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Opinión | Apunte

Jordi Puntí

Jordi Puntí

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.

La necesidad y la virtud

Julian Álvarez entrena con el Átletico de Madrid en la Ciudad Deportiva de Majadahonda.

Julian Álvarez entrena con el Átletico de Madrid en la Ciudad Deportiva de Majadahonda. / AFP7

Una temporada más, a dos días del inicio de la Liga, casi todo está por hacer. Los fichajes van y vienen, y en este juego de sillas el aficionado del Barça tiene varios frentes abiertos. Hay opiniones para todos los gustos y aunque es cierto que se valoran las entradas y salidas por su adaptación a un estilo de juego, en la mayoría de los casos se opina y juzga más por razones sentimentales. Ante la salida de Ferran Torres, el aficionado culé juega al Monopoly y dice: “Ese gol de la final del Mundial más la gira para lucimiento propio—como si el fútbol fuera un deporte individual—han sido agua bendita: 50 millones y lo enviamos a París envuelto en un lazo”.

Mismamente, la llegada de Rodri se ve con buenos ojos por su omnipresencia en el campo (y porque viene sazonado por los años con Guardiola), pero ojo: que no nos toquen a Bernal, que es presente y futuro. Araújo se va cedido y el culé lo entiende, pero sin el sentimiento de culpa que le produce el posible adiós de Marc Casadó. Además de un buen jugador, Casadó es capital sentimental: esas imágenes en Canaletes son imborrables.

En el centro de este laberinto está Julián Álvarez, y de momento nadie encuentra ni la entrada ni la salida. Una encuesta de urgencia en el bar de la esquina me dice que la mayoría de los aficionados culés no sabe cómo reaccionar. En el plano futbolístico no hay dudas, es un gran jugador, joven y con proyección, aunque no es un goleador nato. En el apartado emocional, cada día que pasa en este limbo añade más presión al jugador. Si finalmente llega al Barça, será tras un traspaso tan excesivo (y tan contrario a la realidad que ofrecen las arcasdel club) que cada minuto de su juego se mirará con lupa. Si se queda en el Atlético, el Barça se verá descompuesto y sin novia. La plantilla tendrá un arsenal de extremos por las dos bandas, pero nadie que remate sus centros. Entonces haremos nuestras cábalas, moveremos piezas para buscar sentido a la idea del falso nueve. Una vez más, como en las últimas temporadas, se hará de la necesidad, virtud. Y a rezar para que Hansi Flick convierta de nuevo el laberinto en un saló de baile.

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