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Andà p'allá, bobo

Un Tour al año no hace daño; dos, tres o cuatro más, sí

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

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El Tour que arrancó en Barcelona, convirtiéndose en tema del día mediático, social, ciudadano y económica durante más de una semana, atrayendo las miradas de 190 países, 4.000 millones de visualizaciones, 1.300 millones de reproducciones en video y, dicen, un retorno o impacto económico de más de 100 millones de euros, ha terminado en París con una nueva exhibición del esloveno Tadej Pogacar, en estos momentos, sin duda, uno de los diez deportistas más impresionantes que hay en el mundo.

No digo que sea momento para reflexionar, o igual sí, pero la salida de la Grande Boucle de Barcelona colapsó la ciudad durante un montón de días. Vale, perfecto, se trata de uno de los diez acontecimientos deportivos más importantes que se celebran, como poco, en Europa durante todo el año. Estupendo, Barcelona logró lo que muy pocas ciudades pueden conseguir. Y, sí, el impacto fue, a todos los niveles, impresionante.

Pero, ahora que ha pasado todo, aún comento con muchos amigos barceloneses que, durante aquellos días, fue realmente difícil seguir con la vida normal de un ciudadano corriente. Es lo que supone la visita, la presencia, el despliegue de una caravana y un acontecimiento (casi) único en el calendario anual del deporte mundial. De acuerdo.

BARCELONA, 04/07/2026.- Ciclistas del NSN Cycling Team durante la primera etapa del Tour de Francia, una contrarreloj por equipos de 19,6 kilómetros este sábado en Barcelona.- EFE/ Alejandro García

El Tour-2026, en Barcelona. / ALEJANDRO GARCÍA / EFE

Es por ello que, tal vez, esa salida, esa fiesta, ese despliegue, ahora que ha terminado felizmente y, probablemente, Barcelona aún se está relamiendo de felicidad (las autoridades sobre todo, no sé, repito, si toda la ciudadanía), sea una de las pocas cosas grandes, enormes, gigantescas, que se puedan y deban organizar y conquistar para que seguir manteniendo a la capital catalana en la estela que la puso algo irrepetible, sin duda, por impacto y éxito, como fueron los Juegos Olímpicos de 1992.

Pero este éxito, repito, que debe apuntarse en el haber del Ayuntamiento, la Generalitat y la ciudadanía que soportó muchos laberintos, que afectaron, repito, a su día a día, no puede servir para driblar algo que muchos barceloneses piensan y que, en aquellos días, silenciaron en beneficio de la ‘serpiente multicolor’ y la celebración de las etapas barcelonesas.

Hay muchos barceloneses que piensan que Barcelona se ha convertido, a nivel turístico y deportivo, en un parque temático, en un parque de atracciones. Quienes defienden la excesiva proliferación de eventos deportivos populares, es decir, desde cursas atléticas (se celebran 40 cada año), hasta carreras de bicicletas e, incluso, demostraciones de F-1 en pleno Paseo de Gracia, consideran que se ha llegado a un punto de saturación que impide, repito, el normal desarrollo de la vida cotidiana.

El Tour es el Tour, pero son muchos los barceloneses que piensan que Barcelona no necesita ni más turistas ni más eventos deportivos de escasa relevancia que compliquen, de forma inadecuada, lael día a día de los barceloneses.

Algunos de los defensores de esta tesis, que consideran, por ejemplo, que no se puede saturar el Example cada dos por tres, tienen la sensación de que el éxito, la estela del cometa Barcelona-92, no solo se ha alargado demasiado sino que lo ha hecho, en parte, en una dirección errónea, excesiva. Insisto, sobre todo en lo se refiere a la invasión, demasiado a menudo, del centro de la ciudad.

Hay mucha gente ¿verdad?, que considera que Barcelona no necesita ni más turistas ni más pequeños shows de divertimento ciudadano, que acaben afectando a los barceloneses. Y, si Barcelona insiste en ese tipo de eventos, debería planificarlos sin afectar al centro de la ciudad, en definitiva, al Example, pensando más, tal vez, en la Villa Olímpica, Montjuïc y otros muchos escenarios que no molesten al ciudadano ya que, no lo olvidemos, no a todo el mundo le apetece que corten la ciudad o parte de ella cada dos por tres.

TARRAGONE (Spain), 05/07/2026.- Riders in action during the 2nd stage of the Tour de France cyling tour, a 168.5 km race from Tarragone to Barcelona, Spain, 05 July 2026. (Ciclismo, Francia, España) EFE/EPA/YOAN VALAT

El Tour-2026 arrancó pegadito al Mediterráneo catalán. / YOAN VALAT / EFE

No diré, porque no lo creo aunque mucha gente lo piensa, que Barcelona, a menudo, ha entrado en una carrera por ser el centro de un montón de cosas en competencia, a veces con Valencia, a quien ya se le acabó la euforia por ser más que la capital catalana y/o Madrid, que, ahora, está que se sale, incluso enterrando decenas y decenas de millones de euros en un circuito urbano de F-1, que se utilizará tres días al año.

Pero es precisamente eso lo que debería descartar Barcelona que ya no tiene necesidad de colapsar su centro, sus calles y molestar a sus ciudadanos por cualquier cosa. El Tour es el Tour y, probablemente, mi amigo Alejandro Ceresuela, que tardó una hora y cuarto en llegar (¡en moto!) a casa de su madre el viernes previo a la salida del Tour, sería el primero en entenderlo y admitir que la ronda francesa sí vale la pena. Pero no muchos más eventos ¿verdad, Alejandro?

Claro que, en un mismo mes (9 de junio-6 de julio), se juntaron la visita del Papa a Barcelona y la salida del Tour, del blanco al amarillo. Demasiado para el cuerpo de cualquier barcelonés.

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