Andà p'alla, bobo
El fútbol ya no es nuestro, es el negocio de Infantino
Infantino estudia crear una empresa para gestionar y vender acciones del Mundial

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Son tan falsos, tan interesados, tan avariciosos, tan ricos, que solo tienen dinero. Son tan manipuladores, tan peseteros, tan egoístas, tan egocéntricos, que nos ignoran a todos los demás. Se saben los reyes del mundo, los poderosos y nosotros no podemos hacer nada para evitarlo. Nada.
Miren este Gianni Infantino, amigo, colega, casi familiar de Donald Trump, tuvo la osadía (y todo el fútbol se lo permitió: ya tiene 200 federaciones de las 212 a favor de que renueve su mandato), de organizar el Mundial que le dio la gana, donde le dio la gana, con las normas que le dio la gana, viviendo de rodillas ante el poderoso presidente de EEUU y, cuando leyó las críticas, se las guardó.
Y, un día después de la clausura, se atrevió a vomitar sobre los medios de comunicación que habían escrito que las entradas costaban 10.000 dólares, que las pausas de deshidratación eran para recaudar dinero (¡si hasta las hicieron en estadios con aire acondicionado), que todos esos artilugios había llegado (lamentablemente) para quedarse y que, vale, sí, había ganado 9.000 millones de dólares, pero había adulterado la Copa del Mundo.
Y, curiosamente, después de semejante ataque, va el diario ‘The Times’ y descubre que este tipo proyecta convertir esa misma Copa del Mundo en una compañía privada, siendo él, cómo no, el CEO, asistido por el JP Morgan y el hermano del yerno de Donald Trump. Tal cual, todo queda en familia. Dicen que es un proyecto. ¡Mentira! Ya lo tienen hecho y pactado. Es más, si no fuese así, el ‘Times’ hubiese recibido un burofax de esos que están tan de moda, exigiendo una rectificación.
Ya no volveremos a hablar nunca más de Mundial, ni de la Copa del Mundo. Hablaremos de la JP Morgan Cup, como ya no hablamos del Atlético sino de Apolo, ni del Real Madrid sino del Key Capital Partners, ni del Barça sino de Goldman&Sachs, ni del Valencia sino del desdichado Peter Lim… y así hasta la saciedad.

Los presidentes de la FIFA, Gianni Infantino, y de Estados Unidos, Donald Trump. / JOSE BRETON / AFP
Aún quedamos millones de ingenuos que defendemos ¡menudos estúpidos! que todo empezó en la acera del cole, en Diputación, 250, ante la puerta del colegio de los Sagrados Corazones, con una chapa de Coca-Cola como pelota, los dos alcorques, el hoyo donde plantan los árboles como porterías y nosotros pateando la chapa con unas chirucas.
Eran los tiempos en que nos creíamos ¡menudos memos! que el fútbol era de los niños, de los jóvenes, de la gente, del pueblo, del barrio, del aficionado, de los fans, de los seguidores. Y, cuando crecimos, incluso nos creímos que era lo más importante de las cosas menos importantes de nuestras vidas.
Puro negocio, no más
Pero, de pronto, en días, semanas, en un par de meses, Infantino nos ha abierto los ojos y gritado ¡tontos, esto es mío, es mi negocio! Y como no vamos a salir a la calle ¿verdad? (no salimos por cosas más serias, vamos a salir por el negocio del fútbol), Infantino seguirá con sus trajes italianos, sus zapatos ingleses, su Mercedes blindado, su jet privado, su yate, su hotel cinco estrellas, su séquito de pelotas y lo único que cambiará, perdón, añadirá, será una American Express como CEO de la JP Morgan Cuo en la cartera donde ya disfruta de la VISA de la FIFA.
Como dice mi amigo mallorquín Alejandro Vidal, Infantino, en este Mundial, ha acumulado suficientes motivos para que él y la que pretende convertir en ‘su’ organización se sienten en el banquillo, no precisamente el de ningún campo de fútbol.
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