nervios a flor de piel, llegó el gol de Abel Ruiz. Una jugada extraña, con un remate que el portero salvó como pudo, antes de que el 9 cazara el balón y lo mandara al fondo de la portería con un disparo rocambolesco y cargado de fortuna. No hubo tiempo para más. Tablas para iniciar el camino de regreso a Segunda.
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